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Bravísimo Leonard Cohen. Subamos la temperatura del Trabajo monográfico de Investigación.

por Aghata
sábado, 03 de octubre del 2009 a las 00:20

Leonard Cohen

 Escuchemos al poeta por antonomasia y dejemos que nos embriaguen estos poemas.

 

EL PROPIO AMOR

La luz entraba por la ventana,

directamente del sol que está arriba,

y así dentro de mi pequeño cuarto

se zambullían los rayos del amor.

 

En los chorros de luz vi claramente

el polvo que tú raramente ves,

fuera de lo cual el Sin Nombre le hace

un Nombre para uno como yo.

 

Intentaré decir un poco más:

El amor se fue sin parar

hasta que alcanzó una puerta abierta.

Entonces el propio amor

el propio amor se fue.

 

Todos están atareados a la luz del sol.

Las motas de polvo flotaban y bailaban,

y me di volteretas con ellas

en la informe circunstancia.

 

Intentaré decir un poco más:

El amor se fue sin parar

hasta que alcanzó una puerta abierta.

Entonces el propio amor

el propio amor se fue.

 

Entonces regresé por donde había venido.

Mi cuarto, parecía el mismo

Pero entretanto no quedaba nada sobrante

el Sin Nombre y el Nombre.

 

Todos están atareados a la luz del sol.

Las motas de polvo flotaban y bailaban,

y me di volteretas con ellas

en la informe circunstancia.

 

Intentaré decir un poco más:

El amor se fue sin parar

hasta que alcanzó una puerta abierta.

Entonces el propio amor

el propio amor se fue

el propio amor se fue.

 

 

POR LA OSCURIDAD DE LOS RÍOS

 

Por la oscuridad de los ríos

estuve vagando.

Viví mi vida

en Babilonia.

 

Y me olvidé

de mi santa canción:

y no tenía fuerzas

en Babilonia.

 

Por la oscuridad de los ríos

donde no podía ver

quién estaba esperando allí,

quién estaba persiguiéndome.

 

Y él cortó mi labio

y él cortó mi corazón.

Así que no podía beber

de la oscuridad del río.

 

Y él me cubrió,

y yo vi dentro de,

mi corazón sin ley

y mi anillo nupcial.

 

No supe

y no podía ver

quién estaba esperando allí,

quién estaba persiguiéndome.

 

Por la oscuridad de los ríos

sentí pánico.

Pertenecí por fin

a Babilonia.

 

Entonces él golpeó mi corazón

con una fuerza mortal,

Y dijo, ‘Este corazón:

no es tuyo.’

 

Y él le dio al viento

mi anillo nupcial;

y nos rodeó

con todo.

 

Por la oscuridad de los ríos,

en una alba herida,

vivo mi vida

en Babilonia.

 

Aunque tomé mi canción

de una rama marchita,

ambos canción y árbol

cantan para él.

 

La verdad no ha sido dicha

y la bendición se ha perdido,

si olvido

mi Babilonia.

 

No supe

y no podía ver

quién estaba esperando allí

quién estaba persiguiéndome.

 

Por la oscuridad de los ríos,

donde todo sigue;

por la oscuridad de los ríos

en Babilonia.

 

 

 

LA PARTIDA DE ALEXANDRA

 

De repente la noche se ha vuelto más fría.

El dios del amor se prepara para partir.

Alexandra alzo su hombro,

Ellos se resbalan entre los centinelas del corazón.

 

Sostenido por las simplicidades del placer,

ellos ganan la luz, ellos se entrelazan sin forma

y el radiante más allá de su más ancha medida.

Ellos se caen entre las voces y el vino.

 

No es un truco, todos tus sentidos son engañosos,

un sueño inquieto, la mañana agotará.

Di adiós a Alexandra que se marcha.

Entonces di adiós a Alexandra que se perdió.

 

Aunque ella duerma encima de tu satén;

aunque ella te despierte con un beso.

No digas que el momento fue imaginado;

no te inclines ante estrategias como estas.

 

Como alguien largamente preparado para pasar por esto,

ve firmemente a la ventana. Bébelo.

La música exquisita. Alexandra se ríe.

Sus firmes compromisos tangibles de nuevo.

 

Y tú que tenías el honor de su atardecer,

y por el honor te habías rehabilitado tu mismo.

Di adiós a Alexandra que se marcha.

Alexandra se marcha con su señor.

 

Aunque ella duerma encima de tu satén;

aunque ella te despierte con un beso.

No digas que el momento fue imaginado;

no te inclines ante estrategias como estas.

 

Como alguien largamente preparado para pasar por esto,

con completo dominio de cada plan que hiciste fracasar,

no escojas la explicación de un cobarde

eso se esconde detrás de la causa y el efecto.

 

Y tú que estabas desconcertado por un significado;

cuyo código estaba roto, el crucifijo descruzado.

Di adiós a Alexandra que se marcha.

Entonces di adiós a Alexandra que se perdió.

 

Di adiós a Alexandra que se marcha.

Entonces di adiós a Alexandra que se perdió.

 

TÚ YA HAS AMADO BASTANTE

 

Dije que sería tu amante.

Te reíste de lo que dije.

Perdí mi trabajo para siempre.

Me contaba entre los muertos.

 

Barrí las salas de mármol,

pero tú me tiraste por tierra.

Me impediste creer

hasta que me permitiste saber:

 

Que yo no soy el que amas.

Es el amor el que se apodera de mí

cuando el odio viene con su paquete,

Tú prohíbes la entrega.

 

Y cuando el anhelo de tu contacto

Se eleva desde el anhelo,

susurras, "Tú ya has amado bastante,

ahora déjame ser el Amante."

 

Barrí las salas de mármol,

pero tú me tiraste por tierra,

me impediste creer

hasta que me permitiste saber:

 

Que yo no soy el que amas.

Es el amor el que me escoge

cuando el odio viene con su paquete,

Tú prohíbes la entrega.

 

Y cuando el anhelo de tu contacto

Se eleva desde el anhelo . . .

 

 

 - LA CALLE BOOGIE

 

Oh Corona de Luz, oh Oscuridad,

nunca pensé que nos encontraríamos.

Besas mis labios, y entonces ocurre:

Regreso a la Calle Boogie.

 

Un trago de vino, un cigarro,

y entonces es hora de partir.

Arreglé la pequeña cocina;

puse a punto el viejo banjo.

Me necesitan en el embotellamiento de tráfico.

Ellos están guardándome un asiento.

Yo soy lo que soy, y lo que soy,

regresa a la Calle Boogie.

 

Y oh amor mío, todavía recuerdo

los placeres que conocimos;

los ríos y la cascada,

donde me bañé contigo.

Allí estaba tan extasiado por tu belleza,

que me habría arrodillado para secar tus pies.

Con tales reglas tú preparas

q un hombre para la Calle Boogie.

 

 

 

 

 

Oh Corona de Luz, oh Oscuridad,

 

así que venid, amigos mío, no tengáis miedo.

Estamos aquí tan alegremente.

Lo que hacemos es estar enamorados

enamorados desaparecemos.

Aunque todos los mapas de carne y hueso

están puestos en la puerta,

no hay nadie que nos haya dicho todavía

para qué es la Calle Boogie.

 

Oh Corona de Luz, oh Oscuridad,

Nunca pensé que nos encontraríamos.

besas mis labios, y entonces ocurre:

Regreso a la Calle Boogie.

 

Un trago de vino, un cigarro,

Y entonces es hora de partir . . .

 

 

 

LA TIERRA DE LA ABUNDANCIA

Realmente no sé quién me envió

a alzar mi voz y decir:

Podrían las luces en La Tierra de Abundancia

brillar en la verdad algún día.

 

No sé por qué vengo aquí,

sabiendo qué hago,

lo  que realmente piensas de mí,

lo que realmente pienso de ti.

 

Para los millones en una prisión,

que la riqueza ha marginado;

para el Cristo que no se ha alzado,

desde las cavernas del corazón.

 

Para la más íntima decisión,

que nosotros no podemos sino obedecer.

Para los que abandonan nuestra religión,

alzo mi voz y rezo:

Podrían las luces en La Tierra de Abundancia

brillar en la verdad algún día.

 

Sé que dije que te encontraría,

que te encontraría en la tienda,

pero no puedo comprarlo, nena.

no puedo comprarlo ya.

 

Y realmente no sé quién me envió

a alzar mi voz y decir:

Podrían las luces en La Tierra de Abundancia

brillar en la verdad algún día.

 

Y no sé por qué vengo aquí,

sabiendo qué hago,

lo que realmente piensas de mí,

lo que realmente pienso de ti.

 

Para la más íntima decisión,

que nosotros no podemos sino obedecer,

para los que abandonan nuestra religión,

alzo mi voz y rezo:

Podrían las luces en La Tierra de Abundancia

brillar en la verdad algún día.

¡Morfología! Apuntes de lengua

por Aghata
viernes, 02 de octubre del 2009 a las 09:34

¡Arggg! Otra vez los problemillas con la morfología.  Espero  y deseo que estos apuntes te sean de utilidad y puedas realizar un buen ejercicio.

Como sabes  existen tres clases de morfemas:

a)      Morfemas léxicos o lexemas: remiten al significado léxico  de la palabra

b)      Morfemas gramaticales: expresan las características gramaticales ( como género, número, el grado del adjetivo, el tiempo, el modo y el aspecto de los verbos).

c)       Morfemas derivativos o afijos: se dividen en prefijos ( aparecen delante), sufijos ( los que se sitúan detrás) e infijos o interfijos ( aparecen en el centro).

 

Debes saber que los morfemas léxicos y gramaticales son constitutivos, o sea, son una parte imprescindible de la palabra, pues sirven para definir su categoría gramatical. Por eso no podemos decir, por ejemplo, que un sustantivo no tiene morfema de número, sí que lo tiene y debemos decir que su morfema es Ø. Tampoco olvidarnos del morfema de grado del adjetivo, si no aparece debemos decir  que el morfema de grado positivo es Ø.

Por su parte, los morfemas derivativos son facultativos, es decir, no son imprescindibles para la formación de una categoría gramatical y por tanto sólo se indican si aparecen presentes en una palabra.

 

Veamos ahora esos formantes:

Formantes del sustantivo:

 Debes recordar que el artículo es un morfema gramatical libre que indica el género y el número.

Ej.: (el) armario

El: morfema gramatical libre ( facultativo), masculino, singular.

Armari- morfema léxico o lexema

o Ø. Morfemas gramaticales de género y número ( constitutivos del sustantivo), masculino singular.

Ej.: (los antepasados)

los: morfema gramatical libre ( facultativo), masculino plural.

Ante-: morfema derivativo prefijo ( facultativo) “antes de “.

-pas-: morfema léxico o lexema ( constitutivo)

-ad-: morfema derivativo sufijo ( facultativo), adjetivador, proveniente de la vocal temática de la primera conjugación y del morfema de participio del verbo pasar.

-os: morfemas gramaticales de género y número ( constitutivos), masculino plural.

 

Formantes del adjetivo calificativo:

El adjetivo está constituido por los mismos formantes, excepto el artículo. Además, posee un morfema gramatical específico que comparte con algunos adverbios: el morfema de grado.

Ej.: buenísimos

Buen-: morfema léxico o lexema ( constitutivo)

-Ísim-morfema gramatical de grado superlativo ( constitutivo)

-o, s : morfemas gramaticales de género y número ( constitutivos), masculino plural

Formantes del verbo:

Prefijos + lexema +sufijos+ vocal temática + morfema gramatical de tiempo, modo y aspecto + morfema gramatical de número y persona.

Ocupábamos:

Ocup -: morfema léxico o lexema ( constitutivo)

-a-: morfema gramatical de vocal temática ( constitutivo),1ª conjugación.

-ba-: morfema gramatical de tiempo, modo y aspecto ( constitutivo), pretérito imperfecto de indicativo

-mos: morfema gramatical de número y persona ( constitutivo) 1ª persona del plural.

Formantes del adverbio:

Los adverbios presentan una formación muy irregular, y, dado que son formas invariables, no se suelen segmentar en partes, salvo si tienen prefijos o sufijos.  Sin embargo, dentro de los adverbios aparece una clase, la de los adverbios acabados en –mente, que provienen de un adjetivo calificativo en femenino al que se le añade un sufijo. En este casos la segmentación en partes es la misma que la de los adjetivos, pero añadiéndoles el sufijo al final.

Ej.: buenamente.

Buen-: lexema

Ø: morfema gramatical de grado positivo

-a-: morfema gramatical de género

Ø-: morfema gramatical de número

Mente: morfema gramatical adverbializador.

 

 

Concretemos ahora los morfemas:

a)      El sustantivo y el adjetivo

 

Morfemas de género

Masculino                                                          Femenino

-o ( chic-o, rot-o)                                        -a ( chic-a, rot-a)

- Ø ( señor)                                                     -a ( señor-a)

-e ( nen-e)                                                    -  a ( nen-a)

-Ø ( marqués, gallo, actor, sacerdote)        - esa,- ina, -triz, -isa

-Comunes para los dos géneros: - Ø

Periodista ( el/ la), artista ( el/ la), testigo (el / la), fácil, probable.

-Ambiguos : - Ø: mar ( el/ la ),azúcar ( el/ la)

-Epiceno: hormiga, buitre.

 

Morfemas de número

Singular                                                                    plural

- Ø (casa, chalé, roto, probable)                            -s: casas, chalés, rotos, probables

- Ø (cárcel, bisturí, ley, mies)                                 -es: cárceles, bisturíes, leyes, mieses

  (el cutis, el clímax)                                           --Ø:  los cutis, los climax.

 

El verbo

a)      Morfemas gramaticales de número y persona.

 

 

Formas simples

Formas personales ( en general)                     Pret. perfec. Simple        Imperativo

  1. -Ø                                                              1.- Ø
  2. –s                                                              2.  Ø                                      2-  Ø
  3. – Ø                                                           3.   Ø
  4. 1.       –mos                                                        1. mos 
  5. 2.       –is                                                             2. Is                                        2. D
  6. 3.       –n                                                           3.-n

 

Observación: Ø. Indica que carece de marca.

Formas compuestas:

Verbo auxiliar: haber + participio del verbo que se conjuga

He-mos  cant-a-do

 

Formas no personales ( ya lo dice el enunciado, carecen de persona, pero también lógicamente de número).

 

-Infinitivo: -R ( morfema de infinitivo): com-e-r. Su aspecto es imperfecto.

-Gerundio: -NDO (morfema de gerundio): com-ie-ndo. Su aspecto es imperfecto.

-Participio:  -DO ( morfema de participio): am-a-do, com-i-do.  No lo confundas con los participios irregulares: frito, preso, etc.  Su aspecto es perfecto.

 

Morfemas gramaticales de tiempo, modo y aspecto

 

Imperfecto de indicativo: -ba , -ía .

Futuro imperfecto: -ré, rá .

Condicional: -ría.

Presente de subjuntivo: - e, -a.

Imperfecto de subjuntivo: -ra, -se.

Futuro imperfecto de subjuntivo: -re.

Pretérito perfecto simple: Los  morfemas del pretérito perfecto simple son muy complejos, porque presentan sincretismo ( coincidencias de dos o más funciones gramaticales en una única forma) con la persona en la mayoría de las formas.

 

 

Ahora fíjate

 

Sufijos

 

Diminutivos:

-it ( perrito); -ill ( perrillo); -it (mujer-c-ita) .

No forman ya diminutivos porque se han lexicalizado: ventanilla, bolsillo, zapatilla, tortilla.

 

Aumentativos:

-on ( hombrón); ot ( librote); az ( perrazo).

 

Despectivos: -uch ( papelucho); uc- ( pueblucho).

 

Sustantivadizadores:

-ancia ( vagancia);  encia ( existencia); ción ( habitación), dat, tat, idad ( antigüedad, lealtad, utilidad); tud, itud ( gratitud, esclavitud); mento, miento ( juramento, pensamiento).

-ez, eza ( belleza).

-e ( despegue).

 

Indican agente, lugar, instrumento ( adjetivos que ya son sustantivos):

ario ( boticario, campanario, diccionario); or ( profesor, celador); dor ( vendedor, corredor); ero ( zapatero, monedero), ante ( fabricante), ente ( sirviente).

 

Efecto resultado de una acción: -ura ( peladura, mordedura).

Planta: ero, ear ( Cañaveral, viñedo).

Golpe: -azo, ada: (codazo, patada).

 

Creencia, escuela : ismo ( budismo, epicureísmo).

Crías : ezno, ucho, ino… ( lobezno, palomino, aguilucho).

 

Análisis de ejemplos:

 

Inconscientes:

In-: morfema derivativo, prefijo facultativo negativo

-consciente-: morfema constitutivo o lexema

-s: morfema de número plural

 

Supermercado:

Super-: morfema derivativo, prefijo facultativo aumentativo

mercad-: lexema

-o: morfema gramatical de género

-Ø: morfema gramatical de número.

 

Encarceladas:

En-: morfema derivativo, prefijo facultativo “dentro de”.

-carcel-:  morfema constitutivo, lexema.

-ad: morfema derivativo, prefijo facultativo.

-a: morfema gramatical de género.

-s: morfema gramatical de número.

 

Librería:

Libr-: morfema constitutivo, lexema

er-: morfema derivativo, sufijo de oficio ( facultativo)             

ía-: morfema derivativo, sufijo de lugar ( facultativo)

-Ø ,   -Ø  : morfemas gramaticales de género y número.

 

Martillazo:

martill-: morfema constitutivo, lexema.

-azo: morfema  derivativo facultativo, sufijo aumentativo que indica golpe

   -Ø ,   -Ø : morfema de género y número.

 

Honestidad

honest- : morfema constitutivo, lexema

-idad:    morfema derivativo facultativo, sufijo sustantivador.

-Ø ,   -Ø: morfema de género y número.

 

Aceptable:

Acept-: morfema léxico constitutivo o lexema

able: morfema  derivativo facultativo, sufijo adjetivador

 -Ø: morfema de género neutro, morfema de número singular

 -Ø:  morfema de grado constitutivo

 

Anteanoche

Ante-: morfema derivativo, prefijo facultativo, significa “antes de”.

-a-: morfema gramatical constitutivo  adverbializador.

-noche: morfema léxico  constitutivo

 

Contestación:

Contest-: morfema léxico constitutivo o lexema

-Ación: morfema derivativo sustantivador ( a proviene de la vocal temática).

-Ø: morfema gramatical de género y número.

 

Desapegamente:

Des-: morfema derivativo facultativo, prefijo de negación.

-a-: morfema derivativo, prefijo facultativo

-peg-: morfema léxico constitutivo o lexema.

-Ø-: morfema de grado positivo.

-ad-: morfema derivativo facultativo adjetivador

-a-: morfema gramatical de género, femenino

-Ø-: morfema gramatical de número, singular

-mente: morfema gramatical adverbializador

 

Marcar;

marc-: morfema  léxico constitutivo o lexema

-a-: morfema gramatical de vocal temática

-r: morfema de infinitivo y aspecto imperfecto.

 

Mojada:

moj-: morfema léxico  constitutivo o lexema

-ad-: morfema derivativo, sufijo facultativo adjetivador

-a: morfema gramatical de género

-Ø:  morfema gramatical de número

-Ø: morfema de grado positivo constitutivo.

Asistente:

asist: -lexema, o morfema léxico constitutivo

-ent: morfema derivativo facultativo, sufijo sustantivador

-e-: morfema gramatical de género y número.

 

Descongelando:

des-: morfema facultativo, prefijo negativo

-congel-: morfema constitutivo o lexema

-a-: vocal temática

-ndo: morfema gramatical constitutivo de gerundio, aspecto imperfectivo

 

Desnutrir:

des-: morfema facultativo, prefijo facultativo

-nutr-: morfema léxico o lexema

-i-: morfema gramatical de vocal temática

-r: morfema gramatical constitutivo de infinitivo, aspecto imperfectivo

 

Perezosa

perez-: morfema léxico o lexema

-os-: morfema derivativo facultativo, sufijo adjetivador

-a: morfema gramatical de género femenino

-Ø: morfema gramatical de número

-Ø: morfema de grado positivo, constitutivo

 

Viejísimas

viej-: morfema léxico o lexema

-ísim-: morfema gramatical de grado superlativo constitutivo

-a: morfema gramatical de género

-s: morfema gramatical de número

 

Descongelaban

des-: morfema facultativo, prefijo negativo

-congel-: morfema léxico o lexema.

-a-: vocal temática.

-ba-; morfema gramatical de tiempo, modo y aspecto imperfecto

-n: morfema gramatical de número y persona

 

Coincidían:

co-: morfema facultativo, prefijo que significa “en común”

-incid- : morfema léxico o lexema

-ía-: se produce un sincretismo: vocal temática, tiempo, modo y aspecto

-n: morfema gramatical de número y persona

 

Enganchar

en-: morfema facultativo, prefijo

-ganch-: lexema o morfema léxico

-a-: vocal temática

-r: morfema gramatical de infinitivo, aspecto imperfectivo

 

hubieran seguido: En este caso en el auxiliar es donde aparece la información gramatical

hubieran: indica persona, número, tiempo, modo y aspecto.

Segu-: lexema o morfema léxico

-i-: vocal temática

-do. Morfema de participio constitutivo.

Trabajo monográfico de investigación 4 ESO Lengua castellana.

por Aghata
miércoles, 30 de septiembre del 2009 a las 21:00

Aquí tienes algunas canciones más que tratan la temática del amor, pero puedes hacer tu propia antología, porque el hilo de Ariadna es infinito.

 

Adaggio al amor

En un intento simple

este hombre se confiesa

enamorado en honor

de un sola mujer

y va hilvanando ilusión

con realidad.

 

En este adagio al amor

yo quisiera dejarte

mi obra maestra,

mi sinfonía

o mi pequeña canción

que no llega a poesía

que te baste mi voz.

 

Mi sol que vuela en fiebre

tu luna se descalza

sumérgeme en tu piel

que el vértigo me hace bien

guarece tu temporal

al lado mío...

 

En un intento simple

este hombre se confiesa

enamorado en honor

de un sola mujer

y va hilvanando ilusión

con realidad.

Sumérgeme en tu piel

que el vértigo me hace bien

guarece tu temporal

al lado mío...

 
 

Ricardo Montaner

 

 

 
 
 
 

 

 
 

 

 

               
               

 

 

 

 

 

 

Dulce abismo

 

 

 

 

 

 

   
   

Amada,

supón que me voy lejos

tan lejos que olvidaré mi nombre.

Amada,

quizás soy otro hombre

más alto y menos viejo

que espera por si mismo

allá lejos,

allá trepando el dulce abismo

allá lejos,

allá trepando el dulce abismo.

 

Amada,

supón que no hay remedio,

remedio es todo lo que intento

 

Amada,

toma este pensamiento

colócalo en el centro de todo el egoísmo

y ve que no hay ausencia para el dulce abismo,

y ve que no hay ausencia para el dulce abismo.

 

Amada,

supón que en el olvido

la noche me deja prisionero.

 

Amada,

habrá un lucero nuevo

que no estará vencido de luz y de optimismo

y habrá un sinfín latente bajo el dulce abismo,

y habrá un sinfín latente bajo el dulce abismo.

 

Amada,

la claridad me cerca

yo parto, tu guardarás el huerto

amada,

regresaré despierto

otra mañana terca de música y lirismo

regresaré del sol que alumbra el dulce abismo,

regresaré del sol que alumbra el dulce abismo.

 
 

Silvio Rodríguez

 

 

 

 

 

' SONETO XLIV '

 

 

 

 

 

 

   
   
Sabrás que no te amo y que te amo
puesto que de dos modos es la vida,
la palabra es un ala del silencio,
el fuego tiene una mitad de frío.
 
Yo te amo para comenzar a amarte,
para recomenzar el infinito
y para no dejar de amarte nunca:
por eso no te amo todavía.
 
Te amo y no te amo como si tuviera
en mis manos las llaves de la dicha
y un incierto destino desdichado.
 
Mi amor tiene dos vidas para armarte.
Por eso te amo cuando no te amo
y por eso te amo cuando te amo.

Amaia Montero

 

 

 

 

     

 

Poesía romántica escrita por mujeres: Gertrudis Gómez de Avellanada y Carolina Coronado

por Aghata
miércoles, 30 de septiembre del 2009 a las 17:31

Poesía romántica escrita por mujeres: Gertrudis Gómez de Avellanada y Carolina Coronado

 

Casi nunca los libros de textos se hacen eco de la poesía romántica escrita por mujeres. Pero esta poesía es sin duda una férrea muestra del dolor romántico, el trampolín que subimos cuando queremos saltar el tiempo y mirar a los ojos a los románticos. Tanto Gertrudis como Carolina destapan sus escoceduras, su soledad o su ansia de plenitud, ambas nos susurran cómo se sienten. Sus almas se desnudan y nos confunden, hasta el extremo de sentirnos parte de ese desgarrón afectivo, cómplices mudos de sus desvelos.  

Gertrudis Gómez de Avellaneda.

 

A él

 

No existe lazo ya: todo está roto:

plugolé al cielo así: ¡bendito sea!

Amargo cáliz con placer agoto:

mi alma reposa al fin: nada desea.

 

Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos:

¡nunca si fuese un error, la verdad miré!

Que tantos años de amarguras llenos

tragué el olvido; el corazón respiré.

 

Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo

una vez y otra vez pisaste insano…

Más nunca el labio exhalará un murmullo

para acusar tu proceder tirano.

 

De graves faltas vengador terrible,

dócil llenaste tu misión: ¿lo ignoras?

No era tuyo el poder que irresistible

postró ante ti mis fuerzas vencedoras.

 

¡Quísolo Dios y fue: gloria a su nombre!

Todo se terminó: recobro aliento:

¡ángel de las venganzas! Y eres hombre…

Ni amor ni miedo al contemplarte siento.

 

Cayó tu cetro, se embotó tu espada…

¡Mas ¡ay! ¡cuán triste libertad respiro!

Hice un mundo de ti, que hoy se anonada,

y en honda y vasta soledad me miro.

 

¡Vive dichoso tú! Si en algún día

ves este adiós   que te dirijo eterno,

sabe que aún tienes en el alma mía

generoso perdón, cariño tierno.

 

Mi  mal

 

En vano ansiosa tu amistad procura

adivinar el mal que me atormenta;

en vano, amigo, conmovida intenta

revelarlo mi voz a tu ternura.

 

Puede explicarse el ansia, la locura

Con que el amor sus fuegos alimenta…

Puede el dolor, la saña más violenta,

Exhalar por el labio su amargura…

 

Mas de decir mi malestar profundo,

no halla mi voz, mi pensamiento medio,

y al indagar su origen me confundo:

 

pero es un mal terrible, sin remedio,

que hace odiosa la vida, odioso el mundo,

que seca el corazón… ¡Por fin, es tedio!

 

Carolina Coronado.

La luna es una ausencia

Y tú, ¿quién eres de la noche errante

aparición que pasas silenciosa,

cruzando los espacios ondulante

tras los vapores de la noche acuosa?

 

Negra la tierra, triste el firmamento,

ciegos mis ojos sin tu luz estaban,

y suspirando entre el oscuro viento

tenebrosos espíritus vagaban.

 

Yo te aguardaba, y cuando vi tus rojos

perfiles asomar con lenta clama,

como tu rayo descendió a mis ojos,

tierna alegría descendió a mi alma.

 

¿ Y a mis ruegos acudes perezosa

cuando amoroso el corazón te ansía?

Ven a mí, suave luz, nocturna, hermosa

Hija del cielo, ven: ¡por qué tardía!

 

Bardo amante, esa hechicera

fiel y sola compañera

de tu solitaria amiga,

presurosa mensajera

mis pensamientos te diga.

 

Yo me encontré en unos valles

a esa misteriosa guía

cuando lenta recorría

de olivos desiertas calles

tristes, como el alma mía.

 

Yo de entre la tierra oscura

la vi brotar, como pura

memoria de tu pasión,

en medio la desventura

de mi ausente corazón.

 

Y como el recuerdo amante

me siguió en mi soledad,

callada, tierna, constante,

sin apartarse un instante

esa nocturna beldad.

 

Porque si yo caminaba

y con pasos fugitivos

árbol tras árbol cruzaba,

ella al par se deslizaba

entre los negros olivos.

 

Si un instante suspendía

mi carrera silenciosa,

sobre la copa sombría

del árbol se detenía

como una paloma hermosa.

 

Por eso, el tierno quebranto

sabe de mi ausencia, sola,

porque al escuchar mi canto

vino a sorprender mi llanto

con la luz de su aureola.

 

Y pues la verdadera

fiel y sola compañera,

de tu solitaria amiga,

presurosa mensajera

mis pensamientos te diga.

La cueva de la mora, Gustavo Adolfo Bécquer

por Aghata
martes, 29 de septiembre del 2009 a las 19:47

animation1renataru0cv6.gifLa cueva de la mora, Gustavo Adolfo Bécquer

He aquí un ejemplo carismático de las leyendas becquerianas. Nuevamente es el amor la causa de la desgracia de los personajes. El ambiente de fatalidad es provocado en este caso por la distinta filiación religiosa de ambos personajes: a los ojos de sus congéneres se trata de un amor prohibido que sólo puede desencadenar la desgracia, como efectivamente sucede. La prosa se carga de resonancias poéticas, que mueven los sentimientos del lector. El tema morisco ( las relaciones ilícitas entre una princesa y un caballero cristiano) se convierten  en el romanticismo en moldes de expresión, senderos seguros por los que transitan las ánimas de los muertos, celosas de su pena de amor; senderos por los que transitan andariegos, ávidos por conocer todas esas leyendas, fermento de melancolías.  

Frente al establecimiento de baños de Fitero, y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el rio Alhama, se ven todavía los restos abandonados de un castillo árabe, célebre en los fastos gloriosos de la Reconquista, por haber sido teatro de grandes y memorables hazañas, así por parte de los que defendieron, como de los que valerosamente clavaran sobre sus almenas el estandarte de la cruz.

De los muros no quedan más que algunos ruinosos vestigios; las piedras de la atalaya han caído sobre otras al foso y lo han cegado por completo; en el patio de armas crecen zarzales y matas de jaramago; por todas partes adonde se vuelven los ojos no se ven más que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos: aquí un lienzo de barbacana, entre cuyas hendiduras nace la hiedra; allí un torreón que aún se tiene en pie como por milagro; más allá los postes de argamasa, con las anillas de hierro que sostenían el puente colgante.

Durante mi estancia en los baños, ya por hacer ejercicio que, según me decían, era conveniente al estado de mi salud, ya arrastrado por la curiosidad, todas las tardes tomaba entre aquellos vericuetos el camino que conduce a las ruinas de la fortaleza árabe, allí me pasaba las horas y las horas escarbando el suelo por si encontraba algunas armas, dando golpes en los juros para observar si estaban huecos y sorprender el escondrijo de un tesoro, y metiéndome por los rincones con la idea de encontrar la entrada de algunos de esos subterráneos que es fama existen en todos los castillos de los moros.

Mis diligentes pesquisas fueron por demás infructuosas. Sin embargo, una tarde en que, ya desesperanzado de hallar algo nuevo y curioso en lo alto de la roca sobre la que se asienta el castillo, renuncié a subir a ella y limité mi paseo a las orillas del río, que corre a sus pies, andando, andando a lo largo de la ribera, vi una especie de boquerón abierto en la peña viva y medio oculto por frondosos y espesísimos matorrales. No sin mi poquito temor separé el ramaje que cubría la entrada de aquello que me pareció cueva formada por la naturaleza y que después que anduve algunos pasos vi era un subterráneo abierto a pico. No pudiendo penetrar hasta el fondo, que se perdía entre las sombras, me limité a observar cuidadosamente las particularidades de la bóveda y del piso, que me pareció que se elevaba formando como unos grandes peldaños en dirección a la altura en que se hallaba el castillo de que ya he hecho mención, y en cuyas ruinas recordé haber visto una poterna cegada. Sin duda había descubierto uno de esos caminos secretos tan comunes en las obras militares de aquella época, el cuál debió de servir para hacer salidas falsas o coger, durante el sitio, el agua del río que corre allí inmediato.

Para cerciorarme de la verdad que pudiera haber en mis inducciones, después que salí de la cueva por donde mismo había entrado, trabé conversación con un trabajador que andaba podando unas viñas en aquellos vericuetos, y al cual me acerqué so pretexto de pedirle lumbre para encender un cigarrillo.

Hablamos de varias cosas indiferentes, de las propiedades medicinales de las aguas de Fitero, de la cosecha pasada y la por venir, de las mujeres de Navarra y el cultivo de las viñas, hablamos, en fin, de todo lo que al buen hombre se le ocurrió, primero que de la cueva, objeto de mi curiosidad.

Cuando, por último, la conversación recayó sobre este punto, le pregunté si sabía de alguien que hubiese penetrado en ella y visto su fondo.

-¡Penetrar en la cueva de la mora!- me dijo como asombrado al oír mi pregunta-. ¿Quién había de atreverse? ¿No sabe usted que de esa sima sale todas las noches un ánima?

-¡Un ánima!- exclamé sonriéndome-, ¿el ánima de quien?

-El ánima de la hija de un alcaide moro que anda todavía penando por estos lugares,  y se la ve todas las noches salir vestida de blanco de esa cueva, y llena en el río una jarrica de agua.

Por la explicación del buen hombre vine en conocimiento de que acerca del castillo árabe y del subterráneo que yo suponía en comunicación con él, había alguna historieta: y, como yo soy muy amigo de oír esas tradiciones, especialmente de labios de la gente del pueblo, le supliqué me la  refiriese, lo cual hizo, poco más o menos, en los mismos términos que yo a la vez se la voy a referir a mis lectores.

Cuando el castillo, del que ahora sólo restan algunas informes ruinas, se tenía aún por los reyes moros, y sus torres, de las que ha quedado piedra sobre piedra, dominaban desde lo alto de la roca en que tiene asiento todo aquel fertilísimo valle que fecunda el río alhama, ocurrió junto a la villa de Fitero una reñida batalla, en la cual cayó herido y prisionero de los árabes un famoso caballero cristiano, tan digno de renombre por su piedad como por su valentía.

Conducido a la fortaleza y cargado de hierros por sus enemigos, estuvo algunos días en el fondo del calabozo luchando entre la vida y la muerte hasta que, curado casi milagrosamente de sus heridas, sus deudos le rescataron a fuerza de oro.

Volvió el cautivo a su hogar, volvió a estrellas entre sus brazos a los que le dieron el ser. Sus hermanos de armas y sus hombres de guerra se alborotaron al verle, creyendo que llegaba la hora de emprender nuevos combates; pero el alma del caballero se había llenado de una profunda melancolía, y ni el cariño paterno ni los esfuerzos de la amistad eran parte a disipar su extraña melancolía.

Durante su cautiverio logró ver a la hija del alcaide moro, de cuya hermosura tenía noticias por la fama antes de conocerla: pero cuando la hubo conocido la encontró tan superior a la idea que de ella se había formado, que no pudo resistir a la seducción de sus encantos y se enamoró perdidamente de un objeto para él imposible.

Meses y meses pasó el caballero forjando los proyectos más atrevidos y absurdos: ora se imaginaba un medio de romper las barreras que lo separaban de aquella mujer; ora hacía los mayores esfuerzos para olvidarla; ya se decidía por una cosa, ya se mostraba partidario de otra absolutamente opuesta, hasta que al fin un día reunió a sus hermanos y compañeros, mando llamar a sus hombres de guerra, y después de hacer con el mayor sigilo todos los aprestos necesario, cayó de improviso sobre la fortaleza que guardaba a la hermosura, objeto de su insensato amor.

Al partir a esta expedición, todos creyeron que sólo movía a su caudillo el afán de vengarse de cuanto le habían hecho sufrir arrojándole al fondo de los calabozos; pero después de tomada la fortaleza, no se ocultó a ninguno la verdadera causa de aquella arrojada empresa, en que tantos buenos cristianos habían perecido para contribuir al logro de una pasión indigna.

El caballero, embriagado en el amor que al fin logró encender en el pecho de la hermosísima mora, ni hacía caso de los consejos de sus amigos, ni paraba mientes en las murmuraciones y las quejas de sus soldados. Unos y otros luchaban por salir cuanto antes de aquellos muros, sobre los cuales era natural que habían de caer nuevamente los árabes, repuestos del pánico de la sorpresa.

Y en efecto sucedió así: el alcaide allegó gentes de los lugares comarcanos; y una mañana el vigía que estaba puesto en la atalaya de la torre bajó a anunciar a los enamorados amantes que por toda la sierra que desde aquellas rocas se descubre se vía bajar tal nublado de guerreros, que bien podría asegurarse que iba a caer sobre el castillo la morisma entera.

La hija del alcaide se quedó al oírlo pálida como la muerte; el caballero pidió sus armas a grandes voces, y todo se puso en movimiento en la fortaleza. Los soldados salieron en tumulto de sus cuadras; los jefes comenzaron a dar órdenes; se bajaron los rastrillos, se levantó el puente colgante, y se coronaron de ballesteros las almenas.

Algunas horas después comenzó el asalto.

El castillo, con razón, podía llamarse inexpugnable. Sólo por sorpresa, como se apoderaron de él los cristianos, era posible rendirlo. Resistieron, pues, sus defensores, una, dos y hasta diez embestidas.

Los moros se limitaron, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, a cercarlo estrechamente para hacer capitular a sus defensores por hambre.

El hambre comenzó, en efecto, a hacer estragos horrorosos entre los cristianos; pero sabiendo que, una vez rendido el castillo, el precio de la vida de sus defensores era la cabeza de su jefe, ninguno quiso hacerle traición, y los mismos que habían reprobado su conducta, juraron perecer en su defensa.

Los moros, impacientes, resolvieron dar un nuevo asalto al mediar la noche. La embestida fue rabiosa, la defensa desesperada y el choque horrible. Durante la pelea, el alcaide, partida la frente de un hachazo cayó al foso desde lo alto del muro, al que había logrado subir con ayuda de una escala, al mismo tiempo que el caballero recibía un golpe mortal en la brecha de la barbacana, en donde unos combatían cuerpo a cuerpo entre las sombras.

Los cristianos comenzaron a cejar y a desplegarse. En ese punto la mora se inclinó sobre su amante que yacía en el suelo y tomándolo en sus brazos con unas fuerzas que hacían mayores la desesperación y la idea del peligro, lo arrastró hasta el patio de armas. Allí tocó un resorte y por la boca que dejó ver una piedra al levantarse como movida de un impulso sobrenatural, desapareció con su preciosa carga y comenzó a descender hasta llegar al subterráneo.

Cuando el caballero volvió en sí, tendió a su alrededor una mirada llena de extravío y dijo:

-¡Tengo sed! ¡Me muero!¡Me abraso!- y en su delirio, precursor de la muerte, de sus labios secos, por los cuales silbaba la respiración al pasar, sólo se oían salir estas palabras angustiosas: -¡Tengo sed! ¡Me abraso!¡Agua!¡Agua!

La mora sabía que aquel subterráneo tenía una salida al valle por donde corre el río. El valle y todas las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, que una vez rendida la fortaleza buscaban en vano por todas partes al caballero y a la nada, para saciar en ellos su sed de exterminio: sin embargo no vaciló un instante y tomando el casco del moribundo, se deslizó como una sombra por entre los matorrales que cubrían la boca de la cueva y bajó a la orilla del río. 

Ya había tomado el agua, ya iba a incorporarse para volver de nuevo al lado de su amante, cuando silbó una saeta y resonó un grito.

Dos guerreros moros que velaban alrededor de la fortaleza habían disparado sus arcos en la dirección en que oyeron moverse las ramas.

La mora, herida de muerte, logró sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterráneo y penetrar hasta el fondo, donde se encontraba el caballero. Éste, al verla cubierta de sangre y próxima a morir, volvió en razón; y conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban, volvió los ojos al cielo, tomó el agua que su amante le ofrecía, y sin acercársela a los labios, preguntó a la mora: ¿Quieres ser cristiana?¿ Quieres morir en mi religión, y si me salvo salvarte conmigo?- La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de la sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal, invocando el nombre del Todopoderoso.

Al otro día, el soldado que disparó la saeta vio un rastro de sangre a la orilla del río, y siguiéndolo, entró en la cueva, donde encontró los cadáveres del caballero y su amada, que aún vienen por las noches a vagar por estos contornos.

 

Gustavo Adolfo Bécquer

Vocabulario:

Fastos: Del latín fastos. 1. Calendario donde los romanos apuntaban sus fiestas, ceremonias y conmemoraciones. 2. Sucesos ordenados cronológicamente.

Vestigios: Del latín vestigium (planta del pie, suela, huella). 1. Señal o resto que queda de alguien o de algo en un lugar.  2. Memoria de las acciones de los antepasados. Indicio de algo.

Atalaya: Del árabe at- tala “i”(los centinelas). 1. Torre sobre un lugar alto que sirve para vigilar una gran extensión de tierra o mar.

Jaramago: Planta herbácea, con talle ramoso desde la base, hojas grandes y arrugadas y flores amarillas y pequeñas, en espigas terminales muy largas.

Barbacana:  Del árabe balb albaqqara ( puerta vaquera). 1. Muro bajo construido delante de las murallas, puertas, puentes u otros puntos estratégicos como defensa.

Vericuetos: 1. Lugar o camino alto y accidentado por donde resulta difícil pasar. 2. Traba u obstáculo que dificulta la realización de algo.

 Juros: Derecho perpetuo de la propiedad.

Pesquisas: 1. Indagación o investigación para descubrir algo.     

Del antiguo pesquerir ( investigar).

Infructuosas: Del latín infructuctuosus, y este de –in –( negación) y fructuosus ( que da utilidad). 1. Que no produce los resultados esperados.

poterna:  1. Puerta secundaria, particularmente en una fortificación como una muralla o en los muros de un castillo. Suelen localizarse en lugares ocultos o disimulados, permitiendo a los ocupantes del recinto interior salir o entrar sin llamar la atención ni ser vistos.

ánima: Del latín anima y éste del griego anemos (soplos). 1. Alma de una persona, especialmente de las personas muertas que están en el purgatorio.

Deudo. Del latín debitus (debido). 1. Persona que forma parte de la misma familia que otra. SiN. Pariente, familiar.

Embriagado: 1. Participio pasado de embriagar. 1. Perturbar los sentidos. 2. Extasiar hasta sacar fuera de sí o hacer perder la razón. 3. Causar embriaguez o turbar las capacidades físicas o mentales a causa de la bebida.

Rastrillo: 1. Instrumento formado por un mango largo con un travesaño con púas a modo de dientes en uno de sus extremos, que sirve para recoger hierba, paja, hojas y otro tipo de elementos.

Inexpugnable: 1. Que no puede expugnar o conquistar por las armas. 2. Que no se deja vencer ni persuadir. 3. Que impide o dificulta mucho el acceso.

Reprobado: De reprobar. 1. Referido especialmente a una persona o a su conducta, no aprobarlas o considerarlas negativas. Del latín reprobare.

barbacana: 1.  En un muro, abertura generalmente vertical y estrecha a través de la cual se puede disparar. Del árabe bab al-báqara ( puerta de las vacas), porque la barbacana era una fortificación que protegía el recinto donde los sitiados guardaban el ganado destinado a la alimentación.

cejar: Del latín cessare (detenerse, retirarse). 1. Dejar de insistir en un empeño o en una opinión. 2. Ir hacia atrás.

Expiar: 1. Referido a una culpa, borrarla mediante el sacrificio o la penitencia. 2. Referido a un delito, sufrir o cumplir la pena que ha sido impuesta por él.

Imperceptible: 1. Imposible de percibir.

El canto a Teresa de Espronceda: máxima expresión del dolor romántico.

por Aghata
martes, 29 de septiembre del 2009 a las 00:10

Espronceda

Nunca entiendo del todo porque en los libros de texto aparece la archiconocida “Canción del pirata”,  adalid de la libertad romántica, es cierto. Pero, ¿quién no se inclina sobrecogido ante el Canto a Teresa, una elegía perfecta, escrita de puño y letra por el amante por antonomasia?

 La muerte de su amante, Teresa Mancha es sentida por una voz desgarrada que siente como  el dolor se enquista en sus costados,   ante un mundo desorbitado y vacuo, que lo mira con una frialdad sobrecogedora.  El poeta intenta refrenar su dolor, utiliza para ello una estrofa clásica: la poderosa octava real.

 

                                                                        Bueno es el mundo. ¡Bueno! ¡Bueno! ¡Bueno

                                                                         como de Dios al fin obra maestra,

                                                                         por todas partes de delicias lleno,

                                                                         de que dios ama al hombre, hermosa muestra!

                                                                         ¡Salga la voz, alegre, de mi seno,

                                                                         a celebrar esta vivienda nuestra!

                                                                         ¡Paz a los hombres!¡ Gloria en las alturas!

                                                                          ¡Cantad en vuestra jaula, criaturas!

                                                     ( María, por D. Miguel de los Santos Álvarez)

 

¿Por qué volvéis a la memoria mía

tristes recuerdos del placer perdido,

a aumentar la ansiedad y la agonía

de este desierto corazón herido?

¡Ay!, que de aquellas horas de alegría

le quede al corazón sólo un gemido,

¡y el llanto que al dolor los ojos niegan

lágrimas son de hiel que el alma anegan! (…)

 

¿Quién pensará jamás, Teresa mía,

que fuera eterno manantial de llanto,

tanto inocente amor, tanta alegría,

tantas delicias y delirio tanto?

¿Quién pensará jamás llegase un día

en que perdido el celestial encanto

y caída la venda de los ojos,

cuanto diera placer causara enojos?

 

Aún parece, Teresa, que te veo

aérea como dorada mariposa,

ensueño delicioso del deseo,

sobre tallo gentil temprana rosa,

del amor venturoso devaneo,

angélica, purísima y dichosa,

y oigo tu voz dulcísima, y respiro

tu aliento perfumado en tu suspiro.

 

Y aún miro aquellos ojos que robaron

a los cielos su azul, y las rosadas

tintas sobre la nieve, que envidiaron

las de mayo serenas alboradas,

y aquellas horas dulces que pasaron

tan breves ¡ay! como después lloradas,

horas de confianza y de delicias,

de abandono, y de amor, y de caricias.

 

Que así las horas rápidas pasaban,

y pasaban a la par nuestra ventura;

y nunca nuestras ansias las contaban,

tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura,

las horas ¡ay! huyendo nos miraban

llanto tal vez vertiendo de ternura,

que nuestro amor y juventud veían,

y temblaban las horas que vendrían.

 

Y llegaron en fin: ¡oh!, ¿quién impío,

¡ay!, agostó la flor de tu pureza?

Tú fuiste un tiempo un  cristalino río,

manantial de purísima limpieza;

después torrente de color sombrío,

rompiendo entre peñascos y maleza,

y estanque, al fin, de aguas corrompidas,

entre fétido fango detenidas. (…)

 

Mas ¡ay! que es la mujer ángel caído

O mujer nada más y lodo inmundo,

hermoso ser para llorar nacido,

o vivir como autómata en el mundo;

sí, que el demonio en el Edén perdido

abrasara con fuego del profundo

la primera mujer, y ¡ay! aquel fuego

la herencia ha sido de sus hijos luego (…)

 

¡Pobre Teresa! ¡Al recordarte siento

un pesar tan intenso…! Embarga impío

mi quebrantada voz mi sentimiento,

y suspira tu nombre el labio mío;

para allí su carrera el pensamiento,

hiela mi corazón punzante frío,

ante mis ojos la funesta losa,

donde vil polvo tu beldad reposa.

 

Y tú feliz, que hallaste en la muerte

sombra a que descansar en tu camino,

cuando llegabas mísera a perderte,

y era llorar tu único destino;

cuando en tu frente la implacable suerte

¡grababa de los réprobos el sino…!

¡Feliz la muerte te arrancó del suelo,

y otra vez ángel te volviste al cielo. (…)

 

¡Oh! ¡Cruel! ¡Muy cruel!... ¡Ah! Yo entretanto

dentro del pecho mi dolor oculto,

enjugo de mis párpados el llanto

y doy al mundo el exigido culto,

yo escondo con vergüenza mi quebranto,

mi propia pena con mi risa insulto,

y me divierto en arrancar del pecho

mi mismo corazón pedazos hecho.

 

 

Gocemos, sí: la cristalina esfera

gira bañada en luz: ¡bella es la vida!

¿Quién a parar alcanza la carrera

del mundo hermoso que al placer convida?

Brilla radiante el sol, la primavera

los campos pinta en la estación florida:

truéquese en risa mi dolor profundo…

Que haya un cadáver más ¿qué importa al mundo?

                                                                             El diablo mundo

 

 

 

Bravísima la poesía de Horacio

por Aghata
lunes, 28 de septiembre del 2009 a las 17:11

horace.jpg image by gcgmSuele decirse que Horacio es el poeta  al que nos asomamos con entusiasmo, cada vez que fijamos la mirada en uno de nuestros clásicos. De hecho, sin su magisterio, sería difícil entender a Fray Luis, el gran renacentista. Pero su magisterio no sólo se observa en ese recorrido asombroso que realizamos al leer a Fray Luis, otros poetas contemporáneos han saciado su sed  en la fuente inagotable de su poesía: desde Gil de Biedma o Ángel González hasta  Ana Rosetti, Aurora Luque, Juan Antonio González Iglesias, todos y cada uno de ellos se abrochan la camisa poética deslizando la vista por sus Odas, Epodos, Epístolas o Sátiras. Él es sin duda la síntesis de todos los tópicos literarios: el poeta que los ha recreado todos y ante cuyo magisterio nos inclinamos: por su versos se pasea la conciencia del artista, el elogio de la vida retirada, el carpe díem, la aurea mediocritas, el análisis de los sentimientos contradictorios: los celos, la venganza, el amor, la deslealtad, etc. Anclas que se aferran a nuestra piel, y ésta se eriza, porque ese mundo sigue siendo el mismo, al y al cabo el tiempo se metamorfosea pero el alma permanece inalterable, es la misma página que respira, aunque varíe el tiempo, porque los sueños humanos no mutan, siguen siendo los mismos.

Hijo de un esclavo emancipado, Horacio tuvo suerte, el propio Virgilio lo presenta a su protector, que le facilita todo tipo de lujos y le alienta en su tarea literaria. De hecho, la palabra <<mecenas>>, recuerda a este personaje que patrocinó al gran artista, convirtiéndose así en estandarte de las personalidades que asumen la noble tarea de fomentar las artes.

Horacio representa la culminación de la poesía romana, el ejemplo más sólido de la nueva maestría. Escribe Sátiras, Epodos, Odas y Epístolas. Cada una de ellas presenta unas características propias, afines a su género. Las Sátiras son un conjunto de conversaciones que destapan los vicios humanos de una forma comedida. Casi nunca encontramos en estas composiciones una crítica soez, o  acerada y cuando emplea el tono sarcástico,  se asegura de que se trata de un personaje que ya ha fallecido o que es poco conocido en los cenáculos de la ciudad. Las Epístolas, por su parte, son una lectura personal de los más variados temas, gracias a ellas conocemos sus opiniones sobre la literatura. Constituyen pues un documento impagable para la posteridad.  En cuanto a los epodos, estos poemas cortos  adoptan un cariz político en su mayoría; no obstante, también indagan en otros temas más íntimos, como el enamoramiento y su casuística.  Pero serán las Odas, las composiciones mejor construidas, ellas son, qué duda cabe, la culminación de su obra. En ellas Horacio se atempera, la voz de otros poetas, como Safo o Alceo, se deja sentir, pero él consigue aclimatarla a la nueva poética. Horacio marca pues el nuevo pulso poético y seguramente sin él, la poesía occidental se habría bifurcado por otros senderos.

A Sestio

(Libro I, Oda 4)

Remite el crudo invierno y el viento del oeste

trae a la primavera entre su brisa

y hace que al mar arrastren los navíos.

Ya el ganado no goza en sus establos

ni los prados blanquean con la escarcha

ni al labrador la lumbre le complace.

 

A los claros de luna empuja Venus

a los coros y Gracias con las Ninfas

que acompasadas mueven sus pies ágiles,

en tanto que Vulcano, infatigable,

se dirige a las fraguas de los Cíclopes.

Hora es ya de ceñir nuestras cabezas

con verde mirto o con aquellas flores

que la esponjada tierra nos ofrece.

Es el momento de ofrendar a Fauno

en los bosques sombríos un carnero

o un cabrito, si es lo que él prefiere.

 

La blanca muerte con su golpe iguala

las chozas de los pobres con las torres del rico…

Afortunado Sestio,

la corta suma de la vida entera

acota nuestras largas esperanzas;

pronto vendrán los Manes y la noche

hasta ti, a conducirte

a la morada de Plutón estrecha.

No tentarás allí juegos de azares

para tú presidir regios convites

ni admirarás al delicado Lícidas

por quien hoy los muchachos se enardecen

y a quien mañana adorarán las chicas.

 

No desperdicies tu juventud, Taliarco

(Libro I, Oda 9)

 

¿Ves cómo está el Soracte de nevado

e inclinadas del peso de la nieve

las ramas de los árboles del bosque?

El río su corriente ha detenido,

sólido por el hielo que lo frena.

 

Pon en la chimenea, Teliarco, tanta leña

cuanta para aplacar el frío se precise

y sin escatimar sírvete el vino

mejor, al que la cuba que lo cría

da, en justo tiempo, su mejor fragancia.

 

 

Deja el resto al cuidado de los dioses;

aplacan ellos sobre el mar los vientos

y enseguida esos aires

cesan de acometer a fresnos viejos

ylos cipreses de sufrir su furia.

 

Desentiéndete, alegre, del mañana

y sácale partido sustancioso

a la ocasión fugaz de los placeres;

disfruta del amor y de la danza

con la energía que tu edad te otorga,

ya que de la vejez estás aún lejos.

En consonancia y puesto que eres joven,

no faltes al encuentro convenido

en el lugar propicio de la calle,

cuando empieza a entregarse y tomar cuerpo

la incitación intensa de la noche

en la complicidad de sus rumores.

 

Ella ampara la risa delatora

del secreto lugar donde se oculta

el temblor anhelante de tu amiga,

que no te pone trabas, como muestra

la prenda que a su dedo o de sus brazos

has arrancado sin que resistiera.

 

 

 

Leucónoe: Carpe diem

( Libro I, Oda 11)

 

No intentes ( es pecado) indagar lo prohibido,

qué fin a ti y a mí nos deparan los dioses

ni consultes, Leucónoe, augures babilonios.

Mejor es disfrutar lo que tenemos

que andar desazonados por si Júpiter

no nos concede más que este invierno presente

que al Tirreno sin fuerzas ha dejado

contra escollos y rocas al batirlo.

 

Sé precavida pues, y filtra vino:

la vida es breve, olvida la esperanza,

mientras ahora charlamos huye el tiempo

envidioso… ¡Disfruta del momento!

¡Quién sabe si mañana otro tendremos!

 

 

A Lidia

( Libro I, Oda 25)

 

Ya no golpean tanto los muchachos

de arrebatado amor a tu ventana,

ahora cerrada para tu desdicha.

No perturba tu sueño su vehemencia.

Se aviene bien tu puerta a sus umbrales,

antes dispuesta a abrirse a cualquier hora.

Casi ya has olvidado, de no oírla,

La suplicante queja, hacia tu asedio:

¿Cómo serás capaz de dormir, Lidia,

mientras yo me consumo enajenado

a la intemperie, solo, de la noche?

Ya cambiarás las tornas y tú, vieja,

despreciada andarás por calles tristes,

y padeciendo las desatenciones

de la arrogancia de los más procaces,

que ni del saldo desearán tenerte,

bajo el gélido viento de la Tracia

(en un cielo sin luna, y por la noche),

cuando el ardor furioso que a las yeguas

ciega de excitación te reconcoma.

Lamentarás entonces que los jóvenes

viriles y atrevidos hallen gozo

entre la hiedra verde y mirto oscuro

y den al Hebro la hojarasca mustia,

inseparable amigo del invierno.

 

 

Elogio de la Aurea Mediocritas

para Licinio Murena

( Libro II, Oda 10)

 

Mejor vida te espera, Licinio, si renuncias

al riesgo de alta mar, y no te acercas

al litoral, igual de peligroso,

mientras que, precavido, evitas las borrascas.

 

Quien aspira a la pauta de una modesta vida

evita al mismo tiempo la desgracia

de una desvencijada casa en quiebra

y la envidia a que incitan los palacios.

 

Cuanto más altos son los pinos, más expuestos

están al viento, las esbeltas torres

son menos permanentes en su altura

y a montes elevados mejor los rayos llegan.

 

Recela la experiencia de la suerte voluble

y en las adversidades el prudente

no desespera; los inviernos crudos

que Júpiter depara, él mismo los concluye.

 

Si ahora no te va bien, mejorarán las cosas.

No siempre tiene Apolo tenso en arco en sus manos,

también hace sonar su cítara armoniosa

que despierta en las musas cantos nuevos.

 

En los momentos bajos muestra un ánimo fuerte

y en los más favorables ten en cuenta

que las velas hinchadas por el viento

conviene replegar en beneficio

del ritmo equilibrado de la nave.

 

La reconciliación ( Diálogo amebeo)

( Libro III, Oda 9)

 

Horacio:

Mientras tú me quisiste

y ningún otro joven abrazaba

tu blanco cuello con sus fuertes brazos,

me sentí más feliz que el rey de Persia.

 

Lidia:

Mientras fue para mí tu amor ardiente

y Lidia, yo, la renombrada Lidia,

no fui pospuesta a Cloe, yo, dichosa,

florecí más dichosa que la región de Ilia.

 

Horacio:

Ahora es Cloe, la tracia, a quien yo amo,

hábil en ritmos, con la lira experta;

por ella entregaría yo mi vida

si con ella los hados alargaran la suya.

 

Lidia:

Pues yo, Horacio, por Calais me consumo

por él, hijo de Ornito de Turio,

que corresponde con el mismo fuego;

dos veces yo por él daría la vida

si por ello los hados alargaran la suya.

 

Horacio

¿ Y si ( es de suponer) vuelvo a quererte

y el amor con  su yugo nos reúne,

rechazo a Cloe y te abro a ti mi puerta,

Lidia, tú volverías a mí amarme?

 

Lidia

Aunque es hermoso Calais, más que un astro,

y tú leve y voluble como el corcho

e irascible también como el Adriático,

vivir, morir, contigo yo querría.

 

A la musa Melpómene: mis odas

( Libro III, Oda 30)

 

He terminado ya mi monumento

más perenne que el bronce ( de palabras),

más alto e inmortal que las pirámides…

Resistirá las lluvias y los vientos,

el sucesivo curso de los años

resistirá, veloces, y yo mientras

no moriré del todo pues mis odas,

la parte más lograda de mí mismo,

vencerán a la muerte destructora.

Cuando con la vestal sube el pontífice,

Ambos callados, hacia el Capitolio…

Yo creceré incesante, siglo a siglo,

Renaceré en la estima venidera.

Yo, de origen humilde, poderoso,

fui el primero, en latín, que ha conseguido

abrir camino a los poemas eolios

donde el Aufido ruge violente

y donde reinó Dauno, un territorio

escaso en agua y pobladores rudos…

Acéptame, Melpómene, este orgullo

que por mi esfuerzo tengo merecido

y ciñe mi cabeza de laureles.

 

Al joven Ligurino

( Libro IV, Oda 10)

 

Cruel y poderoso de Venus todavía

ostentas, Ligurino, los encantos;

soberbio abusas de ellos, tan esquivo…

Más, cuando venga el bozo, que no esperas,

a emborrachar la gracia de tu cara

y debas los cabellos, que ahora flotan

sobre tus hombros, dar a la tijera

y se aje tu tez hoy tan hermosa

que hasta a las rosas mismas avergüenza.

Entonces, Ligurino,

será tu rostro un rostro ya marchito.

 

¿Cuántas veces dirás, cuando te mires

en espejos distintos, cuántas veces,

dirás llorando:

¿ Por qué entonces no amé, mientras yo pude,

o cuando yo amo ahora no regresa,

envidia de la rosa, la belleza que tuve?

Páginas de Mery

por Aghata
domingo, 27 de septiembre del 2009 a las 21:24
guardado en

Niebla

 

Será … esta luz ¿?

Quizás serán las escaleras que no subo

Serán los momentos de los cuales huyo ¿?

 

Quiero rozar la lluvia… contigo

Quiero… que puedas ver lo mismo

Este sitio … mío.

 

Sera el final del  túnel ¿?

Dónde están…

aquellos ojos ocres que tanto matan.

 

Pedazos de la verdad

atravesados en tu niebla

que no quisiste rodear.

 

¿Desatar los nudos

de tu red?

Segundos dibujados

en los ojos que no ven.

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Extenuada (arlequini)
Gracias amiga, eso sí que me va a venir bien: recargar energías, es estimulante......(01 dic)
Extenuada (arlequini)
Lo intento Lerna, pero ya sabes cómo es mi cabecita, siempre maquinando sin pararUn beso...(01 dic)
Extenuada (arlequini)
Vale, Luz... Descanso, estoy hecha un flan. El médico dice que ´debería volver a operarme, que han ......(01 dic)
Extenuada (arlequini)
Sí Luci, mira ahora llega el cumple de María, 11 de Diciembre y ya se está frotando las manos. Le ......(01 dic)
Extenuada (guiomar)
un beso aghata, que descanses y recuperes energias......(30 nov)

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