Bravísimo Leonard Cohen. Subamos la temperatura del Trabajo monográfico de Investigación.
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EL PROPIO AMOR |
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La luz entraba por la ventana, |
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directamente del sol que está arriba, |
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y así dentro de mi pequeño cuarto |
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se zambullían los rayos del amor. |
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En los chorros de luz vi claramente |
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el polvo que tú raramente ves, |
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fuera de lo cual el Sin Nombre le hace |
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un Nombre para uno como yo. |
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Intentaré decir un poco más: |
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El amor se fue sin parar |
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hasta que alcanzó una puerta abierta. |
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Entonces el propio amor |
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el propio amor se fue. |
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Todos están atareados a la luz del sol. |
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Las motas de polvo flotaban y bailaban, |
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y me di volteretas con ellas |
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en la informe circunstancia. |
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Intentaré decir un poco más: |
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El amor se fue sin parar |
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hasta que alcanzó una puerta abierta. |
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Entonces el propio amor |
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el propio amor se fue. |
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Entonces regresé por donde había venido. |
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Mi cuarto, parecía el mismo |
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Pero entretanto no quedaba nada sobrante |
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el Sin Nombre y el Nombre. |
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Todos están atareados a la luz del sol. |
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Las motas de polvo flotaban y bailaban, |
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y me di volteretas con ellas |
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en la informe circunstancia. |
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Intentaré decir un poco más: |
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El amor se fue sin parar |
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hasta que alcanzó una puerta abierta. |
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Entonces el propio amor |
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el propio amor se fue |
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el propio amor se fue.
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POR LA OSCURIDAD DE LOS RÍOS |
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Por la oscuridad de los ríos |
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estuve vagando. |
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Viví mi vida |
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en Babilonia. |
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Y me olvidé |
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de mi santa canción: |
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y no tenía fuerzas |
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en Babilonia. |
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Por la oscuridad de los ríos |
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donde no podía ver |
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quién estaba esperando allí, |
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quién estaba persiguiéndome. |
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Y él cortó mi labio |
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y él cortó mi corazón. |
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Así que no podía beber |
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de la oscuridad del río. |
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Y él me cubrió, |
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y yo vi dentro de, |
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mi corazón sin ley |
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y mi anillo nupcial. |
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No supe |
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y no podía ver |
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quién estaba esperando allí, |
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quién estaba persiguiéndome. |
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Por la oscuridad de los ríos |
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sentí pánico. |
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Pertenecí por fin |
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a Babilonia. |
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Entonces él golpeó mi corazón |
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con una fuerza mortal, |
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Y dijo, ‘Este corazón: |
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no es tuyo.’ |
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Y él le dio al viento |
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mi anillo nupcial; |
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y nos rodeó |
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con todo. |
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Por la oscuridad de los ríos, |
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en una alba herida, |
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vivo mi vida |
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en Babilonia. |
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Aunque tomé mi canción |
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de una rama marchita, |
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ambos canción y árbol |
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cantan para él. |
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La verdad no ha sido dicha |
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y la bendición se ha perdido, |
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si olvido |
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mi Babilonia. |
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No supe |
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y no podía ver |
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quién estaba esperando allí |
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quién estaba persiguiéndome. |
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Por la oscuridad de los ríos, |
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donde todo sigue; |
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por la oscuridad de los ríos |
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en Babilonia. |
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LA PARTIDA DE ALEXANDRA |
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De repente la noche se ha vuelto más fría. |
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El dios del amor se prepara para partir. |
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Alexandra alzo su hombro, |
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Ellos se resbalan entre los centinelas del corazón. |
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Sostenido por las simplicidades del placer, |
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ellos ganan la luz, ellos se entrelazan sin forma |
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y el radiante más allá de su más ancha medida. |
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Ellos se caen entre las voces y el vino. |
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No es un truco, todos tus sentidos son engañosos, |
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un sueño inquieto, la mañana agotará. |
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Di adiós a Alexandra que se marcha. |
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Entonces di adiós a Alexandra que se perdió. |
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Aunque ella duerma encima de tu satén; |
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aunque ella te despierte con un beso. |
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No digas que el momento fue imaginado; |
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no te inclines ante estrategias como estas. |
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Como alguien largamente preparado para pasar por esto, |
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ve firmemente a la ventana. Bébelo. |
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La música exquisita. Alexandra se ríe. |
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Sus firmes compromisos tangibles de nuevo. |
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Y tú que tenías el honor de su atardecer, |
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y por el honor te habías rehabilitado tu mismo. |
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Di adiós a Alexandra que se marcha. |
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Alexandra se marcha con su señor. |
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Aunque ella duerma encima de tu satén; |
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|
aunque ella te despierte con un beso. |
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No digas que el momento fue imaginado; |
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|
no te inclines ante estrategias como estas. |
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Como alguien largamente preparado para pasar por esto, |
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con completo dominio de cada plan que hiciste fracasar, |
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no escojas la explicación de un cobarde |
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eso se esconde detrás de la causa y el efecto. |
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Y tú que estabas desconcertado por un significado; |
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cuyo código estaba roto, el crucifijo descruzado. |
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Di adiós a Alexandra que se marcha. |
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Entonces di adiós a Alexandra que se perdió. |
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Di adiós a Alexandra que se marcha. |
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Entonces di adiós a Alexandra que se perdió. |
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TÚ YA HAS AMADO BASTANTE |
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Dije que sería tu amante. |
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Te reíste de lo que dije. |
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Perdí mi trabajo para siempre. |
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Me contaba entre los muertos. |
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Barrí las salas de mármol, |
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pero tú me tiraste por tierra. |
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Me impediste creer |
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hasta que me permitiste saber: |
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Que yo no soy el que amas. |
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Es el amor el que se apodera de mí |
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cuando el odio viene con su paquete, |
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Tú prohíbes la entrega. |
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Y cuando el anhelo de tu contacto |
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Se eleva desde el anhelo, |
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susurras, "Tú ya has amado bastante, |
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ahora déjame ser el Amante." |
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Barrí las salas de mármol, |
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pero tú me tiraste por tierra, |
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me impediste creer |
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|
hasta que me permitiste saber: |
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Que yo no soy el que amas. |
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Es el amor el que me escoge |
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cuando el odio viene con su paquete, |
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Tú prohíbes la entrega. |
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Y cuando el anhelo de tu contacto |
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Se eleva desde el anhelo . . . |
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- LA CALLE BOOGIE |
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Oh Corona de Luz, oh Oscuridad, |
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|
nunca pensé que nos encontraríamos. |
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|
Besas mis labios, y entonces ocurre: |
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Regreso a la Calle Boogie. |
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Un trago de vino, un cigarro, |
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|
y entonces es hora de partir. |
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Arreglé la pequeña cocina; |
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puse a punto el viejo banjo. |
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Me necesitan en el embotellamiento de tráfico. |
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Ellos están guardándome un asiento. |
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Yo soy lo que soy, y lo que soy, |
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regresa a la Calle Boogie. |
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Y oh amor mío, todavía recuerdo |
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los placeres que conocimos; |
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los ríos y la cascada, |
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donde me bañé contigo. |
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Allí estaba tan extasiado por tu belleza, |
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que me habría arrodillado para secar tus pies. |
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Con tales reglas tú preparas |
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q un hombre para la Calle Boogie. |
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Oh Corona de Luz, oh Oscuridad, |
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así que venid, amigos mío, no tengáis miedo. |
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Estamos aquí tan alegremente. |
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Lo que hacemos es estar enamorados |
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enamorados desaparecemos. |
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Aunque todos los mapas de carne y hueso |
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están puestos en la puerta, |
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no hay nadie que nos haya dicho todavía |
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para qué es la Calle Boogie. |
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Oh Corona de Luz, oh Oscuridad, |
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|
Nunca pensé que nos encontraríamos. |
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|
besas mis labios, y entonces ocurre: |
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|
Regreso a la Calle Boogie. |
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|
Un trago de vino, un cigarro, |
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|
Y entonces es hora de partir . . .
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LA TIERRA DE LA ABUNDANCIA |
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|
Realmente no sé quién me envió |
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|
a alzar mi voz y decir: |
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Podrían las luces en La Tierra de Abundancia |
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|
brillar en la verdad algún día. |
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|
No sé por qué vengo aquí, |
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|
sabiendo qué hago, |
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lo que realmente piensas de mí, |
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lo que realmente pienso de ti. |
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Para los millones en una prisión, |
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que la riqueza ha marginado; |
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para el Cristo que no se ha alzado, |
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desde las cavernas del corazón. |
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Para la más íntima decisión, |
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|
que nosotros no podemos sino obedecer. |
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Para los que abandonan nuestra religión, |
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|
alzo mi voz y rezo: |
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Podrían las luces en La Tierra de Abundancia |
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|
brillar en la verdad algún día. |
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Sé que dije que te encontraría, |
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que te encontraría en la tienda, |
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pero no puedo comprarlo, nena. |
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no puedo comprarlo ya. |
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Y realmente no sé quién me envió |
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a alzar mi voz y decir: |
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Podrían las luces en La Tierra de Abundancia |
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|
brillar en la verdad algún día. |
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Y no sé por qué vengo aquí, |
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|
sabiendo qué hago, |
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|
lo que realmente piensas de mí, |
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|
lo que realmente pienso de ti. |
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|
Para la más íntima decisión, |
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|
que nosotros no podemos sino obedecer, |
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|
para los que abandonan nuestra religión, |
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alzo mi voz y rezo: |
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|
Podrían las luces en La Tierra de Abundancia |
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|
brillar en la verdad algún día. |
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Leonard Cohen


¡Arggg! Otra vez los problemillas con la morfología. Espero y deseo que estos apuntes te sean de utilidad y puedas realizar un buen ejercicio.



Gertrudis Gómez de Avellaneda
Carolina Coronado. 
La cueva de la mora, Gustavo Adolfo Bécquer
La mora, herida de muerte, logró sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterráneo y penetrar hasta el fondo, donde se encontraba el caballero. Éste, al verla cubierta de sangre y próxima a morir, volvió en razón; y conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban, volvió los ojos al cielo, tomó el agua que su amante le ofrecía, y sin acercársela a los labios, preguntó a la mora: ¿Quieres ser cristiana?¿ Quieres morir en mi religión, y si me salvo salvarte conmigo?- La mora, que había caído al suelo desvanecida con la falta de la sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal, invocando el nombre del Todopoderoso.


Suele decirse que Horacio es el poeta al que nos asomamos con entusiasmo, cada vez que fijamos la mirada en uno de nuestros clásicos. De hecho, sin su magisterio, sería difícil entender a Fray Luis, el gran renacentista. Pero su magisterio no sólo se observa en ese recorrido asombroso que realizamos al leer a Fray Luis, otros poetas contemporáneos han saciado su sed en la fuente inagotable de su poesía: desde Gil de Biedma o Ángel González hasta Ana Rosetti, Aurora Luque, Juan Antonio González Iglesias, todos y cada uno de ellos se abrochan la camisa poética deslizando la vista por sus Odas, Epodos, Epístolas o Sátiras. Él es sin duda la síntesis de todos los tópicos literarios: el poeta que los ha recreado todos y ante cuyo magisterio nos inclinamos: por su versos se pasea la conciencia del artista, el elogio de la vida retirada, el carpe díem, la aurea mediocritas, el análisis de los sentimientos contradictorios: los celos, la venganza, el amor, la deslealtad, etc. Anclas que se aferran a nuestra piel, y ésta se eriza, porque ese mundo sigue siendo el mismo, al y al cabo el tiempo se metamorfosea pero el alma permanece inalterable, es la misma página que respira, aunque varíe el tiempo, porque los sueños humanos no mutan, siguen siendo los mismos.
Remite el crudo invierno y el viento del oeste








