Querida Begoña
¡Querida Begoña!
¡Qué marrón nos ha caído! Mis padres se han separado y mi madre está fatal.
Yo, al principio, no creí que fuese tan grave, no creí que mi padre fuese capaz de abandonarla por una jovencita que de algo tendría que haberle servido todos esos años que vivieron juntos, pero ¡qué va!, se ha ido con ella, que vista de cerca parece mi hermana. ¡Cómo se lo ha camelado, la tía! Mi padre le ha plantado el divorcio a mi madre en las narices, no creo que de momento se eche atrás.
Al principio la vi como uno de sus caprichitos, como un coche que se pasea delante de los colegas para fardar de modelito. Pensé que en cuanto le metiese unos cuantos chupetones al caramelo, la dejaría. No ha sido así. Parece que le importa más su cariño que sus propias hijas y eso que yo misma he visto como juega con él, si sigue así ésta le estruja hasta el cerebro.
Nosotras no sabemos cómo quitarnos de en medio a la mosquita muerta. La tenemos atravesada, por mucho que se haga la simpática dorándonos la píldora. A nosotras no nos la da, que lo único que nos importa es ridiculizarla delante de mi padre, para que se le bajen los humos y la deje. Dice que no, pero esa a las primeras de cambio, se lo llevó al huerto.
Estoy preocupada por si sólo es un camelo y en cuanto le saque los higadillos, lo abandone hecho una piltrafa y luego los lagrimones, ¡a chupárnoslos nosotras! Por lo visto piensa con la cabeza, pero no precisamente con la que tiene encima de los hombros.
Y mira que advertimos a mi madre, que mi padre últimamente llegaba tarde a casa y siempre estaba diciéndonos que tenía mucho trabajo o cenas de empresa.
Mi madre está histérica, su obsesión por la casa y sus continuos cambios de humor me ponen de los nervios. Ya no soporto sus gritos ni sus barraqueras, que en vez de una señora, cuando se comporta así, parece una cría.
Está muy desmejorada, ¡la pobre! No se cuida nada y lo que tendría que haber hecho es haberse preocupado más por mi padre y no por la casa. Y eso que mi padre le buscó una ayudita, pero ninguna la aguantaba, a todas les sacaba fallos y no había quién le dejase las cosas como ella quería. Total que mi padre desistió al fin y dejó que se ocupase de todo ella, que hoy en día en una señora eso ya no se estila, la que más y la que menos tiene su ayuda.
Cuando volvía a casa, mi madre estaba agotada. Lo último que le apetecía era escuchar las movidas de mi padre ni sus carantoñas, que cuando no tenía lumbago le dolía la cabeza y al final eso se paga. Mi padre empezó a optar por no contarle nada, por no contar para nada con ella, como si fuese un cero a la izquierda.
Ahora vienen las lamentaciones. No quiero que mis padres se separen, no quiero tener que ir de aquí para allá, viendo como se destripan el uno al otro. Quizá mi madre debería hacer de tripas, corazón e intentar arreglarlo. No lo sé. Yo sólo quiero que se reconcilien, que vuelvan a estar juntos y sean felices, aunque para ello mi madre tenga que perdonarlo y cambiar muchas cosas. Sé que media un abismo ahora entre los dos. Ojalá mamá ponga toda la carne en el asador, en lugar de lamentarme.
Ya verías tú a dónde va esa niñata, verías como al final mi padre se daría cuenta de quiénes son su verdadera familia.




Comentarios sobre Querida Begoña
Besos y un enorme Abrazote... Estoy Contigo!!!