Lars Huldén Lecturas para caminantes
“El idioma le ofrece al poeta una vida en los árboles”.
Te presentamos en este caso una selección de poemas del libro “Lectura para caminantes” del poeta filandés Lard Huldén, uno de esos escritores prolíficos, capaz de responder a los interrogantes de la vida a través de los múltiples registros de la palabra. “El idioma le ofrece al poeta una vida en los árboles”, es un idioma que Lards moldea a la perfección, tanto en su faceta como filólogo, como en su obra literaria: teatro, letras de canciones, libros de poesía. Huldén maneja todos los registros con la misma pericia, incluso, esa constante lúdica, gratuita del escritor que escribe poemas y canciones por encargo, salmos religiosos, poemas para festividades.
Uno de los valores de su universo poético es ese instintivo sentido del ritmo, de la musicalidad sencilla, que se acopla a cualquier actividad cotidiana para extraerle todo el meollo. Podríamos decir que el autor es un maestro a la hora de captar el engranaje de lo cotidiano, él mismo se sitúa como personaje y se pregunta si podría confiarle su vida a ese prójimo que le mira el ombligo. Su poesía conecta con los sentimientos de los lectores, al recrearse en la realidad y ofrecernos una visión personal de las situaciones que trasciende lo cotidiano.
Una vez más el lenguaje poético consigue auscultar la realidad a través del microscopio de la poesía, para engrandecerla. Nos hallamos ante un gran poeta, laureado con el Premio Nacional de Poesía en Finlandia, capaz de sentir lo ajeno como propio, capaz de responder a los interrogantes más comunes, con una pirueta hábil y certera.


ABRUPTAMENTE entro
en el solemne salón de la lírica.
Allí están los poetas
escuchando música
en torno al muerto.
¡Qué manera de comportarme!
Algunos señalan mi gorra,
otros las botas.
Lo único que me queda es disparar
una perdigonada a la araña de cristal.
HOY recibí
una nueva advertencia
al ver mi abrigo
caído en el suelo sin vida
con la percha rota,
una nueva advertencia
de no meter tanta
basura en los bolsillos.

¿LOGRARÉ aprender alguna vez
que la creación poética es una cosa seria?
Dime, ¿no es la poesía una cosa seria?
Trata de hacerme comprender
esto tan importante: Crear
es escribir poemas
sin reírse
de sí mismo.

AUNQUE la corneja lleva ya horas
atropellada en la carretera
completamente aplastada
porque el automovilista no
se molestó en desviarse
sino que más bien apuntó hacia ella
el viento sin embargo no
ha abandonado completamente la esperanza,
acaricia delicadamente el cuello de la corneja
o lo que había sido cuello
( las plumitas ondean levemente)
Y dice con voz suave pero sugerente:
¡Anda, levántate!

Consejos a personas felices
Si alguna vez tú,
henchido de un sentimiento de felicidad,
te levantas de un salto y gritas al viento,
al mar o al silencioso bosque-
da lo mismo a quién-, gritas” yo soy feliz”,
debes saber que tus palabras te serán reclamadas
a su debido tiempo con intereses;
lo mismo que cuando se escapas un preso antes
de haber cumplido su condena y es detenido
de nuevo y se le impone una pena
más dura que la de antes.
Las autoridades de la vida no toleran
ningún evadido, y la felicidad es esa
sensación de que a uno lo le afectan
las duras condiciones de la vida, de que uno
ha escapado de la cantera misteriosamente.
Por eso, si sientes que tu felicidad es tan grande
que te resplandecen los ojos, inclina
tu rostro hacia la tierra y bájate la capucha sobre
la frente como un leproso, prosigue mudo
tu camino, y que el tono de tu voz no traicione
lo que siente tu corazón.

Un gran poeta puede ser un hombre mezquino, gruñón,
fastidioso, sí, hasta un hombre corriente
El hombre descendió una vez de los árboles.
Con ello perdió la seguridad que dan los árboles.
No hay seguridad que se sienta como la seguridad en los árboles.
¿Cuál es la meta de nuestra nostalgia? Quizá sean los árboles.
El idioma le ofrece al poeta una vida en los árboles.
En el idioma vive como antes se vivía en los árboles.
El idioma es frondoso, flexible, grande como los árboles.
El poeta se cuelga del idioma como de los árboles.
En el idioma se siente seguro como en el hogar de los árboles.
Delicioso es vivir y ser uno con los árboles,
alto y derecho y fuerte y dulce y rico como los árboles.
La canción más antigua del mundo es el susurro del viento en los
arboles.
No invites nunca a un poeta a bajar de los árboles
¿Qué es él cuando mora en el suelo bajo los árboles?
Es un gusano, como todos los que vivimos bajo los árboles.
No hay seguridad que se sienta como la seguridad en los árboles.

ME PREGUNTAN, no inesperadamente
por qué escribo.
Sé lo que debería contestar:
Escribo porque amo
a la humanidad y quiero
que mejore la situación de los hombres
y que puedan vivir juntos
en paz, libertad e igualdad.
Con mis poemas quiero, en la medida
de mi escaso talento, contribuir a alcanzar
esa noble meta.
Pero contestar de esa manera
sería pura palabrería.
Escribir es hundir la mano
en tinta, en alquitrán o en tinta de imprenta
y estamparla en una pared
por mor de la impresión,
por el solo motivo de la impresión
de su mano.
Lo más negro que hay
donde hundir la mano
es la miseria del mundo.
NO HAY NINGÚN otro placer que el de las palabras.
Sí, lo sé, puedes mencionar muchos placeres.
En ese caso depende de que tú nunca
has experimentado el de las palabras.
El juego

Si no lo has comprendido antes,
ya es hora de que lo entiendas:
Todo es un juego.
Nos jugamos la vida mutuamente.
Tú pones tu vida sobre la mesa,
yo la mía, luego vemos
quién pega más fuerte
y gana.
Los consorcios juegan unos contra otros.
Los ganadores se tragan a los perdedores,
Y tal vez sean devorados ellos mismo
en la próxima jugada.
Los países juegan un juego
que se llama quitar la alfombra.
Justo ahora nuestro país está en el puro suelo,
descalzo, pero espera poder volver a caminar sobre mullido
gracias a su habilidad en el juego.
Pero el juego es mucho más grande que eso.
Jugamos juntos contra toda la naturaleza.
Le echamos a la naturaleza humo en los ojos
para que no vea lo que hacemos.
Pero somos nosotros los que no vemos
lo que hacemos.
Fuerza
es lo que disputamos en el juego.
Tenemos que tener fuerza.
Para poder crecer
tenemos que tener más fuerza.
No todos se han dado cuenta
de que la fuerza es veneno.
No todos se han dado cuenta
de que no es importante
crecer.
Por mi parte estoy harto y paso.
Por mi parte el juego podía haber acabado.
Ya no quiero participar
Estas son mis cartas.
Cójanlas ustedes.
Quiero ser débil.
Quiero ser un perdedor
Quiero desaparecer de la mesa del juego.
Es mi manera de ganar.
Lecturas para caminantes, Lars Huldén
Ed. Bassarai