Usuario anónimo ¿Quieres tener tu propio blog?
Crear blog gratis en OboLog

Textos para talleres literarios. Momo, Michael Ende

por Aghata
domingo, 21 de septiembre del 2008 a las 03:49

Momo

"Cada libro es una nueva aventura en la que me abandono..."

Foto de Michael Ende

Introducción

Momo es una de las obras más entrañables de Michael Ende. Es una gran parábola sobre la existencia. Nos enseña cómo el tiempo pasa tan rápidamente que los seres humanos, inmiscuidos en nuestros asuntos, olvidamos cómo convivir con los demás, el valor de la amistad, de recrearse en las emociones, de exprimir los aspectos más insignificantes del día a día. 

 Su escritor, Michael Ende, nació en Alemania en 1929. Hijo de un pintor surrealista y de una vendedora de joyas, recibió una educación artística y humanística.  Cuando su  familia se traslada a Berging,  conoce  al pintor Fanti, quíen le aficcionará a las fábulas  mostrándole el camino al futuro escritor, el arte de narrar historias. Durante la II Guerra Mundial recibe la orden de unirse a la milicia, pero sus ideas antimilitaristas se lo impiden, huye y contacta con una organización antinazi actuando a partir de ese momento como mensajero. En 1947 se siente atraído por el teatro, y funda el grupo "Teatro de Desván" en compañía de cuatro  amigos.

Después trabajará como actor, crítico y finalmente, dramaturgo. Cuando un amigo le pide unas páginas escritas para un libro ilustrado, Ende siente el gusanillo escondido de las narraciones que le habían contado con anterioridad e interviene en la historia incluso como dibujante. Trabajará también en la radio,  hecho que es capital para el rastreo de sus fuentes literarias. Se encarga del comentario de las películas, lo que facilita que conozca el cine clásico japonés.  Se queda fascinado ante Kurosawa.

Posteriormente escribiría la ópera Momo y los Ladrones de Tiempo, La historia interminable, libro que obtuvo un éxito sin precedentes,  o también, El espejo en el espejo.

 Su trayectoria estuvo además marcada por las muertes de sus seres queridos. Su padre murió en 1964 presa de un ataque cardíaco, su mujer dos años después de publicar "El espejo en el espejo", y finalmente, él mismo autor, que volvió a casarse en 1995, cuando tenia setenta y cuatro años.

 Su libro Momo, ha sido catalogado por parte de la crítica como el mejor que escribió, uno de esos libros que perduran con el paso del tiempo. La novela es una fábula que nos habla de cómo el hombre es absorvido por la sociedad de consumo que únicamente piensa en el trabajo, de ahí que desprecie actos tan aparentemente insignificantes como "saber escuchar". Los hombres grises postulan que debe ahorrarse tiempo en emociones o actos cotidianos, lo único válido es el trabajo y los bienes materales que comporta.

El libro se nos ofrece así como un ejemplo válido para recordarnos algunos de esos valores que estos hombres desprestigian  como la amistad, el valor de la imaginación, el derecho que tenemos a disfrutar del ocio y del tiempo libre;  actividades que reportan beneficios inestimables, sobre todo en los niños. Lo que verdaderamente atrapa al lector es cómo Momo afronta los problemas, su valentía ante esas situaciónes tan extrañas y preocupantes que observa a su alrededor. 

El libro, critica los valores defendidos por los "hombres grises" ( los antagonistas)  como la fama y la efímera suerte que corren quienes se refugian en ella, la falsedad, el materialismo de una sociedad que no sabe disfrutar de las cosas sencillas que no valen dinero y por las que vela Momo. Denuncia el libro esas manías que están destruyendo la cotidianeidad de los seres humanos: esos trabajos en los que nos sentimos máquinas y no tenemos derecho a pensar,  la comida rápida, la falta de satisfación ante los pasos que andamos cada día, etc. 

Este fragmento refleja como un malentendido puede provocar una enemistad insana entre dos buenos amigos. Además el autor nos explica cuál era el don de la niña, algo infrecuente hoy.

A casi nadie nos gusta escuchar, sin embargo a todos nos gusta hablar, esgrimir nuestras razones; aunque pocas veces queramos atender a lo que dice el otro. El otro es siempre el que se equivoca, nosotros somos los portadores de la razón. Y vuelta a empezar. Normalmente las peleas suelen iniciarse por tonterías. Momo no interviene en la trifulca; hace lo propio de un buen amigo, escucha a las partes, pero no juzga los hechos. Los deja hablar hasta que asoma la verdadera razón que ha provocado que ambos se enemisten, hasta que sienten vergüenza de sus actos. No increpa a ninguno de los dos, ni siquiera les pide que se reconcilien ni mucho menos toma postura por una de las partes, lo que hubiera acrecentado la pelea.

Describamos en primer lugar a los personajes que intervienen en la pelea. Atendamos a los rasgos que nos muestra el narrador y a partir de ello, ampliémoslos.

Después intentemos imaginarnos cómo es Momo, tanto física como sicológicamente. Realicemos una etopeya de la niña.

Y una vez tenemos hemos resuelto los roles de la historia, recapitulemos todas las causas de la discusión.

¿Por qué se pelean en el inicio? Lleguemos al meollo de la cuestión. Expliquemos ambas versiones de los hechos.

Asistamos a la acción, impasibles, como lo hace Momo y cambiemos las razones de la trifulca, embrollemos la historia, para construir una historia diametralmente distinta a la propuesta.

¿Por qué se reconcilian? ¿Qué argumento o hecho es el detonante que propicia que vuelvan a ser amigos?

Llegados a este punto reflexionemos sobre nuestra autoestima, propongamos en la clase diversas peleas típicas. Desarrollemos una redacción dónde contemos aquel día que nos enemistamos con....sin motivo evidente y cómo se solucionó. También podemos pensar que somos como Momo y contar aquella pelea entre amigos donde nosotros fuimos de testigos de excepción.  

Y ahora llega lo mejor: Escuchemos las razones que suelen dar al traste con la pelea más enconada. Pensemos que si se respetan nuestras propuestas  y a la vez nosotros  las  respetamos, es más fácil la convivencia.

Lo que la pequeña Momo sabía hacia hacer como nadie era escuchar. Eso no es nada especial, dirá, quizás, algún lector; cualquiera sabe escuchar.

Pero es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la manera en que sabía escuchar Momo era única.

Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. No porque dijera o preguntara algo que llevara a los demás a pensar esas ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda atención y toda simpatía. Mientras tanto miraba al otro con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de inmediato cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él.

Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía, de repente, qué era lo que quería. O los tímidos se sentían de súbito muy libres y valerosos. O los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres. Y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida y que era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones, y que no importaba y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, iba y le contaba todo a la pequeña Momo, y le resultaba claro, de modo misterios mientras hablaba que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y que, por eso, era importante a su manera para el mundo.

¡Así sabía escuchar Momo¡

Una vez fueron a verla al anfiteatro dos hombres que se habían peleado a muerte y que ya no se querían hablar, a pesar de ser vecinos. Los demás les habían aconsejado que fueran a ver a Momo, porque no estaba bien que los vecinos vivieran enemistados. Los dos hombres, al principio, se habían negado, pero al final habían accedido a regañadientes.

Ahí estaban los dos, en el anfiteatro, mudos y hostiles, cada uno en un lado de las filas de asientos de piedra, mirando sombríos ante sí.

Uno era el había el albañil que había hecho el hogar y el bonito cuadro de flores que había en la "salita" de Momo. Se llamaba Incola y era un tipo fuerte con un mostacho negro e hirsuto. El otro se llamaba Nino. Era delgado y siempre parecía un poco cansado. Nino era el arrendatario de un pequeño establecimiento al borde la ciudad, en el que por lo general sólo había unos pocos viejos que toda la noche  no bebían más que un solo vaso de vino y hablaban de sus recuerdos. También Nino y su gorda mujer estaban entre los amigos de Momo y muchas veces le habían traído cosas para comer.

Como Momo se dio cuenta de que los dos estaban enfadados, no supo, al principio, con quién sentarse primero. Para no ofender a ninguno, se sentó por fin en el borde de piedra, de la escena a la misma distancia de uno y do otro y miraba alternativamente a uno y otro. Simplemente esperaba a ver qué ocurría. Algunas cosas necesitan su tiempo, y tiempo era lo único que Memo tenía de sobra.

Después de que los hombres hubieran estado así un buen rato, Nicola se levantó de repente y dijo:

-Yo me voy. He demostrado que tenía buena voluntad al venir aquí. Pero tú ves, Momo, lo obstinado que es él. ¿A qué esperar más?

Y, efectivamente, se volvió para irse.

_Si, ¡lárgate!- le gritó Nino-. No hacía ninguna falta que vinieras. Yo no me reconcilio con un criminal.

Nicola giró en redondo. Su cara estaba roja de ira.

-¿Quién es un criminal?-preguntó en tono amenazador y volvió a su sitio-. ¡Repítelo!

-Lo repetiré cuantas veces quieras¡- gritó Nino-. ¿Tú te crees que porque eres grande y fuerte nadie se atreve a decirte las verdades a la cara? Yo me atrevo, y te las cantaré a ti y a cualquiera que quiera escucharlas. Adelante, ven y mátame, como ya dijiste una vez que harías.

-¡Ojalá lo hubiese hecho- chilló Nicola y apretó los puños-. Ya ves, Momo, cómo miente y calumnia. Sólo lo agarré una vez por el cuello y lo tiré al charco que hay detrás de su covacha. Allí no se ahoga ni una rata- Volviéndose de nuevo a Nino, gritó:- Por desgracia vives todavía, como se puede ver.

Durante un rato volaron en una y otra dirección los peores insultos, y Momo no podía entender de qué iba la cosa y por qué estaban tan enfadados los dos. Pero poco a poco fue sabiendo que Nicola sólo había cometido aquella salvajada porque Nino, antes, le había dado una bofetada delante de algunos de sus parroquianos. A eso, por su parte, le había antecedido el intento de Nicola de hacer añicos toda la vajilla de Nino.

-¡No es verdad!- se defendió amargamente Nicola-. Sólo tiré a la pared una sola jarra que, además, ya tenía una grieta.

-Pero la jarra era mía, ¿sabes?- respondió Nino-. Y, además, no tienes derecho a eso.

-Nicola pensaba que sí tenía derecho a eso, porque Nino lo había ofendido en su honor de albañil.

-¿Sabes lo que dijo de mí?-gritó dirigiéndose a Momo- Dijo que yo no era capaz de construir una pared derecha, porque estaba borracho día y noche. Que era igual que mi tatarabuelo, que había trabajado en la torre inclinada de Pisa.

-Pero, Nicola-contestó Nino-, si eso era una broma

-Bonita broma- protestó Nicola-. No tiene ninguna gracia.

Resultó que Nino sólo había devuelto una broma anterior de Nicola. Porque una mañana se había encontrado con que en su puerta habían escritos con grandes letras rojas: "Venteros y gatos, todos latros." Y eso, a su vez, no le había hecho ninguna gracia a Nino.

Durante un rato se pelearon, muy en serio, sobre cuál de las dos bromas era peor y volvieron a encolerizarse. Pero de repente se quedaron cortados.

Momo los miraba con grandes ojos, y ninguno de los dos podía explicarse bien, bien, su mirada. ¿Es que, por dentro, se estaba riendo de ellos? ¿O estaba triste? Su cara  no se lo decía. Pero a los dos hombres les pareció, de repente, que se veían a sí mismos en un espejo, y comenzaron a sentir vergüenza.

-Bien -dijo Nicola- puede ser que no debiera haber escrito aquello en tu puerta, Nino. No lo hubiera hecho si tú no te hubieras negado a servirme un vaso de vino más. Eso iba contra la ley, ¿sabes? Porque siempre te he pagado y no tenía ninguna razón para tratarme así.

-¡Ya lo creo que la tenía¡- contestó Nino-. ¿Es que ya no te acuerdas de aquel asunto del san Antonio?¡Ah, ahora te has puesto blanco¡ Porque me estafaste con todas las de la ley, y no tengo porqué aguantártelo.

¿Qué yo te estafé a ti?-gritó Nicola-. ¿al revés! Tú querías engañarme a mí, sólo que no lo conseguiste.

El asunto era el siguiente: en el pequeño establecimiento de Nino colgaba de la pared una pequeña imagen de san Antonio. Era una foto en color que Nino había recortado una vez de una revista.

Un día Nicola le quiso comprar esa imagen; según decía, porque le gustaba mucho. Regateando hábilmente, Nino había conseguido que Nicola le diera, a cambio, su vieja radio. Nino se creyó muy listo, porque Nicola hacía muy mal negocio. Se pusieron de acuerdo.

Pero después resultó que entre la imagen y el marco de cartón había un billete de banco, del que Nino no sabía nada. De repente era él el que hacía muy mal negocio y eso le molestaba.

Exigió que Nicola le devolviera el dinero, porque éste no formaba parte del trato. Nicola se negó, y entonces Nino lo le quiso servir nada más. Así había comenzado la pelea.

Así que los dos llegaron al principio del asunto que los había enemistado, callaron un rato.

Entonces pregunto Nino:

_Dime ahora con toda honradez, Nicola, ¿ya sabías de ese dinero antes del cambio o no

-Claro que sí; si no, no hubiera hecho el cambio.

-Entonces estarás de acuerdo en que me has estafado.

-¿Por qué? ¿En serio tú no sabías nada de ese dinero?

-No, palabra de honor.

-¡Lo ves! Eras tú quien querías estafarme a mí. Porque, ¿cómo podías pedirme mi radio a cambio de un trozo de papel de periódico?

-¿Y cómo te enteraste tú de lo del dinero?

-Dos noches antes había visto cómo un cliente lo metía allí como ofrenda a san Antonio

Nino se mordió los labios:

-¿Era mucho?

-Ni más ni menos que lo que valía mi radio-contestó Nicola

-Entonces, toda nuestra pelea -dijo Nino pensativamente-solamente es por el san Antonio que recorté de una revista.

Nicola se rascó la cabeza:

-En realidad, sí. Si quieres te lo devuelvo, Nino

-¡Qué va!- contestó Nino, con mucha dignidad-. Lo que se da no se quita. Un apretón de manos vale entre caballeros.

Y de repente, ambos se echaron a reír. Bajaron los escalones de piedra, se encontraron en medio de la plazoleta central, se abrazaron dándose palmadas en la espalda. Después, ambos abrazaron a Momo y le dijeron:

-¡Muchas gracias¡

Cuando al cabo de un rato, se fueron, Momo siguió diciéndoles adiós con la mano durante mucho rato. Estaba muy contenta de que sus dos amigos volvieran a estar de buenas.

Michael Ende

  Revista Imaginaria

N° 8 - Buenos Aires, 22 de setiembre de 1999

AUTORES

Michael Ende

 

Bibliografía en castellano de Michael Ende

  • Jim Botón y Lucas el maquinista. Ilustraciones de F. J. Tripp. Barcelona, Noguer, 1962.

  • Momo. Ilustraciones del autor. Madrid, Alfaguara, 1978.

  • Tragasueños. Ilustraciones de Annegert Fuschubert. Barcelona, Juventud, 1980.

  • La historia interminable. Ilustraciones de Roswitha Quadflieg. Madrid, Alfaguara, 1982.

  • Jim botón y los trece salvajes. Ilustraciones de F. J. Tripp. Barcelona, Noguer, 1983.

  • Tranquila Tragaleguas. La tortuga cabezota. Ilustraciones de Agustí Asensio. Madrid, Alfaguara, 1983.

  • El dragón y la mariposa. Ilustraciones de Luis de Horna. Madrid, Alfaguara, 1984.

  • El Goggolori. Una leyenda bávara dramatizada en ocho escenas y un epílogo. Ilustraciones de María Jesús Pérez Carballo. Madrid, Ayuso, 1985.

  • El espejo en el espejo. Un laberinto. Ilustraciones de Edgar Ende. Madrid, Alfaguara, 1986.

  • Jojo, historia de un saltimbanqui. Madrid, Debate, 1986.

  • El libro de los Monicacos. Ilustraciones de Rolf Rettich. Barcelona, Noguer, 1986.

  • Norberto Nucagorda. Ilustraciones de Stella Wittenberg. Madrid, Alfaguara, 1986.

  • Filemón el Arrugado. Ilustraciones de Viví Escrivá. Madrid, Alfaguara, 1987.

  • El teatro de sombras. Ilustraciones de Friedrich Hechelmann. Madrid, SM, 1988.

  • El ponche de los deseos. Madrid, SM, 1989

  • El secreto de Lena. Ilustraciones de Jindra Capek. Madrid, SM, 1991.

  • La sopera y el cazo. Ilustraciones de Pablo Echevarría. Madrid, SM, 1993.

  • El largo camino de Santa Cruz. Ilustraciones de Regina Kehn. León, Everest, 1994.

  • La Prisión de la libertad. Madrid, Alfaguara, 1994.

  • Los mejores cuentos de Michael Ende. Ilustraciones de Bernhard Oberdieck. León, Everest, 1994.

  • El osito de peluche y otros animales. Ilustraciones de Bernhard Oberdieck. León, Everest, 1995.

  • La leyenda de la luna llena. Ilustraciones de Binette Schroeder. Barcelona, El Arca de Junior, 1995.

  • La Escuela de Magia y otros cuentos. Ilustraciones de Alfonso Ruano. Madrid, SM, 1995.

  • Carpeta de apuntes. Madrid, Alfaguara, 1996.

Comentarios sobre Textos para talleres literarios. Momo, Michael Ende

dolphineva

xd...este libro lo leí yo cuando chiquilla...ni me acordaba de él...gracias reina

mil besos

Es un gran libro, en la tónica de libros como El principito, etc. Libros que te ayudan a reflexionar, aunque el profesor/ a debe explicarte un poco el sentido simbólico para que lo comprendas mejor
Un beso

Deja tu comentario sobre Textos para talleres literarios. Momo, Michael Ende

Deja tu comentario
Necesitas tener javascript activado para poder dejar comentarios

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

De esta forma, además, podrás mostrar tu imagen en los comentarios y no tendrás que rellenar tus datos cada vez.

Sobre esta anotación

Aghata

Aghata escribió esta anotación hace 1 año. En ella habla sobre Textos Para Talleres Literarios. Momo. Michael End.

2 personas han dejado ya sus comentarios.

Tú también puedes dejar el tuyo.

Login

Comentarios

Bravísima la poesía de Mohammed Dib: El niño-jazz (arlequini)
Gracias Lerna, sí... los poemas son excelentes. Feliz finde....(28 nov)
Bravísima la poesía de Mohammed Dib: El niño-jazz (Lerna)
...No lo conocia,, Muy bueno,,,gracias Aghata,, Sigo aprendiendo...(25 nov)
Bravísima la poesía de Mohammed Dib: El niño-jazz (arlequini)
Tienes razón María, ellos ven el mundo y la realidad con otros ojos. Un beso...(25 nov)
Bravísima la poesía de Mohammed Dib: El niño-jazz (leonardocipet)
http://danzarebelde.obolog.com/viva-mexico-hasta-huesos-426058...(25 nov)
Bravísima la poesía de Marcelo Rizzi (mrmgh)
¿Verdad que leer poesía es como abrirte el alma, como sentir latir tu corazón en cada ......(24 nov)

Más comentados

Espejo. Páginas de Mery (34)
  Espejo   Una realidad inventada me hace volar con un ala rota   Un espejo, imagen prediseñada ...
Apuntes de Latín Declinaciones latinas (32)
DECLINACIONES LATINAS PRIMERA DECLINACIÓN N  ROSA               ROSAE V  ROSA                ROSAE ...
Apuntes de lengua para selectivo. Ejemplos de análisis morfológico (27)
Ejemplos de análisis morfológico. Recuerda antes de realizar el análisis morfológico de una palabra ...
El cofre de las palabras: Mejoremos nuestro vocabulario E (21)
  E      Explica el significado de las palabras subrayadas.  A continuación sustitúyelas por los ...
Páginas de Mery: Imperito (20)
  Me encantaría que se comentara este poema de María ( mi hija de 15 años). Aunque parezca difícil  ...

Suscripción

Suscríbete al Feed RSS XML

También puedes suscribirte directamente con alguno de los siguientes enlaces:

  • Suscríbete en Bloglines
  • Suscríbete en Google