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Esa muñeca a la que diste cuerda

por Aghata
domingo, 15 de noviembre del 2009 a las 02:20

Ni una palabra a lo efímero.

Si te largas.

no le digas ni una palabra

a  la luna rota.

 

Nuevamente la sed:

Ese sueño

sin todo lo maldito.

 

 

 

Por fin has confesado:

Te  tambaleas porque

la espina está rota.

 

 

Desatas la eternidad y preguntas:

¿Volverías a ser arcilla? 

 

 

           

 

 

Esa mañana a la que diste cuerda

por Aghata
domingo, 15 de noviembre del 2009 a las 02:12

 

 

Ni una palabra a lo efímero.

Si te largas.

no le digas ni una palabra

a  la luna rota.

 

Nuevamente la sed.

Ese sueño

sin todo lo maldito.

 

 

 

Por fin has confesado:

Te  tambaleas porque

la espina sigue viva.

 

 

 

 

           

 

 

Arañando microsegundos

por Aghata
viernes, 13 de noviembre del 2009 a las 20:33

Arañando microsegundos

Cómo vuela el tiempo a pesar de este obstinado deseo mío por arañar microsegundos para dedicarlos a mi disfrute personal, para simplemente ejercer ese sano ejercicio de tumbarse a la bartola. Pero mis ejercicios de genuflexión se tornan vanos y todo el día voy de aquí para allá con la lengua fuera.  Si hasta mi propia estantería me mira mal, libros apiñados haciendo señales de humo para que mis ojos se dignen a mirarlos. ¡Eh! Estamos aquí, cuándo vas a quitarnos el feo precinto y a leernos, cuándo vas a desempolvarnos; lo dicen muy enfadados mientras cuchichean a mis espaldas.  ¡Qué desfachatez! Primero nos tira flores, relamiéndose de gusto y ahora nos abandona en este frío rincón.

Salgo de mi estudio, abrumada por las obligaciones cotidianas y ni los miro… ¡Me dan mucha pena!  Y me prometo que al primer microsegundo que tenga, los recibiré con el bombo y platillo que se merecen.  Pero me cuesta tanto encoger mis obligaciones, para dedicarme más tiempo. Cuando no son pitos, son flautas. Esta mañana me he levantado y he salido pitando, ala… a hacer la compra de rigor para la semana, y menos mal que el hipermercado está enfrente de casa, que si no… Y en cuanto he vuelto, lo he guardado todo en un santiamén   me he puesto un delantal y he comenzado a limpiar frenéticamente la cocina, pensando en si me quedaría algo de tiempo para hacer los cuartos de baño y las habitaciones. No… claro que no me ha dado tiempo, porque tenía que preparar la comida.  Y luego, he comido con rapidez, mientras María se ponía nerviosa, porque no paraba quieta. Me levantaba, quitaba un plato, fregaba una sartén, comprobaba el programa de la lavadora… y volvía a apalancarme en la silla, mientras miraba cómo corrían las saetas del reloj. “Tengo que irme”- le digo. Tengo que ir a Valencia para que me autoricen el análisis. Mientras digo esto, mis piernas intentan hacer un amago de paralizarse, pero ni siquiera sus calambres molestos impiden que me levante.

 Vaya con el análisis que me ha pedido el ginecólogo. Anti, qué..., me dijeron por teléfono. Pues no señora, aquí no  figura nada con ese nombre. Tendrá  usted que ir  a la central. Y yo repitiendo como una posesa: antireaginico, anticoagulante lupico, anticardidipinico y antifosfolipina. Sí, ya le he dicho que me lo ha mandado el ginecólogo.  Tanta parafernalia para nada. He tenido que ir a Valencia.

¡Qué mala suerte la mía! Después de todo el trajín, la sucursal estaba cerrada. Me ha entrado un cabreo… Menos mal que he entrado en una librería y me he animado algo, me he vuelto a casa más contenta que unas castañuelas con el nuevo libro, y lo he dejado en la estantería al lado de los otros. ¡Cómo se han puesto! Ni pizca de gracia les ha hecho.

Al fin he podido sentarme un rato, y me he tumbado a la bartola, con  el libro que me había acompañado durante el trayecto en metro (El hombre de ninguna parte, Aleksandar Hemon), mientras el resto lo miraba muy enfadado.  Pero qué se han creído esos – ha dicho mi amigo, mientras me giñaba el ojo-. Yo llegué primero.

Aghata

Bravísima la poesía de Ramón Dachs

por Aghata
jueves, 12 de noviembre del 2009 a las 21:48

poema mínimo

cristal

irreductible

Ramón Dachs

Te presentamos ahora una selección de Poemas mínimos de Ramón Dachs, el poeta que revolucionó la red con la creación de Interminims de navegación poética, un conjunto de poemas muy breves en línea, que siguen el principio básico del hipertexto, basado en la capacidad de asociación de ideas a través de los hiperenlaces que permiten una tercera dimensión a la escritura. El lector puede completar las composiciones con múltiples variables a las que puede acceder a través de la navegación. De este modo esa “música callada”, que es la poesía, se adentra en cada lector, permitiéndole imprimir una voz personal e íntima. Dachs consigue ese poema infinito del que hablaba Borges, puesto que los poemas se vinculan con otros, desplegando interconexiones e invitando al lector a completar sus sentidos. El éxito de su apuesta fue tal, que Dahs no se quedó ahí y ha conseguido que se impliquen asociaciones, medios, publicaciones, universidades hasta conformar en “esa aldea global” que es Internet, un hipertexto integral donde se simultanean diversas lenguas: el francés, el inglés,  el castellano, el gallego y el castellano.

 Se trata pues de toda una revolución sin precedentes en la historia de la poesía, aunque no haya sido la única,  otras innovaciones como la escritura geométrica  y fractal, inventada también por él; la poesía holográfica del brasileño Eduardo Kac o las creaciones intermedia del artista gallego Antón Reixa, han mostrado el apogeo de la poesía,  ese género literario que en otros tiempos parecía la pariente pobre de la literatura.   Ante todas estas innovaciones el lector de poesía y el poeta se siente pletórico, porque ya nadie dice aquello de “malos tiempos para la lírica”.  Todas estas innovaciones muestran que la poesía no se amilana ante las nuevas tecnologías, ella siempre indaga nuevos medios de expresión; al fin y al cabo y pese a que hayan habido momentos de mayor o menor auge, el poeta, el buen poeta, siempre ha mantenido la aljibe de respuestas  lleno, y ha hallado las preguntas.

Los textos que figuran a continuación pertenecen a la edición en castellano de esos Poemas mínimos. En ellos, el poeta percibe la luminosidad de las palabras, porque el poema emerge con energía en busca de su esencia. Según su propia autor, el poeta, el mismo, siente el fogonazo de algunas de las imágenes que aparecen en el poema con más intensidad que otras, y ese fogonazo multiplica un haz de resonancias inmediata, haciendo que olvide el resto de la composición. Gracias a estos versos (en ocasiones sólo tres versos y a veces incluso únicamente tres palabras) el autor filtra su emoción más íntima y plena. Los eternos temas (el amor, la naturaleza, la búsqueda de plenitud) se condensan, invitándonos a completar su significado, con todo un haz de resonancias que permanece oculto.

 

Aunque se ha hablado de la resonancia oriental  de estos poemas ( Matsuo Bashô y la tradición japonesa), estos poemas son un ejemplo viviente de cómo pueden forjarse las palabras de todos esos maestros, pero no sólo los orientales, también Pound, Guiuseppe Ungaretti, Eugenio de Andrade, Juan Ramón Jiménez, Mallarmé; todos los que han buscado la esencia de la palabra poética resuenan aquí, todos y cada uno de ellos han forjado hitos, han abierto camino; sus voces no se han apagado, siguen ahí, siguen presentes en los nuevos maestros, en los nuevos poetas, y qué duda cabe que en Dachs, se asoman de puntillas y nos abrazan.

 

Ramón Dachs que ejerce actualmente como actualmente bibliotecario documentalista especializado en Humanidades en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona ha publicado entre otros: Obagues ( 1985), Fosca endis- (1993), Vacant ( 1995), Llibre d´amiga ( 1998), Cima branca ( 1995), Quadern rimbaldià o La intertextualitat generativa ( 1996) y Blanc ( 1998). Además ha traducido Cent un juejus de Xina Tang ( 1997) en colaboración con la sinóloga y traductora Anne-Hélêne Suárez. Poemes mínims apareció en 1995, y fue posteriormente traducido al castellano.

 

 

 

a flor de agua y de luz

el arquero del alba

tensa un hilo de luna

 

 

Breve epitafio para luego

 

ánima blanda y vagorosa

huésped y amiga de este cuerpo

¿dónde hallarás morada, ahora?

 

 

 

apremiante espejismo

el recuerdo

disipándose en nada

 

bajo los astros

lucen humildes

luciernaguitas

 

 

en extravío

 

campo a través

a la ventana

tras otro linde

 

 

claustros yermos

asomados

a la altura

 

y eco impávido

de grillos

en los muros

 

 

 

cuerpo con cuerpo

frágil

pacto desnudo

 

 

 

deambular de extraños

a la deriva y solos

hasta agotar sus días

 

 

 

periplo rojo

 

el sol se apea

del horizonte

sin barandilla

 

 

 

estrella fugaz

 

galope tendido

de crines astrales

prendido en llamas

 

 

 

labios

beben

labios

 

 

 

la muerte, noche inmensa

apaga alguna vez

minúsculas luciérnagas

 

 

la tierra atrae el cielo

trenzándose las aguas

con los pezones blancos

 

deseo

 

mil alas locas dislocadas

 

 

arco iris

 

oficio cristalino

solemne

liturgia de la luz

 

 

 

poema mínimo

cristal

irreductible

 

 

 

ruinosos molinos

erizan aún

colinas al viento

 

 

 

inerte orilla

 

sobre la arena

el mar respira

porosamente

 

 

 

sonámbulos que pululan

y embates de toros negros

apuran la oscuridad

 

 

 

transitan paisajes

efímeras sombras

que pierde el crepúsculo

 

 

 

 

tumulto en mutación

constante devenir

en tránsito sin fin

 

de tiempos por el tiempo

 

 

 

vacío

purpúreo

la noche

 

cascada

de luz

el alba

 

 

adagio

 

vive hoy

el día

fugitivo

 

Fantasia veneciana Rondo Veneciano

por Aghata
miércoles, 11 de noviembre del 2009 a las 14:47

¡Para mi amiga Eva con todo mi cariño! No digáis que no es una canción fantástica, como todas las de Rondo Veneciano

Esa muñeca a la que diste cuerda

por Aghata
miércoles, 11 de noviembre del 2009 a las 02:52

 

arquero.png

Despierta arquero,

tensa   los espejismos

que fluyen  por mi oído.

Olvida

el cuerno del Unicornio,

con tu alegría

 me  basta.

 

Aghata

Bravísima la poesía de Fernando Pessoa

por Aghata
martes, 10 de noviembre del 2009 a las 20:45

 

"Viver não é necessário; o que é necessário é criar"

La poesía de Pessoa se caracteriza por una fuerza inusual que nos obliga a penetrar en el laberinto de feria, por donde se pasean múltiples seres que dialogan entre sí, hasta el punto de que nos cuesta reconocerlo en medio de esa multitud de voces que se bifurcan en el espejo de sus creaciones. Pessoa no estaría completo sin ellos, consigo mismo no se basta. Si su vida se desliza callada por el camino del tedio y el desasosiego; su arte se derrama generosamente, gracias al diálogo que mantiene con todos esos personajes que salen por la noche e iluminan la habitación oscura donde el poeta se alimenta de creaciones que salen compulsivamente, sin que él pueda ni quiera detenerlas en el punto fijo de su persona.

 Pessoa prefiere ese drama de personajes al drama de la vida, insulsa y sin alicientes por las que se pasea, como un simple traductor de cartas comerciales. Su vida le importa poco, no tiene casi amigos, no siente el estallido del amor, ni siquiera  se inmiscuye en  el dolor del mundo. Caeiro, por ejemplo, afirma: “Que haya injusticia es como que haya muerte. Yo nunca daría un paso para alterar/ Aquello que llaman la injusticia del mundo.” Hasta la propia Ophéila Queiróz, con la que mantuvo cierta relación es consciente de esa incapacidad del poeta para las relaciones, ella misma admite que Pessoa es incapaz de definirse en un ser proteico, sin otros.

Los heterónimos trascienden la propia integridad del poeta, hasta el punto de sobrevivirle, como es el caso de Ricardo Reis.  Cada uno de ellos tiene una personalidad definida y se le atribuye una fisonomía, una biografía, un programa literario, etc. Pessoa, obsesionado por el ocultismo, llega incluso a realizarles el horóscopo o en su ¿locura? se presenta a reuniones afirmando ser cualquiera de sus heterónimos.  También asume las contradicciones y juega con el lector, al trastocar las fechas de nacimiento o muerte de los personajes o desubicar el nacimiento de un personaje, al que se le cambia el lugar de nacimiento. Todos estos juegos nos recuerdan por supuesto los juegos a los que se enfrentan los héroes de ficción al principio de siglo. Nos recuerda  al  Bernardo Soares de  El libro del desasosiego  “toda la vida del alma humana es un movimiento en la penumbra. Vivimos en medio de un crepúsculo de la conciencia, nunca seguros de lo que somos o de lo que creemos ser”.

Así resuena el sinsentido de la vida, la ausencia de asideros religiosos, el no saber para qué vivimos.   Él mismo afirma no ser nadie: «Siento que soy nadie salvo una sombra...» escribió. Cada heterónimo sería como una proyección a mano alzada de las distintas teorías o proyecciones literarias por las que puede pasar una obra. Ricardo Reis, el más cercano a Pessoa (recordemos que Pessoa es otro de los heterónimos), representa el clasicismo, la naturalidad y la sencillez. En esa obra son patentes algunas corrientes clasicistas como el estoicismo o el epicureísmo. Caeiro, por su parte, es el maestro de todos, incluso de Pessoa, pese a su escueta formación.  Los datos biográficos son mínimos porque “La vida de Caeiro no puede narrarse pues no hay más que contar. Sus poemas son lo que hubo en su vida. En todo lo demás no hubo incidentes, ni hay historia”. Se presenta ante Pessoa y se ríe de sus cavilaciones. Para él, que rechaza toda clase de doctrinas o filosofías, no hay nada más sencillo que la vida. Según él mismo afirma: “el único sentido íntimo de las cosas/ es que ellas no tienen ningún sentido íntimo”. En cuanto a Alvaro de Campos, es el poeta que más se distancia de los objetos, para centrarse en el sujeto. Practica cierto vitalismo aunque frustrado,  vuelve los ojos al mundo y admira las máquinas; es el adalid de la modernidad. Finalmente Pessoa, es el poeta  del vacío o de la nada: el agnóstico, el ocultista, el metafísico.

Claro que no son estos los únicos personajes que conviven en el baúl que la Fundación Gulbenkian entregó a la Biblioteca Nacional de Lisboa en 1979, también conviven otros, como Bernardo Soares, el autor de El libro del desasosiego, Alexander Search, Antonio Mora, Baron de Teive, etc. Todos ellos conforman ese drama de personajes que cambia el rumbo de la literatura portuguesa al convertirse en ese revulsivo que según Pessoa, necesitaba para penetrar de lleno en la modernidad. En ese baúl se encontraron 27.543 documentos. Toda una vida: diarios, horóscopos, trabajos de astrología, correspondencia, poemas, prosas, obras de teatro, traducciones.  

Una proyección interesante de toda esa obra es la que realiza Richard Cámara, quien a partir de las cuartetas de Pessoa, ha dado vida a los poemas a través de sus ilustraciones. Afirma que no le ha resultado fácil elegir las  cuartetas de entre más de 400 y que siempre desea añadir más a su exposición. Reconoce que cuando descubrió por casualidad las cuartetas, sintió que debía compartirlas con el público. Esa saudade, le arrastro a seguir ese delirio, pese a que no es fácil dibujar las palabras del poeta. Pero no ha sido este el único eslabón artístico con el resto de artes: también la música ha realizado su propio homenaje al poeta de los heterónimos, Tabaquería, por ejemplo, ha sido versionada por Liliana Fernández y Tom Jobim ha versionado “El tajo es más bello que el río que pasa por mi aldea” del maestro Caeiro.

Pessoa, es un poeta único dentro de la trayectoria de Occidente, un poeta dedicado plenamente a su obra, un poeta, que en último aliento de su vida, pidió sus anteojos y en una hoja de papel escribió: “No sé lo que me traerá el mañana”.

Ya en 1930, Pierre Hourcade, el primer extranjero que se acerca a su obra afirma: “ Pessoa ha realizado una cosa extraordinaria: aislarse de la vida, rehusar la gloria para no mutilarse. Este solitario, con la riqueza de tantas vidas en una sola vida, se ha burlado de nosotros. Ha tenido el arte de construir consigo mismo, para sí mismo, un universo tan perfectamente fértil en magia imprevista, en descubrimientos fecundos, que todos los demás somos para él inútiles y casi inoportunos. No le interesa iniciarnos en las maravillosas fantasías de su teatro secreto”.

   

 

 

 El guardador de rebaños

 

Nunca guardé rebaños,

pero es como si los guardara.

Mi alma es como un pastor,

conoce el viento y el sol

y va de la mano de las Estaciones

siguiendo y mirando.

Toda la paz de la Naturaleza sin gente

viene a sentarse a mi lado.

Pero me pongo triste como una puesta de sol

para nuestra imaginación,

cuando refresca en el fondo de la llanura

y se siente que la noche ha entrado

como una mariposa por la ventana.

 

Pero mi tristeza  es sosiego

porque es natural y justa

y es lo que debe haber en el alma

cuando piensa que existe

y las manos cogen flores sin darse cuenta.

 

Como un ruido de cencerros

más allá de la curva del camino, 

mis pensamientos están contentos.

Sólo me apena saber que están contentos,

porque, si no lo supiera,

en vez de estar contentos y tristes,

estarían alegres y contentos.

Pensar es incómodo como andar bajo la lluvia

cuando el viento crece y parece que llueve más.

 

No tengo ambiciones ni deseos.

Ser poeta no es una ambición mía.

Es sólo mi manera de estar solo. (…)

 

 

Si pudiera morder la tierra entera

y sentir su sabor,

y si la tierra fuera algo para morder

sería más feliz un instante…

Pero no siempre quiero ser feliz.

Hace falta ser infeliz de vez en cuando

para poder ser natural…

No todo es días de sol,

y la lluvia, cuando escasea, se pide.

Por eso tomo la infelicidad y la felicidad

con naturalidad, como quien no se extraña

de que haya montañas y llanuras

y de que haya rocas y hierba…

 

Lo que sí hace falta es ser natural y calmo

en la felicidad o en la infelicidad,

sentir como quien mira,

pensar como quien anda,

y cuando se va a morir, acordarse de que el día muere,

y que el poniente es hermoso y hermosa la noche que queda…

Y que si así es, es porque es así. (…)

 

A veces, en días de luz perfecta y exacta,

en que las cosas tienen toda la realidad que pueden tener,

me pregunto a mí mismo despacio

por qué siquiera atribuyo

belleza a las cosas.

 

¿ Una flor tiene acaso belleza?

¿ Tiene belleza acaso un fruto?

No: tienen color y forma

y existencia tan sólo.

La belleza es el nombre de algo que no existe

y que doy a las cosas a cambio del agrado que me dan.

No significa nada.

Entonces, ¿por qué digo de las cosas: son bellas?

 

Sí, incluso hasta mí, que vivo solamente de vivir,

vienen invisibles a encontrarme las mentiras de los hombres

ante las cosas,

ante las cosas que simplemente existen.

 

¡Qué difícil ser uno mismo y no ver sino lo visible!

 

 

Poemas inconjuntos

 

Hablas de civilización, y de no deber ser,

o de no deber así.

Dices que todos sufren o la mayor parte,

con las cosas humanas puestas de esta manera.

Dices que si fuesen diferentes, sufrirían menos.

dices que si fuesen como tú quieres, sería mejor.

Escucho sin oírte.

¿ Para qué querría oírte?

Oyéndote, terminaría sin saber nada.

Si las cosas fueran diferentes, serían diferentes: eso es todo.

Si las cosas fueran como tú quieres, serían sólo como tú quieres.

¡Ay de ti y de todos los que se pasan la vida

queriendo inventar la máquina de hacer felicidad!(…)

 

 

Si, después de que muera, quisieran escribir mi biografía,

no hay nada más sencillo.

Sólo tiene dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte

Entre una y otra cosa, todos los días son míos.

 

Soy fácil de definir.

Vi como un maldito.

Amé las cosas sin ningún sentimentalismo.

Nunca tuve un deseo que no pudiese realizar, porque nunca me

cegué.

Incluso oír no fue nunca para mí sino un complemento de ver.

Comprendí que las cosas son reales y diferentes las unas de las otras;

Comprendí esto con los ojos, nunca con el pensamiento.

Comprenderlo con el pensamiento sería crearlas todas iguales.

 

Un día me entró sueño como a cualquier niño.

Cerré los ojos y me dormí.

Aparte de esto, he sido el único poeta de la Naturaleza. (…)

 

Last Poem 

                    ( dictado por el poeta el día de su muerte)

 

Es quizá el último día de mi vida.

He saludado al sol, levantando la mano derecha,

pero no lo he saludado para decirle adiós.

He hecho una señal de que me gustaba verlo todavía, nada más.

 

Ricardo Reis

 

Odas

                    x

Mejor destino que el de conocerse

no goza quien mente goza.    Mejor, sabiendo

           ser nada, que ignorando:

        nada dentro de nada.

Si no hubiera en mí poder que venza

a las parcas tres y a las moles del futuro,

          ya me den los dioses

         el poder de saberlo;

y la belleza, increíble por mi sistro,

yo goce eterna y dada, repetida

          en mis pasivos ojos,

          lagos que la muerte seca.

 

                       XVII

No quieras; Lidia, edificar en el espacio

que figuras futuro, o prometerte

mañana. Cúmplete hoy, no esperando.

        Tú misma eres tu vida. 

No te destines, que no eres futura.

¿ Quién sabe si,  entre la copa que vacías

y ella de nuevo llena, la suerte no

               te interpone el abismo?

 

 

OCHO ODAS PUBLICADAS POR FERNANDO PESSOA EN LA REVISTA <<PRESENÇA>> (1927-1933)

 

El rastro breve que de las hierbas blandas

yergue el pie concluso, el eco que hueco se cuela,

                 la sombra que sombrea,

            el blanco que la nao deja:

ni mayor no mejor deja el alma a las almas,

el ido a los que se están yendo. El recuerdo olvida.

            Muertos, aún morimos.

          Lidia, somos, sólo nuestros.

 

ODAS DE PUBLICACIÓN PÓSTUMA

 

No tengas nada en las manos

ni un recuerdo en el alma,

 

que cuando te pongan

en las manos el óbolo último,

 

al abrirte las manos

nada te caerá.

 

¿Qué tronos quieres darte

que Átropos no te quite?

 

¿Qué laureles que no se mustien

en los arbitrios de Minos?

 

¿Qué horas que no te hagan

de la estatura de la sombra

 

que serás cuando estés

en la noche y al final del camino?

 

Coge las flores pero suéltalas,

de las manos apenas las miraste.

 

Siéntate al sol. Abdica

y sé rey de ti mismo.

 

 

No sé si es amor que tienes, o amor que finges,

el que me das.  Me lo das. Tanto me basta.

   Pues no lo soy por tiempo,

    sea joven por error.

Pocos nos dan los Dioses, y lo poco es falso.

Mas, si lo dan, aunque falso, la dádiva

    es verdadera. Acepto,

     cierro los ojos: es bastante.

 

 

 

Cada día sin gozo no fue tuyo:

fue sólo durar en él. Cuanto vivas

    sin gozarlo, no vives.

 

No pesa que ames, bebas o sonrías,

basta el reflejo del sol ido en el agua

     de un charco, si te es grato.

 

¡Feliz quien por tener en cosas mínimas

su placer puesto, ningún día niega

    la natural ventura!

 

 

Álvaro de Campos

Viaje

 

Soñar un sueño es perder otro. Entristecido

contemplo el puente pesado y en calma…

cada sueño es un existir de otro sueño,

¡Oh, alma mía, eterna  desterrada en ti misma!

 

Siento en mi cuerpo más conscientemente

el rodar estremecido del tren. ¿Se para? …

Como con un intento intermitente

de ---- mal rodar, se detiene. En una estación, clara

 

de realidad y gente y movimiento.

Miro afuera… Ceso… Me estanco en mí.

Resoplar de la máquina… Caricia de viento

pero la ventana se abre… Estoy distraído…

Parar… seguir… parar… Esto es sin fin

 

¡Oh el horror de la llegada! ¡Horror! ¡Oh nunca

llegar, oh hierro en trémulo seguir!

Al margen del viaje prosigue… Trunca

la realidad, pasa al lado del ir

y por el lado interior de la Hora

huye, usa la eternidad, vive…

Sobrevive el momento ---va!

Suavemente … suavemente, cada vez más suave y tarda

---entra en la gare… Rechina… se detiene… ¡Es ahora!

 

Todo lo que fui en sueños, el otro-yo que tuve

resbala por mi alma… Negro declive

resbala, se hunde, se evapora para siempre

y de mi conciencia un Yo que nuca obtuve

dentro en mí de mí cae.

 

Oda triunfal

 

A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica

tengo fiebre y escribo.

Escribo rechinando los dientes, fiera ante toda esta belleza,

ante toda esta belleza absolutamente desconocida para los antiguos.

 

¡Oh ruedas, oh engranajes, r-r-r-r-r-r- eterno!

¡Fuerte espasmo retenido de los maquinismos enfurecidos!

¡Enfurecidos fuera y dentro de mí,

por todos mis nervios disecados,

por todas las papilas de todo aquello con que siento!

Tengo los labios secos, ¡oh grandes ruidos modernos!,

por oíros demasiado cerca,

y me arde la cabeza por querer cantaros con un exceso

de expresión de todas mis sensaciones,

con un exceso contemporáneo de vosotras, oh máquinas!

 

Enfebrecido y mirando los motores como a una Naturaleza tropical

-grandes trópicos humanos de hierro y fuego y fuerza-

Canto, y canto el presente, y también el pasado y el futuro,

porque el presente es todo el pasado y todo el futuro

y hay Platón y Virgilio dentro de las máquinas y de las luces eléctricas

sólo porque hubo antaño y fueron humanos Virgilio y Platón,

y pedazos de Alejandro Magno del siglo tal vez cincuenta,

átomos que han de tener fiebre en el cerebro de Esquilo del siglo

cien,

andan por estas correas de transmisión y por estos émbolos y por

estos volantes,

rugiendo, crujiendo, rumoreando, atronando, ferreando,

haciéndome un exceso de caricias en el cuerpo con sólo una caricia

en el alma.

 

¡Ah, poder expresarme entero como un motor se expresa!

¡Ser completo como una máquina!

¡Poder ir triunfante por la vida como un automóvil último modelo!

¡Poder, al menos, penetrarme físicamente de todo esto,

rasgarme entero, abrirme completamente, volverme poroso

a todos los perfumes de aceites y colores y carbones

de esta flora estupenda, negra, artificial  e insaciable!

(…)

 

 

Lisbon Revisited

   (1926)

 

Nada me ata a nada.

Quiero cincuenta cosas al mismo tiempo.

Anhelo con una angustia de hombre de carne

no sé bien qué:

definidamente lo indefinido…

Duermo inquieto y vivo en un soñar inquieto

del que duermo inquieto, a medias soñando.

 

Me cerraron todas las puertas abstractas y necesarias.

Corrieron cortinas por dentro de todas las hipótesis que

yo podría ver desde la calle.

No hay en el callejón en que me encuentro el número de

la puerta que me dieron.

 

Desperté a la misma vida que me había adormecido.

Hasta mis ejércitos soñados sufrieron la derrota.

Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.

Hasta la vida sólo deseada me harta, hasta esa vida…

 

Comprendo a intervalos inconexos;

escribo por lapsos de cansancios;

y un tedio hasta del tedio me arroja a la playa.

 

No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón;

No sé qué islas del Sur imposible me aguardan náufrago;

o qué palmares de literatura me darán un verso al menos.

 

No, no  sé esto, ni sé otra cosa, ni sé nada de nada…

Y en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo que soñé,

en los campos últimos del alma, donde recuerdo sin causa

( y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),

en caminos y atajos de florestas lejanas

donde supuse mi ser,

huyen desmantelados, últimos restos

de la ilusión final,

mil ejércitos soñados, derrotados sin haberlo sido,

mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.

 

Otra vez vuelvo a verte,

Ciudad de mi infancia, pavorosamente perdida…

Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí…

¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí viví y aquí he vuelto,

y aquí he vuelto a verte, y a volver,

y aquí de nuevo he vuelto a verte?

¿O somos todos los Yos con los que estuve aquí o estuvieron

una serie de cuentas- entes ensartadas en un hilo- memoria,

una serie de sueños de mí por alguien que hay fuera de mi?

 

Otra vez vuelvo a verte,

con el corazón más lejano, el alma menos mía.

 

Otra vez vuelvo a verte – Lisboa y Tajo y todo-,

transeúnte inútil de ti y de mí,

extranjero aquí, como en todas partes,

tan casual en la vida como en el alma,

fantasma errando por los salones del recuerdo,

con ruido de ratas y maderas que crujen

en el castillo maldito de tener que vivir…

 

Otra vez vuelvo a verte,

sombra que pasa a través de sombras, y brilla

un instante a una fúnebre luz desconocida,

y entra en la noche como se pierde la estela de un barco

en el agua que dejamos de oír…

 

Otra vez vuelvo a verte,

pero , ¡ay, a mí no vuelvo a verme!

Se ha roto el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,

y en cada fragmento fatídico veo sólo un trozo de mí;

¡un trozo de ti y de mí!...

 

 

Fernando Pessoa

 

Lluvia oblicua

Poemas interseccionistas

 

       V

Afuera va un remolino de sol los caballitos de carrusel…

Árboles, piedras, montes, bailan parados dentro de mí…

Noche absoluta en la feria iluminada, luar en el día de sol ahí

afuera,

y todas las luces de la feria hacen ruido en los muros del huerto…

Grupos de muchachas con cántaros en la cabeza,

que pasan por fuera, llenas de estar bajo el sol,

se cruzan con grandes grupos viscosos de gente que va por la feria,

toda esa gente mezclada con las luches de las casetas, con la noche

y con el luar,

y los dos grupos se encuentran y se entremezclan

hasta formar uno sólo que es dos…

La feria y las luces de la feria y la gente que anda en la feria,

y la noche que coge la feria y la levanta en el aire,

andan por encima de las copas de los árboles llenas de sol,

andan visiblemente por debajo de las peñas que lucen al sol,

surgen del otro lado de los cántaros que las muchachas llevan

en la cabeza,

y todo ese paisaje de primavera es la luna sobre la feria,

y toda la feria con ruidos y luces es el suelo de este día de sol…

 

De pronto alguien sacude esta hora doble como en un tamiz

y, mezclado, el polvo de las dos realidades cae

sobre mis manos llenas de dibujos de puertos

con grandes naos que se van y no piensan en volver…

Polvo de oro blanco y negro sobre mis dedos…

Mis dedos son los pasos de aquella muchacha que abandona la feria,

Solitaria y contenta como el día de hoy…

 

 

Episodios

La momia

 

¿Por qué las cosas abren alas para que pase?

Tengo miedo de pasar entre ellas, tan paradas conscientes.

Tengo miedo de dejarlas a mi espalda quitándose la Máscara.

Pero siempre hay cosas a mi espalda.

Siento su ausencia de ojos mirándome, y me estremezco.

 

Sin moverse, las paredes me vibran sentido.

Hablan conmigo sin voz de decirme las sillas.

Los dibujos del mantel de la mesa tienen vida, cada uno es un abismo.

Brilla sonriendo con visibles labios invisibles

la puerta abriéndose conscientemente

sin que la mano sea más que el camino para abrirse.

¿Desde dónde me están mirando?

¿Qué cosas incapaces de mirar me están mirando?

¿Quién todo lo espía?

 

Las aristas me miran.

Sonríen realmente las paredes lisas.

 

Sensación de ser tan sólo mi espinazo.

 

Las espadas.

 

Esto

(…)

SUEÑO.  No sé quién soy en este momento.

Duermo sintiéndome. En la hora calma

mi pensamiento olvida el pensamiento,

      no tiene alma mi alma.

 

Si existo, es un error saberlo. Si despierto

parece un error mío. Siento que no sé.

Nada quiero ni tengo ni recuerdo.

       No tengo ser ni ley.

 

Lapso de conciencia entre ilusiones,

Fantasmas me limitan y contienen,

duerme ignorante de ajenos corazones,

      un corazón de nadie.

 

 

 

QUIERO, tendré:

si no aquí,

en otro lugar que aún no sé.

Nada perdí.

Todo seré.

 

Un corazón de nadie, Fernando Pessoa

Antología poética ( 1913-1935)

 

Galaxia Gutemberg/ Círculo de Lectores

Bravísima la poesía de Odysseas Elytis

por Aghata
sábado, 07 de noviembre del 2009 a las 01:36

Te presentamos ahora una selección poética de uno de los grandes poetas griegos del siglo XX. Me refiero a Odysseas Elytis, uno de los constituyentes de la conocida generación del 30, coetánea de nuestro 27 y que presenta no pocos puntos de conexión con esta. Ambas generaciones lidiaron por la búsqueda de un universo poético que fusionase tradición y modernidad, en un contexto donde las veleidades del Surrealismo producían un efecto hipnótico, hasta el extremo de llevar la “escritura automática” hasta su propio estrangulamiento. Sin embargo, ni Odysseas ni los poetas del 27 se sirvieron de ese automatismo a ultranza; en ambos casos, la sumersión en esa atmósfera delirante que buscaba imágenes impactantes, no vino acompañada de dislocación o destrucción sintáctica que interfiriese en el sentido intrínseco del poema. El poeta griego, al igual que Lorca, por ejemplo, poeta por el que sintió gran admiración y que influyo en su obra, se sirvieron del Surrealismo, pero nunca dejaron que este movimiento los cegase, hasta el extremo de escribir de forma huera o incomprensible.

Odysseas nació  en Creta (1911), aunque pronto su familia se trasladaría a Atenas, donde el poeta realizaría sus estudios y donde comenzaría su carrera de Derecho. Sin embargo, el joven se daría cuenta de que no eran las leyes la profesión por la sentía fervor, sino la escritura literaria y las artes.  De hecho, en 1935, aparecen sus primeros  poemas  en la revista Nea Ghrammata (Nuevas Cartas). Había comenzado su proyección artística. De 1939 es la serie Orientaciones, donde se percibe cierta influencia del surrealismo, al igual que cuando leemos  El sol primero  (1943).  Todos estos poemas  nos muestran un paisaje marino, el de las islas del Egeo. Las cosas, los objetos, los personajes se tornan traslúcidos, gracias a esa luminosidad que los reviste de una aureola mística. Sin embargo, nunca se desentiende de la dimensión ética que se pasea ante nosotros, de forma subterránea, hasta que eclosiona, tras su experiencia en el frente. Esta apuesta por la libertad se abre nítida ante nuestros ojos a partir del Canto Heroico y Fúnebre por el Subteniente caído en Albania (1943).

 Sería, no obstante,  To Áxion Esti, cuando su voz inconfundible se sumerge en la conciencia de la modernidad en busca de respuestas que validasen la confianza en la fe del ser humano y el rechazo de la guerra. El autor interpreta el mundo en primera persona, se sumerge en su dolor y proclama los principios éticos que deberían regir el nuevo orden contemporáneo. Las tres partes de la obra, Génesis, Pasión y Gloria, se conjugan en una glorificación de lo efímero; Ixíón proclama la valentía de lo pequeño, este microcosmos, que es el nuestro  despliega sus alas, es omnipresente y con esa  fe  debemos caminar. En 1979 al poeta se le concedería el Nobel,  pues para la Academia sueca, “además del lado físico de los objetos y la habilidad en cada uno de sus detalles, también está la habilidad metafórica para hacernos a su esencia y darles tal claridad, que su significado metafísico también logra mostrarle”. Esa dimensión ética es una constante en su obra. Su fantasía no es un juego gratuito,  porque para él la poesía es  “como una fuente inocente llena de fuerzas revolucionarias. Es mi misión dirigir estas fuerzas contra un mundo que mi conciencia no puede aceptar, precisamente como es traer ese mundo por las continuas metamorfosis a la gran armonía de mis sueños”.

Sus últimas composiciones son más serias y reflexivas. En María Nefeli, por ejemplo, el autor se adentra en el paisaje urbano que huele a corrupción y desasosiego: <<Lástima lástima mundo/ te gobiernan futuros muertos>>.  Finalmente en Diario de un abril invisible (1984), Elegías de Oxópetra (1991) y Al oeste del dolor (1995) se adentra en el tema de la muerte,  consciente de que el hombre debe desprenderse de falsos miedos y mentiras para abrazar su Destino. Nos quedamos con esa fuerza incombustible que brotan de sus propias palabras, que apelan al carácter imperecedero del arte:

 “Toda gran música, en el fondo, es un menosprecio de la muerte. Lo Uno y lo Absoluto que concibe nuestra mente es lo mucho y lo relativo de los demás, llevados a la claridad de la unidad. La distancia de la ``nada'' a lo ``mínimo'' es mucho más grande que la de lo ``mínimo'' a lo ``mucho''. Grecia es el país dorado de la Poquedad que inutiliza el valor del número; pero también el país negro de lo Desigual, donde ningún destino se corta a la medida dada del inicio. En la vida, que aciertes a algunas codornices significa: las mataste. En el arte: las resucitaste”.

 

Dignum est

Muchas veces me combatieron desde mi juventud,

más no pudieron conmigo.

                                                                   SALMO  128

 

  El Génesis

 

En un principio la luz. Y la luz primera

                                  en que los labios todavía en el barro

                                  prueban las cosas del mundo

            Sangre verde y en la tierra bulbos dorados

            Bellísima en su sueño se tendió la mar

           sin blanquear las gasas de éter

            bajo los algarrabos y las grandes erectas palmeras

                                  Allí solo hice frente

                                   al mundo

                                    llorando amargamente

Mi alma buscaba Señuelo y Heraldo

                                    Vi entonces recuerdo

                                    a las tres Mujeres de Negro

           levantando las manos hacia Oriente

           Dorada su espalda y la nube que dejaban

           apagándose poco a poco

                                  por la derecha Y plantas de distinta figura

            Era el sol todo rayos que llamaba

            con su eje en mi interior. Y

el que yo era en verdad El muchos siglos antes

El todavía verde dentro del fuego. El arraigado en el cielo

                                   Sentí que venía  y me inclinaba

                                   sobre mi cuna

igual que memoria hecha presente

tomó la voz de los árboles, de las olas:

                                        <<Misión tuya –dijo- este mundo

                                             escrito en tus entrañas

                                             Lee y esfuérzate

                                             y lucha>>, dijo

<<Cada cual con sus armas>>, dijo

Y los brazos extendió como

un joven primerizo dios que crea a un tiempo sufrimiento y alegría

                    Primero arrancadas con fuerza

                   se desclavaron y cayeron de lo alto de las almenas

                   las siete Hachas

                                                   como en la Tormenta

                                                  punto cero en que empieza nuevamente

                                                 la fragancia del pájaro

pura regresaba la sangre

y los monstruos tomaban forma humana

                                                Qué patente lo Incomprensible

                  Después llegaron también todos los vientos de mi familia

                  los muchachos con los carrillos hinchados

                   y las anchas verdes colas como Sirenas

                                                 y otros ancianos, de antiguas familiares

                                                  conchados, barbudos

                Y la nube partieron en dos  Y luego en cuatro

               y soplaron los restos, echándolos hacia el Norte

                Impuso su ancho pie sobre las aguas arrogante la gran Torre

La línea del horizonte brilló

Visible densa impenetrable

(…)

La marcha hacia el frente

(…) Noche tras noche caminamos sin parar, uno detrás de otro, igual que ciegos. Desprendiendo a duras penas el pie del barro, donde, a veces, nos hundíamos hasta la rodilla. Porque casi siempre lloviznaba fuera, en los caminos, como en nuestra alma. Y en las pocas ocasiones que hacíamos un alto para descansar, no abríamos la boca, solamente, serios y callados, una a una nos repartíamos las pasas,  a la luz de una pequeña tea. Y otras veces, si se podía, nos soltábamos la ropa a toda prisa y nos rascábamos con rabia horas enteras hasta hacernos sangre. Que estábamos de piojos hasta el cuello y eso era más insoportable que la fatiga. Finalmente, terminaba por oírse en la oscuridad el silbato, señal de que nos poníamos en marcha otra vez, y avanzábamos como animales para ganar terreno, antes de que amaneciera y nos localizaran los aviones. Pero como Dios no entendía de objetivos y de esas cosas, conforme tenía por costumbre, siempre a la misma hora clareaba el día.

Entonces, escondidos en las vaguadas, reclinábamos la cabeza por el lado pesado, por el que no salen sueños. Y los pájaros estaban irritados con nosotros sencillamente porque no dábamos importancia a sus palabras o quizá también porque afeábamos sin motivo su naturaleza. Éramos campesinos de otra especie, con piquetas y herramientas de otro tipo, malditas sean.

Doce días enteros habíamos pasado allá atrás en los pueblos, contemplando horas el contorno de la cara en el espejo. Y ahora que se había vuelto a acostumbrar nuestros ojos a las viejas facciones que nos eran familiares, a penetrar tímidamente el labio desnudo o las mejillas saciadas de sueño, he aquí que la segunda noche estábamos como cambiados, la tercera todavía más y la última, la cuarta, ya sin duda, no éramos los mismos. Sólo que parecía que avanzábamos revueltos hombres de todas las generaciones y todas las épocas, unos de ahora, otros de tiempos muy antiguos, blancos, de tanta barba. Ceñudos capitanes con la cabeza vendada, y rudos popes, sargentos del 97 o del 12, torvos, zapadores blandiendo el hacha sobre el hombro, apelates, y escuderos cubiertos aún de sangre de búlgaros y turcos. Todos juntos, mudos, gimiendo hombro con hombro, cruzamos crestas y gargantas sin pensar en nada más. Porque así como los hombres cuando les viene una y otra vez la suerte en contra, se acostumbran al Mal y terminan por cambiarle el nombre, lo llaman Destino o Fatalidad, del mismo modo nosotros íbamos directos a lo que llamábamos Calamidad, como quien dice Niebla o Nube. Desprendiendo a duras penas el pie del barro, donde a veces nos hundíamos hasta la rodilla. Porque casi siempre lloviznaba fuera, en los caminos, como en nuestra alma. (…)

Orientaciones

 

Dé part dans l´affection et le bruit neufs!

                                       RIMBAUD

               

XVI

( De <<Bonanzas>>)

Si los manzanos florecen

Con un aliento de música entre las hojas

Formas de fruto bañadas en lágrimas planean

Suavemente

Por el agua calla de la pila del sol

 

Si ataviaremos la tierra

Abrazaremos el día

Ulularemos

En el pecho de la verdadera madre.

 

 

XXI

(De << El concierto de los jacintos>>)

 

Tienes una tierra letal que hojeas incesantemente y no duermes. Tantos cerros dices, tantos mares, tantas flores. Y tu único corazón se hace plural idealizando su quintaesencia. Y dondequiera que te dirijas se abre el espacio, y cualquier palabra que envíes al infinito me abraza. Adivina, esfuérzate, siente:

Del otro lado soy el mismo.

 

 

 

 

Seis y un remordimiento por el cielo

 

El sueño de los valientes

 

Huelen a incienso todavía, y tienen el rostro quemado por la travesía de los Grandes Lugares Oscuros.

 

Allí donde el golpe los arrojó lo Inamovible

 

De bruces, en una tierra cuya anémona más chiquita bastaría

Para envenenar el aire del infierno

 

( Una mano hacia delante, diríase que pugna por agarrar el futuro, la otra bajo la cabeza desolada, vuelta hacia el costado

 

Como si contemplara por última vez, en los ojos de un caballo destripado, el cúmulo de escombros humeantes)

 

Allí los soltó el Tiempo. Una de las alas, la más roja, cubrió el mundo, mientras la otra, delicada, se agitaba ya en el espacio,

 

Sin arrugas ni remordimiento pero a gran profundidad

 

La antigua sangre inmemorial comenzaba penosamente a amanecer, en medio de la negrura del cielo

 

Un sol joven, inmaduro aún

 

Que no alcanzaba a disolver la escarcha de los corderos del trébol vivo, pero anulaba, antes de que brotara una espina siquiera, el oráculo de las tinieblas…

 

Y desde el principio Valles, Montañas, Árboles, Ríos,

 

Resplandecía una creación de sentimientos vengados, idéntica pero vuelta del revés, por lo que ellos mismos pudieran pasar ahora, con el Verdugo ejecutado en su pecho,

 

¡Campesinos del azul infinito!

 

Ni siquiera al dar las doces en las profundidades, ni siquiera la voz del Polo, cayendo en picado, les hizo volver sus pasos,

 

Leían ávidamente el mundo con los ojos abiertos para siempre, allí donde de golpe los arrojó lo Inamovible 

 

De bruces, allí se precipitaban los buitres para saborear la arcilla de sus entrañas y su sangre.

 

María Nefeli

 

Mas yo os digo que no hagáis frente al malvado

                                     Mateo, 5: 39.

 

Adivina, esfuérzate, siente: Del otro lado soy el mismo

                                           

La apuesta eterna

 

Porque un día morderás el nuevo limón

y liberarás

de su interior enormes cantidades de sol.

 

Porque todas las corrientes de los mares

súbitamente iluminadas te enseñarán

a elevar la tempestad al plano ético.

 

Porque incluso en tu muerte serás de nuevo

como el agua al sol

que se enfría por instinto.

 

Porque serás iniciada por los pájaros

y una hojarasca de palabras te vestirá

de lengua griega para que parezcas invencible.

 

Porque una gota culminará

Imperceptiblemente tus párpados

más allá del dolor y tras un largo llanto.

 

Porque toda la crueldad del mundo se convertirá en piedra

y te sentarás dominadoramente

como un dócil pájaro en tu palma.

 

Porque tú sola te adaptarás por fin

despacio a la grandeza

del alba y del ocaso.

 

 

 

 

Diario de un abril invisible

 

     Sábado, 2 M

 

Mi vida ( un pedacito insignificante de  mi vida9 al caer sobre la vida de los demás, deja un agujero.

 

Uno puede, aplicando allí su ojo, ver eternamente un mar oscuro y una muchacha vestida de blanco volando de izquierda a derecha y perdiéndose en el aire.

 

El pequeño nautilo

                     

                    I

( De <<Perfumar lo excelente>>)

Un día la vida que perdí, la volví a encontrar en los ojos de una joven ternera que me miraba con devoción. Comprendí que no había nacido por casualidad. Me puse a remover la tierra de mis días, a darles la vuelta, a buscar. Quería palpar la materia de mis sensaciones. Para adquirir, por los indicios que he encontrado dispersos en este mundo, una inocencia robusta que quite las manchas de sangre – la injusticia- y forzar así a los hombres a que me gusten.

 

Difícil – pero ¿cómo hacerlo? A veces siento que soy tantos que me pierdo. Quiero hacerme realidad aunque sea en la duración de una edad que sobrepasa a la mía.

 

Si no hay manera de derribar la falsedad, ni siquiera con el tiempo, entonces he perdido el juego.

 

De cerca

 

Como la espiga transforma su sabiduría en pan, así el poeta en su insensatez en amargo  mercurio, pero de amor.

 

Por el camino encuentras a tu Ulises, y eso es un problema. Quiere que duermas con las velas desplegadas y el áncora alzada.

 

Blancos jirones de nube mostraban

De qué forma sopla en aquel mundo.

   Dignum est y otros poemas, Odysseas Elytis

Galaxia Gubenberg, Círuclo de Lectores.                  

 

 

 

                                                     

 

 

 

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Gracias amiga, eso sí que me va a venir bien: recargar energías, es estimulante......(01 dic)
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Vale, Luz... Descanso, estoy hecha un flan. El médico dice que ´debería volver a operarme, que han ......(01 dic)
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