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Textos para talleres literarios: El espacio narrativo.

por Aghata
domingo, 06 de septiembre del 2009 a las 01:50

El espacio

Si atentemos a la percepción kantiana, el espacio es, al igual que el tiempo, una <<forma a priori de la sensibilidad>>, una condición subjetiva que nos permite la perfección externa de los fenómenos que se producen en la realidad. Desde esta perspectiva espacio y tiempo se solapan, se interrelacionan, ya que todas las intuiciones del espacio son también intuiciones en el tiempo.  Según esto no existe “ espacio sin tiempo, ni tiempo sin espacio”, ya que incluso cuando evocamos en el recuerdo acontecimientos, objetos y personas, los situamos en un espacio y un tiempo determinado.

Algo similar ocurre cuando aplicamos esta categoría a la creación artística, el espacio es una vez más una condición subjetiva imprescindible para poder “representar” mundos imaginarios, que el escritor es capaz de reproducir gracias a su fantasia y al lenguaje literario.  Tanto en la ficción narrativa como en el teatro, acción, personajes y objetos deben concebirse en unas coordenadas espacio-temporales, que son necesarias para el desarrollo de la trama.

El narrador de un relato da forma a un espacio imaginario a través de la descripción y disposición de los objetos  que configuran el escenario en el que se mueven los personajes, formando parte de él.  De manera que el narrador no sólo nos sitúa la realidad ficticia en un ámbito de proximidad o alejamiento, sino que además puede estimular nuestra percepción  si introduce con eficacia el espectrum de las sensaciones ( luz, colores,r uidos, voces, aromas); elementos que actualizan esos objetos, personajes, u ámbitos ante nuestros ojos. 

El espacio puede servir de marco para el desarrollo de acción; pero también puede conformar un haz de pruebas que insinuan los condicionantes de los personajes, sus rasgos sicológicos más significativos.  Se convierte así en un índice de su propia trayectoria vital. Esto es lo que sucede tanto en los movimientos realista o naturalista como en ciertos modelos de conducta y de la incardinación del personaje en un estracto social, algo habitual en el tremendismo o en la novela social. De hecho, el espacio puede adquirir un cariz camaleónico si se fusiona con los personajes, cuyos rasgos son como haces de luz del mismo.  Así en una novela como El túnel de Ernesto Sabato, la disociación entre espacios herméticos ( cárcel,túnel) y espacios abiertos
(la escena de la ventana), adquiere un sentido simbólico  que muestra el  hundimiento del protagonista en la “caverna negra” y “los muros de este infierno”.

El espacio condicina, pero a la vez está condicionado por la estructura del relato. Cada género narrativo exige el conocimiento de diferentes técnicas para plasmar los espacios. La novela picaresca, por ejemplo, requiere un cambio continuo de escenarios porque la trama se desarrolla a partir de relación entre el pícaro y sus diversos amos; la pastoril, exige una descripción minuciosa de los escenarios exteriores (campo, montaña, valle), mientras que en  gran parte de la narrativa realista o naturalista nos movemos a través de escenarios interiores ( viviendas, fábricas, etc).  El espacio puede constituirse también como una herramienta eficaz para ofrecer al lector un autoanálisis de la conciencia, a través de la exploración de sus más íntimos desasiegos: confesiones, diarios, sueños recurrentes, son habituales, por ejemplo, en la novela psicológica, donde parece que el tiempo se apoltrona, se detiene ante un lector ávido por conocer los secretos íntimos de los personajes.  Hasta tal punto se inmiscuye esta categoría en la estructura narrativa, que se ha llegado de subcategorizar una narración atendiendo al lenguaje geométrico; así hablamos de estructura circular, concéntrica, en espiral, poligonal, etc.

 

En cuanto al estudio de esta categoría en el texto teatral se observa en primer lugar la diferencia que existe entre el espacio dramático y la escenificación. El primero atiende a la función creadora de un autor, cuyas indicaciones y acotaciones sirven tanto al lector del texto como al director de escena para que se cree una imagen mental del marco en el que se desarrolla la acción y el movimiento de los personajes. En cuanto al espacio escéncio este se concreta en el desarrollo de un espectáculo, de acuerdo con las posibilidades que ofrece la sala o el edificio en el que se pone en escena o representa la acción.  De hecho, a lo largo de la historia del teatro, se ha tratado de manera diversa el espacio dramático: desde la estructura circular del teatro griego, pasando por el escenario múltiple longitudinal de la Edad Media, hata la versión frontal en forma de vitrina, con una sola cara abierta al público.  Se trata de una cuestión estética que diverge según las diversas concepciones que pueden asumir una perspectiva simbólica, alegórica, arqueológica, mimética o estilizada de los elementos escenográficos.

 

Analiza el espacio que muestra el narrador en los siguientes textos.

Elige uno de los textos propuestos para el análisis y escribe una continuación que resulte verosímil dentro del contexto de enunciación.

Aquel año la tristeza había aparecido a la hora de siempre, Estaba Ana en el comedor. Sobre la mesa quedaban la cafetera de estaño, la taza y la copa en que había tomado café y anís don Víctor, que ya estaba en el Casino jugando al ajedrez. Sobre el platillo de la taza yacía medio puro apagado, cuya ceniza formaba repugnante amasijo impregnado del café frío derramado. Todo esto miraba la Regenta con pena, como si fuesen ruinas del mundo. La insignificancia de aquellos objetos que contemplaba le partía el alma; se le figuraban que eran símbolos del universo, que era así ceniza, frialdad, un cigarro abandonado a la mitad por el hastío del fumador. Además, pensaba en el marido incapaz de fumar un puro entero y de querer por entero a una mujer. Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro.

Todas estas locuras las pensaba, sin querer, con mucha formalidad. Las campanas comenzaban a sonar con la terrible promesa de no callarse en toda la tarde ni en toda la noche. Ana se estremeció. Aquellos martillazos estaban destinados a ella (…).

La Regenta, Clarín

 

 

Sigüenza contemplaba la tarde, angustiado, enfermo de tristeza, una tristeza tan acerba, tan densa, que le parecía que no era sólo un sentimiento suyo, sino que tenía una realidad propia, separada, grande, más fuerte que nuestra alma; la tristeza se le incorporaba de todo lo que veía, porque la vega, sus humos, sus árboles, los montes y el cielo, todo estaba hecho, cuajado de tristeza, la misma que le oprimía siendo chiquillo, cuando, vestido de uniforme de colegial, salía con su brigada, la de los pequeños, por aquellas sendas, aguardando el paso del tren, un tren que le traía tantas memorias alegres, que aún le entristecía más que el paisaje y el regrso al colegio de Santo Domingo.

Y Sigüenza volvíose a un hidalgo, camarada de viaje, que llevaba a su hijo para ponerlo interno en los Jesuitas, y moderadamente le confesó algo de sus recuerdos de convictorio.

El hidalgo le interrumpio:

-¿ Y no volvería usted a esos años? ¿ No le parece a usted que es una tristeza muy sabrosa la de la niñez del colegio?¿Qué no? ¡Pues cómo! ¿Qué si tuviese usted hijos no los traería donde usted estuvo?

Sigüenza dijo que no. Si esa tristeza es gustosa, lo será únicamente para los grandes; pero la de los niños es seca y helada y helada, sin ese perfume de lejanía. Cuando él estaba en Santo Domingo envidiaba la vida ancha y libre de un herrero cercano, cuyos cantos y el martilleo de su forja penetraban alborozadametne por todas las ventanas, invadiendo el silencio de los estudios; envidiaba a un señor Rebollo, mercader de chocolates elaborados a brazo, y al parsar por su portal todos los colegiales se miraban, recogiendo con delicia el rumor del rodillo y el tibio aroma del cacao; envidiaba a los hombres que estaban sentados a la orilla del río, fumando y mirando las burbujas de la corriente; envidiaba a un cochero que iba a la estación restallando la tralla, que sonaba como un cohete de fiesta, piropeando a gritos a las huertanas, y se imaginaba que ese hombre estaba hecho de la santa emoción de todos los hogares, porque en su vetusto coche llegaban casi todos los padres de los internos.

Gabriel Miró, Libro de Sugüenza.

 

Ya  Odiseo enderezaba sus pasos a la ínclita casa de Alcínoo, y antes de llegar frente al broncíneo umbral, meditó en su ánimo muchas cosas. La mansión excelsa del magnífico Alcínoo resplandecía con el brito del sol o de la luna. A derecha e izquierda corrían sendos muros de bronce desde el umbral al fondo; en lo alto de ellos extendíase una cornisa de lapislázuli; puertas de oro cerraban por dentro la casa sólidamente construida; las dos jambas eran de plata y arrancaban del broncíneo umbral; apoyábase en ellar argénteo dintel y el anillo de la puerta era de oro. Estaban a entrambos lados unos perros de plata y oro, inmortales y exentos para siempre de la vejez, que Hefesto había fabricado con sabia inteligencia para que guardaran la casa del magnánimo Alcínoo. Había sillones arrimados a la una y a la otra de las paredes, cuya serie llegaba sin terrupción desde el umbral a lo más hodo, y cubrían los delicados tapices hábilmente tejidos, obra de las mujeres. Sentábanse allí los príncipes faecios a beber y  a comer, pues de continuo celebraban banquetes. Sobre pedestales muy bien hechos hallábanses de pie unos niños de oro, los cuales alumbraban de noche, con hachas encendidas en las manos a los convidados que hubiera en la casa (…).

Detúvose el paciente divinal Odiseo a contemplar todo aquello, y después de admirarlo, pasó rápidamente el umbral, entró enla casa y halló a los cuadillos y príncipes de los faecios ofreciendo con las copas ilbaciones al vigilante Argifontes, que era el último a quien las hacían cuando ya determinaban acostarse, mas el paciente divinal Odiseo anduvo por el palacio, envuelto en la espesa nube con que lo cubrió Atenea, hasta llegar adonde estaban Arete y el rey Alcínoo. Entonces tendió Odiseo sus brazos a las rodillas de Arete, disipóse la divinal niebla, enmudecieron todos los  de la casa al reparar en aquel hombre a quien contemplaban admirados, y odiseo comenzó su ruego de esta manera:

Odiseo.- ¡Arete, hija de Rexénor, que parecía un dios! Después de sufrir mucho, vengo a tu esposo, a tus rodillas y a estos convidados, a quienes permitan los dioses vivir felizmente y entregar su herencia a los hijos que dejen en sus palacios, así como también los honores que el pueblo les haya conferido. Más aprestadme hombres que me conduzcan , para que muy pronto vuelva a la patria, pues hace mucho tiempo que ando lejos de los amigos, padeciendo infortunios.

Homero, La Iliada.

 

 

 

12  de diciembre

 

Querido Guillermo: Me encuentro en un estado que debe parecerse al de los desgraciados que antiguamente se creían poseídos del espíritu maligno. No es el pesar; no es tampoco un deseo ardiente, sino una rabia sorda y sin nombre que me desgarra el pecho, me anuda la garganta y me sofoca. Sufro, quisiera huir de mí mismo y paso las noches vagando por los parajes desiertos y sombríos en que abunda esta estación enemiga. Anoche salí. Sobrevino súbitamente el deshielo y supe que el río había salido de madre,q ue todos los arrollos de Walheim corrían desbordados y que la inundación era completa en mi querido valle. Me dirigí a él cuando rayaba la media noche, y presencie un espectáculo aterrador. Desde la cumbre de una roca vi, a la claridad de la luna, revolverse los torrentes por los campos, por las praderas y entre los vallados, devorándolo y sumergiéndolo todo; vi desaparecer el valle; vi, en su lugar, un mar rugiente y espumoso, azotado por el soplo de los huracanes. Después, profundas tinieblas; después, la luna, que aparecía de nuevo para arrojar una siniestra claridad sobre aquel soberbio e impotente cuadro. Las olas rodaban con estrépito…, venían a estrellarse a mis pies violentamente… un extraño temblor y una tentación inexplicable se apoderaron de mí. Me encontraba allí con los brazos extendidos hacia el abismo, acariando la idea de arrojarme en él. Sí, arrojarme y sepultar conmigo en su fondo mis dolores y sufrimientos…

Las desventuras del joven Wherther, Goethe

 

La atmósfera del salón a aquella alta hora de la noche era irrespirable. Las emanaciones de los cuerpos acumulados desde media tarde en tan reducido espacio, el humo del tabaco al que no había modo de dar salida ya que toda apretura de ventana al exterior está rigurosamente castigada, el polvo levantado cuando el barro de los pies de los visitantes consigue paulatinamente desecarse, los perfumes baratos, las toses repartidas en mil partículas esféricas y microscópicas, la brillantina chorreante de muchas cabezas masculinas constituían un fluido denso sólo a cuyo través erda dado admirar los cuerpos escultuririformes apenas velados por las vestimentas más inverosímiles y breves de las blancas de cuya trata era cuestión, apoyados en una de las largas paredes. Contrastando con el estruendo de la tumultuosa escalera y con la riqueza de elementos táctiles, aromáticos y visuales, un discreto silencio avergonzado daba un aire aún más litúrgico a la escena. El deseo mudo se expresaba en miradas casi de refilón, casi ocultas, casi disimuladas.

Tiempo de silencio, Luis Martín Santos.

Textos para talleres literarios: El tiempo narrativo.

por Aghata
sábado, 05 de septiembre del 2009 a las 20:13

Tiempo narrativo

Hace referencia a la duración, la sucesión y el orden de los acontecimientos, por lo que este concepto es fundamental en un relato o un drama, ya que éstos necesitan ubicarse en una temporalidad determinada.  Por lo tanto todo escritor que se precie, tiene en cuenta esa coordenada abstracta cuando configura aleatoriamente el universo imaginario en el que se mueven los personajes.

Es obvio que ese tiempo en el que se mueven los personajes difiere del tiempo cronológico, en el que sucederían los acontecimientos en la realidad. Es un tiempo creado que el autor manipula a su arbitrio. De hecho, una misma historia de ficción puede ser relatada en diferentes tiempos: en presente, en pasado, en prospección, adelantando acontecimientos, utilizando el <<flash bask>> que remonta a experiencias pasadas, etc. Se trata pues de una categoría abstracta que puede configurarse de diversas formas. Los formalistas rusos, por ejemplo, distinguen un tiempo de la fábula, o sea, el orden cronológico en el suceden los acontecimientos de una historia, y un tiempo de la trama, el orden en el que el narrador los presentas al relatar la historia. G. Genette, por su parte, denomina a este tiempo de la fábula, tiempo de la historia (ahí los acontecimientos siguen un progresión lógico-causal); mientras que el tiempo de la trama, es para él, el tiempo del discurso de la enunciación. Este tiempo adscribe el desarrollo de los acontecimientos a su línea de aparición en el texto del relato.

La Teoría Literaria ha hecho pues hincapié en las relaciones existentes entre este tiempo de la historia y el tiempo del discurso, intentando sistematizarlas. Tanto Genette, como Todorov, han realizado estudios en este campo  a partir de las relaciones que se establecen en el orden temporal, la duración o la frecuencia.

Si atendemos a las relaciones que se establecen en el orden temporal, tendremos en cuenta que según como sucedan los acontecimientos en la historia y en el discurso, se pueden producir desajustes, básicamente "prospecciones" o "retrospecciones". La prospección o prolepsis, se produce cuando se adelantan o anteponen acontecimientos que deberían aparecer a posteriori, si atendiéramos al orden lógico de sucesión. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en una novela policíaca, cuando se nos presenta el crimen consumado, que debería ser el desenlace, pero que es situado al comienzo de la obra. La analepsis o retrospección, por su parte, se produce cuando, en el desarrollo de una narración, se introduce otra en la que se relatan acontecimientos anteriores al tiempo de la primera, como sucede cuando aparece una narración dentro de otra, en la que se relata acontecimientos sucedidos en un tiempo inmemorial.

En cuanto a  las relaciones de duración, estas parten de la comparación del tiempo que se dedica en el discurso para narrar una acción y el tiempo que ocuparía el desarrollo real de dicha acción en la historia. Todorov, por ejemplo, atiende a las dicotomías que presenta la ralentización de la acción debida a la aparición de descripciones, de lo que sucede cuando se omite la narración de un período de vida del personaje porque no es significativo para el desarrollo de los acontecimientos. Por lo tanto según él podemos encontrarnos en un relato: a) Pausa: cuando al tiempo del discurso no le corresponde ningún tiempo de la historia, por ejemplo, cuando aparecen descripciones o reflexiones; b) Elipsis: cuando al tiempo de de la historia no le corresponde un tiempo en el discurso: p. e., cuando se suprime un período de vida del personaje por ser irrelevante; c) Escena: cuando se produce total correspondencia entre el tiempo de la historia y el del discurso: p.e., en una escena dialogada, en un monólogo, etc.; d) Resumen: cuando en el discurso se condensa el tiempo de la historia: p. e., si en una frase se sintetiza lo sucedido en un período de meses o años; e) Análisis: cuando se amplifica en el discurso el tiempo de la historia: p. e., en el Ulysses de Joyce.

Finalmente también podemos estudiar las relaciones de frecuencia, la intersección entre los acontecimientos de la historia narrados y el número de enunciados del discurso sobre ellos.  Todorov observa las disonancias que se producen entre un relato singulativo, en el que un único acontecimiento es evocado en un único discurso; frente a un relato repetitivo o uno, iterativo. En el repetitivo nos encontramos frente a un único acontecimiento, contado desde diversos discursos; por e., cuando un personaje relata de forma obsesiva la misma historia en diversas ocasiones, o cuando diversos personajes cuentan el mismo hecho. Por su parte, si el relato es iterativo, un único discurso evoca diversos acontecimientos semejantes que se repiten.

Otro aspecto que puede tenerse en cuenta, es el estudio sintáctico, propiamente dicho, de los tiempos verbales. En este caso distinguimos entre tiempos narrativos o tiempos de la historia ( el imperfecto, el pretérito perfecto simple y el condicional) y tiempos del discurso a los que circunscribimos el presente, el perfecto y el futuro.  Una perspectiva psicológica de tendría en cuenta la disonancia recurrente muchas veces entre el tiempo cronológico de los acontecimientos y la vivencia subjetiva de ese tiempo por parte de los personajes. En La Regenta, por ejemplo, la tarde que pasa Ana en el Vivero con sus amigos se le hace al Magistral interminable. Es lo que sucede también en los momentos preliminares de un encuentro ansiado, ese nimio momento puede resultarle interminable al personaje. En novelas clásicas como Rojo y Negro de Stendhal, el lector percibe cómo se ralentizan los acontecimientos en diversas ocasiones, lo que nos aproxima obviamente a los procedimientos de Miro, Azorín  o Proust, que ralentizan las acciones, para observar el proceso psicológico de los personajes.... El lector siente en estos casos, que el huidizo tiempo se apelmazaba hasta que se detiene.

Actividades 

Analiza los procedimientos temporales  que aparecen en los textos siguientes.

Elige uno de los textos e introduce una continuación que respete los procedimientos utilizados.

 

“…. se acordaba sin querer de la barca de Trébol, de aquel gran pecado que había cometido, sin saberlo ella, la noche que pasó dentro de la barca con aquel Germán, su amigo… ¡Infames! La Regenta sentía rubor y cólera al recordar aquella calumnia. Dejó el libro sobre la mesilla de noche –otro mueble vulgar que irritaba el buen gusto de Obdulia-, apagó la luz… y se encontró en la barca de Trébol, a medianoche, al lado de Germán, un niño rubio de donce años, dos más que ella.  ´Él la abrigaba solícito con un saco de lona que habían encontrado en el fondo de la barca. Ella le había rogado que se abrigara él también, debajo del saco; como si fuera una colcha, estaban los dos tendidos sobre el tablero de la barca, cuyas bandas oscuras les impedían ver la campiña; sólo veían allá arriba nubes que corrían delante de la cara de la luna”.  

La Regenta, Clarín.

 

Anochece. Se oye el traqueteo persistente de un carro; tintinea a intervalos una esquila. El cielo está pálido: la negrura ha ascendido de los barrancos a las cumbres; los bancales, las viñas, los almendros se confunden en una macha informe. Destacan indecisos los bosquecillos de pinos en las laderas. La laguna desaparece borrosa. Y vibra una canción lejana que sube, baja, ondula, plane, ríe, calla…

El campo está en silencio. Pasan grandes insectos que zumban un instante; suena de cuando en cuanod la flauta de un cuclillo; un murciélago gira calladamente entre los pinos. Y los grillos abren su coro rítmico,  los comunes en notas rápidas y afanosas, los reales en una larga, amplia y sostenida nota sonora.

Ya el campo reposa en las tinieblas. De pronto parpadea a lo lejos una fogata. Y de los confines remotos llega y retumba en todo el valle el formidable y sordo rumor de un tren que pasa…

Azorín.

 

Esa misma noche cinco hombres sorprendieron a Diego Sauri en la mitad del recorrido que hacía por las casas de sus enfermos.  Lo golpearon  hasta dejarlo como un montón de trapos, lo ataron de pies y manos y le rompieron la boca con que alcanzó a insultarlos antes de cerrar los ojos que le guardarían para siempre la imagen de una luna inmensa, burlona y amarilla, como la risa de un dios.

Cuando pudo volver a preguntarse qué le estaba pasando, sintió temblar el agua bajo la celda que lo encerraba. Iba en un barco, rumbo a quién sabía dónde y en vez de que lo inundara el miedo, lo estremeció la curiosidad. Por mañ que fuera, iba camino al mundo.

Nunca supo cuántos días pasó en aquel encierro. Una oscuridad y otra y muchas le cruzaron por encima hasta que perdió el sentido del tiempo. La embarcación había atracado más de cindo veces cuando el hombre que le llevaba todos los días unos mendrugos le abrió la puerta.

-          So here we are- le dijo un gigante rojo mirándolo con toda la piedad de que pudo ser capaz, y lo dejó en libertad.

Here era un helado puerto en el norte de Europa. Varios años y muchos aprendizajes después, Diego Sauri volvió a México como quien vuelve a sí mismo y no se reconoce. Sabía hablar cuatro idiomas, había vivido en diez países, trabajado como asistente de médicos, investigadores y farmaceúticos, caminando las calles y los museos hasta memorirar los recovecos de Roma y las plazas de Venecia. Era un cosmopolita y un excéntrico, pero ambicionaba como nadie que su última peripecia lo llevara de la mano a la misma soba bajo el mismo techo por que timpo que le restase de vida.

Ángeles Mastretta, Mal de amores.

 

Una tarde de septiembre, ante la amenaza de una tormenta, regresó a casa más temprano que de costumbre. Saludó a Rebeca en el comedor, amarró los perros en el patio, colgó los conejos en la cocina para asarlos más tarde y fue al dormitorio a cambiarse de ropa. Rebeca declaró después que cuando su marido entró en el dormitorio ella se encerró en el baño y no se dio cuenta de nada. Era una versión difícil de creer, pero no había otra más verosímil, y nadie pudo concebir un motivo para que Rebeca asesinara al hombre que la había hecho feliz. Ese fue tal vez el único misterio que nunca se esclareció en Macondo. Tan pronto como José Arcadio cerró la puerta del dormitorio, el estampido de un pistoletazo retumbó en la casa. Un hilo de sangre, salió de debajo de la puerta, atravesó la sala, salió a la calle, siguió en su curso directo por los andenes disparejos, descendió escalinatas y subio petriles, pasó de largo por la Calle de los Turcos, dobló una esquina a la derecha otra a la izquierda, volteó en ángulo recto frente a la casa de los Buendía, pasó por debajo de la puerta cerrada, atravesó la sala de visitas pegado a las paredes para no manchar los tapices,s iguió por la otra sala, eludió en una curva amplia la mesa del comedor, avanzó por el corredor de las begonias y pasó sin ser visto por debajo de la silla de Araranta que daba una lección de aritmética a Aureliano José, y se metió en el granero y apareció en la cocina donde Úrsula se disponía a partir treinta y seis huevos para el pan.

-Ave María Purísima- gritó Úrsula.

G. García Márquez, Cien años de soledad.

 

 

Venga claval. Desembucha. Mis padres me engendraron hace muchos años, pero en este momento no tendré más de tres o cuatro meses. Todo está ocurriendo como en un sueño congelado en la placenta de la memoria, en un tiempo suspendido que engendró la caraba de mascaradas públicas e infortunios privados, atropellos y desventuras, calabozos y hierros.

-¿Qué pasa, se te ha comido la lengua el gato?- la voz intempestiva y ronca del hombre se abate de nuevo sobre mi hermano David, los dos enfrente de casa. Hace apenas media hora ha caído sobre el barrio una tormenta atronadora y sombría y ahora, cuando la mañana vuelve a brillar esplendora y el aire y la luz se erizan acariciando la piel y los ojos, David se seitne otra vez tan delicado y aparente que no le habría importado recibir el imperioso mandato de la autoridad vestido de Shirley Temple con sus tirabuzones rubios, sus hoyuelos en los mofletes y su vocecita de niña viciosilla:

-¿Mande?

-Digo que lo sueltes ya, si es que tienes algo que contarme sobre tu madre… -secretamente encelada, la voz se traba en su propia ronquera y su delirio, pero las palabras suenan sin acritud, en un tono tan poco apremiante e insidioso que, al oírlas, un chico menos malicioso que Davida Bartra habría tomado como un guiño que buscara complicidad y no como un desafío.

- ¿Me está provocando, sahib?

-¿Qué es lo que sabes?- insiste el visitante-. Sea lo que sea, me interesa. Te escucho.

Lo estoy viendo como si ocurriera ahora mismo ante mis ojos. El hombre sigue plantado frente a la puerta de casa con su trinchera gris plegada al hombro, golpea calmosamente el extremo del cigarrillo sobre la uña del pulgar y espera. Pero David percibe la combustión interna del rostro apagado y, antes incluso de recibir la orden, ha visto reflejada fugazmente en sus ojos líquidosy pesaroros la imagen femenina que le conturba; así que ahora guarda silencio, mirándose hacia adentro sin decir lo que también él está viendo, y por un instante, ambos, niño y policia, evocan a mamá esperando el tranvía en el mismo lugar y en idéntica postura, apoyada en la misma farola de la Travesera con el libro abierto en las manos, el mismo ardiente sol en los cabellos y la misma ensoñación en los ojos. Muy bella en su espera ensimismada, nuestra pelirroja no tiene la mirada ni el pensamiento puestos en la página del libro, sino en el humo azul del cigarrillo que sostiene entre los dedos, o tal vez más allá del humo, en algún repliegue funesto de la luz, un sombrajo de mal presagio que sólo ella percibe en medio de la radiante mañana de julio.

-¿Y?

Rabos de lagartija, Juan Marsé

 

 

Páginas de Mery Aurora

por Aghata
sábado, 05 de septiembre del 2009 a las 00:11
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Aurora

 

Ternura sobre la piel

Fuego fausto…  quemó sin querer

 

 Ceniza...  fin de la herida

aquella pupila

 

favila de  tristeza adherida

voló entre silencios …

….al azar

 

Próxima aurora…espero tu roce

sin avisar …

 

Sin despertarme de mi sueño errante

entre el ruido del vendaval

… perdido.

 

Pequeño diccionario de mitos, dioses y héroes griegos y romanos. J

por Aghata
viernes, 04 de septiembre del 2009 a las 23:58

J

 

Jano.  Siempre representado con dos caras opuestas, Jano es el dios de las encrucijadas, las puertas y los caminos. Fue el primer dios que se veneró en ceremonias religiosas y dio nombre al mes de enero. Era el dios protector de los soldados ya que estos debían pasar bajo las puertas de la ciudad antes de ir a la guerra. Además, se le consideraba el inventor de la moneda, y las primeras monedas romanas llevaban su característica efigie de dos caras.

 

Janto. Caballo de Aquiles, inmortal y capaz de hablar.

 

Jápeto. Uno de los Titanes, padre de Prometeo.

 

Jasón. Príncipe de Tesalia  que fue desposado ilegítimamente de su trono por Pelias. Para mantenerlo alejado, Pelias le dijo que le restituiría en el trono si le traía el Vellocino de oro que colgaba de un árbol en la Cólquide que se hallaba en el mar Negro y era custodiado por un dragón.  El héroe consultó el Oráculo de Delfos y con la ayuda de Hera, reunió a un grupo de valientes que le acompaño en la misión. El héroe se puso rumbo a bordo de su navío, el Argos. Entre los cincuenta acompañantes, conocidos como los Argonautas, se encontraban varios héroes griegos.  Tuvieron que sortear infinidad de penalidades antes de llegar a su destino: entre ellas, la trágica lucha contra los doliones en la isla de Cícico, la persecución de las Harpías a la entrada del Bósforo o el paso de las temibles rocas de las Simplegades.  La expedición además se detuvo en Lemnos, donde Jasón yació con Hipsípila, quien posteriormente tendría dos hijos.  Cuando llegaron a la Cólquide y se presentaron ante Eetes, éste se negó al principio a dejarlos irse con el Vellocino de Oro. Para ello les instó a que realizasen una serie de pruebas, a cual más difícil. En todas ellas fue proverbial la ayuda de la magia de Medea, la hija del rey.  Consiguieron huir pero ante la persecución del rey, Medea sugirió que se descuartizase a su hermano Apsirto, de forma que al lanzarlo al mar, su padre se entreviera recogiendo los restos de su hijo.  Al regresar a Yolco, Medea hizo creer a las hijas de Pelias que si cortaban y hervían a su padre, le devolverían la juventud.  Más tarde, sería repudiada por Jasón provocando la desgracia de su descendencia.

 

 

 Julo. Nombre que los romanos dieron a Ascanio, el hijo de Eneas. De él, el poeta Virgilio hace descender a la familia romana Julia, a la que pertenecen Julio César y el emperador Augusto.

 

Juno. Nombre romano de la diosa Hera.

 

Júpiter. Nombre romano de Zeus.

 

 

Pequeño diccionario de mitos, dioses y héroes griegos y romanos I

por Aghata
viernes, 04 de septiembre del 2009 a las 23:12

I

 

Ida. Hermano de Linceo. Eran primos de los Dioscuros, contra los cuales combatieron. Durante ese enfrentamiento, Ida mató a Cástor e hirió a Pólux. Zeus, para ayudar a sus hijos, lo fulminó.

 

Idomeneo. Jefe de las tropas cretenses en la guerra de Troya. Figuró entre los pretendientes a la mano de Helena.

 

Ilitía. Diosa de los partos.

 Ino. Hija de Cadmo y Harmonía, y hermana de Dioniso. Se casó con Atamante y lo convenció para que acogieran al pequeño Dioniso.  Hera, celosa, los volvió locos. Ino se arrojó al agua y se convirtió en la Nereida Leucótea.

Iris. Es la diosa del arco iris, así como la mensajera de los dioses. Siempre está dispuesta a ayudarlos. En ocasiones también socorre a los mortales, cuando se encuentran en apuros.

 

Iro. Mendigo que pedía limosna a la puerta del palacio real de Ítaca. Fue castigado por Ulises porque pretendió impedirle el acceso al recinto.

 

Ïsmaro. Ciudad de Tracia, en el país de los Cicones. Ulises se apoderó de ella de vuelta a Ítaca, pero fue expulsado de allí por los campesinos de los alrededores.

 

Ismene. Hija de Edipo y Yocasta,  hermana de Antígona.

 

Ixión. Rey de los lapitas condenado a girar en el Hades sin cesar, atado a una rueda encendida.

 

Pequeño diccionario de mitos, dioses y héroes griegos y romanos H

por Aghata
viernes, 04 de septiembre del 2009 a las 20:15

H

 

Hades. Dios de los muertos, reinaba sobre el mundo subterráneo de las tinieblas. Uno de los Olímpicos, era hijo de Cronos y Rea y hermano de Zeus, Hera y Poseidón. Los romanos lo llaman Plutón. En el reparto del mundo que se hicieron los hermanos al derrocar al padre, a él le tocó el mundo subterráneo, o sea, el reino de los muertos. Este era un lugar tenebroso, lleno de tinieblas o sombras donde vagan las almas de los muertos.  El dios se enamoraría de Perséfone, hija de Deméter y la raptaría con el consentimiento de Zeus. Démeter enfureció y  juró que dejaría la tierra yerta, sin el sustento de los cereales, pero al fin Zeus pudo aplacarla.

 

Hados. Los hados ( o Moiras) eran hijas de Zeus y de la titánide Temis, y eran las que se encargaban de controlar el destino de los hombres. Se solían representar como un grupo de tres ancianas que tejían el hilo de la vida. Sus nombres eran Atropo, Cloto y Laquesis. La primera hilaba, la segunda enrollaba y, por último, la tercera cortaba el hilo cuando llegaba la hora de la muerte.

 

 

Harmonía. Hija de Ares y Afrodita, y esposa de Cadmo.

 

Harpías. Monstruos con cuerpo de pájaro y cabeza de mujer. Raptaban a los niños y se llevaban las almas de los difuntos.  Vivían en unas islas del mar  Egeo. Cuando el rey tracio Fineo faltó a los dioses, éstos  enviaron a las Harpías para que le sacasen los ojos y le robasen la comida. Cuando los Argonautas llegaron a Tracia, el viento del norte alejó a estos temibles monstruos.

 

Hebe. Diosa de la juventud. Se encarga de servir la ambrosía y el néctar, que constituían el alimento y la bebida de los dioses. Prepara el baño de Ares y ayuda a Hera a enganchar su carro. Cayó en desgracia cuando Zeus le asignó a Ganímedes como compañero de mesa, aunque cuando Heracles alcanzó la inmortalidad, se convirtió en su esposa.

 

Hécate. Descendía de los Titanes, por lo que era independiente de los Olímpicos, a pesar de lo cual Zeus la tenía en gran estima. Es la patrona de los magos. Habitaba en el Hades, donde presidía algunas ceremonias. Solía salir a la superficie acompañada de sus perros y tomaba formas diferentes, como la de un lobo, una yegua o una mujer con tres cuerpos y tres cabezas. A menudo presidía los cruces de caminos, donde se levantaban estatuas en su honor.

 

Hecatonquiros. Hijos de Urano y Gera. Sus nombres eran Coto, Briareo y Giges. Eran gigantes de cincuenta cabezas y cien brazos, invencibles por su fuerza. Al igual que sus hermanos, los Ciclopes, apoyaron a Zeus en la lucha contra los Titanes.

 

Héctor.  Era el que dirigía a los troyanos, un héroe de una gran fortaleza física. Mató a muchos griegos, entre ellos Patroclo, el compañero de Aquiles, además de herir a otros, como Agamenón o Ulises. Cuando Aquiles se enteró de la muerte de su amigo, ardió en cólera. La encarnizada lucha que se produjo entre los dos fue espectacular. Aquiles salió al fin victorioso, después enganchó el cuerpo de Héctor en su carro,  a modo de triunfo.

Héctor se convirtió en uno de los prototipos del liderazgo, pues no era orgulloso ni vengativo, sino un hombre virtuoso, buen marido y padre, que sabía su destino de antemano. El héroe era consciente de que si mantenía su valor en el combate, moriría con gloria.

 

Hécuba. Esposa de Príamo, rey de Troya, y madre de Héctor y Paris.  Dio a Priamo cincuenta hijos, pero casi todos perecieron en la guerra de Troya. Al tener a Paris tuvo el presagio de la destrucción de la ciudad, motivo por el que lo abandonaron. Pero al poco tiempo fue descubierto y volvió con su familia. Había estado viviendo con unos pastores.

 

 

Hefesto. Dios del fuego, los metales y la naturaleza, hijo de Zeus y Hera. Los romanos lo llaman Vulcano.   Fue concebido por Hera, con ayuda de Gea, en venganza por el nacimiento atípico de Atenea, que había salido de la cabeza de Zeus.  No obstante cuando vio su deformidad, ya que era cojo, lo arrojó al mar. Unas ninfas lo rescatarían y él se convertiría en un buen artesano, capaz de hacer bellos adornos con joyas y corales. Los dioses quedaron impresionados por su talento, y lo condujeron de nuevo al Olimpo para que custodiase el fuego. Se encarga de hacer los rayos de Zeus.  Entre sus obras destacan una armadura mágica que hacía invencible al héroe y Pandora, la primera mujer mortal. Se enamoró de Afrodita y solicitó a Zeus casarse con ella, a cambio de unos favores que le había hecho. Pero Afrodita le fue infiel y, finalmente, se separaron. Sus atributos son la fragua, el martillo, las tenazas y el yunque.

 

 

Helena.   Era hija de leda, reina de Esparta y de Zeus. Era famosa por su belleza. Mientras Menéalo ( su marido)  se hallaba en Creta, con motivo de los funerales de su abuelo Catreo, Paris  aprovechó para raptarla, lo cual aprobó Afrodita, quien se la había ofrecido a modo de agradecimiento tras concederle la manzana de oro.

 

Helio. El Sol, hijo del titán Hiperión y la titánide Tía. Se dice que Helio muy temprano abandona su palacio en el este y cruza el cielo en un carro dorado tirado por cuatro caballos, hasta llegar al oeste, donde descansa. Cuando se acerca la noche navega de vuelta al este a través del río Océano. Su culto principal se encuentra en la isla de Rodas, la isla que Zeus le dio en compensación por haber sido olvidado en la repartición del universo.

 

Hémera. Hija de Nix, la Noche. Personifica la luz diurna.

 

Hemón. Hijo de Creonte ( II) y prometido de  Antígona.

 

Hera.  Hija de Cronos, hermana y esposa de Zeus. Su nombre romano era Juno. Es la diosa que protege el matrimonio y las relaciones legítimas.  Siempre está celosa  e irritada por las infidelidades de su marido. Los castigos que inflinge a aquellas que han tenido relaciones con su esposo y a su descendencia son terribles.  Su odio a Heracles sería un ejemplo. En la guerra de Troya, fue enemiga de los troyanos y, posteriormente, persiguió a los supervivientes, como Eneas. Sus atributos son la diadema, el pavo real y la granada.

  

 

Heracles. El héroe griego por antonomasia, famoso por los trabajos que emprendió. Sus padres humanos eran Anfitrión, oficialmente, y Sémele. Su verdadero padre es Zeus, quién consiguió engañar a la mujer para gozar de ella, metamorfoseándose en el esposo. Los romanos lo llaman Hércules.  

 

Hermes. Hijo de Zeus y la Ninfa maya, este joven dios, mensajero de los Olímpicos, va ligado al movimiento, los contactos, las transacciones, los viajes y el comercio.  No obstante al principio era únicamente el dios de los pastores y el ganado. Aparece representado con un sombrero de viajero, unas sandalias aladas y una vara que tenía un par de serpientes enrolladas, conocida como el caduceo.  Poseía una cara oculta, pues a veces transmitía noticias falsas y podía presidir tanto negocios limpios como ilícitos. Unía la tierra y el cielo, y a los vivos con los muertos.  Era habitual hallar estatuas o bustos suyos en las encrucijadas de los caminos. Los romanos lo llaman Mercurio.

 

Hestia. Diosa del hogar, hija de Cronos. Fue el último de sus hijos que éste engulló y el primero que apareció cuando se vio obligado a regurgitarlos. Es la más antigua de las divinidades y también la más pacífica.  Protege la estabilidad familiar y el orden social. Es además la que preside la ceremonia de asignación de nombre a los recién nacidos.

 

Himeneo. Dios que preside el cortejo nupcial. Se trata de un canto en honor de los novios.

 

Hímero. Genio, personificación del deseo amoroso.

 

Hiperenor. Uno de los Espartoi.

 

Hipno. Personificación del sueño. Hijo de la Noche y Erebo, y hermano de Tánato, la Muerte.

 

Hipodamía. Hija de Enómao, rey de Élide. Su padre no quería casara, y cada vez que tenía un pretendiente, lo retaba a que lo venciera en una carrera de carros. Como el rey hacia trampa, siempre ganaba, y le cortaba la cabeza al pretendiente derrotado. Pelote fue más astuto que Enómao.

 Hipólita. Reina de las Amazonas.  Las amazonas eran hijas de Ares y vivían en las montañas Amazónicas de Frígia ( la actual Turqiran).  Destacaban como excelentes luchadoras, de hecho se decia que se amputaban el pecho derecho para facilitar el lanzamiento de jabalinas y flechas. El izquierdo lo mantenían para poder amamantar al bebé. Solían batallar a caballo y sólo se apaaban después de matar a un hombre.  A los hombres les estaba prohíbida la entrada en su territorio.  Cuando buscaban descendencia,  se unían a los miembros de otras tribus o razas.  En caso de que tuvieran un niño, lo mataban sin contemplaciones, éste no sobrevivía.

Hipólita era su reina. Llevaba ceñido el cinturón de oro de Ares,  como símbolo de su supremacia. Conseguirlo, fue uno de los trabajos de Heracles. Éste zarpó con un grupo de voluntarios, entre ellos Teseo, Peleo y Telamón, hacia el río Termodón en Frigia.  Al llegar, se encontró con Hipólita, que prometío darle el cinturón de buen grado.  Pero Hera, nuevamente, le jugó una mala pasada. Se disfrazó de amazona y extendió el rumor de que Heracles quería raptar a su reina.  Las Amazonas belicosas, se dirigieron al puerto y Heracles se vio obligado a enfrentarse a ellas. El héroe mató a Hipólita y le arrebató el cinturon; muchas de sus compañeras perecieron y otras se dieron a la fuga.   Esta es una de las versiones existentes, mientras que otra sostiene que Hipólita no murió, sino que fue raptada por Teseo y se convirtió en su esposa en Atenas, dando a luz a un hijo: Hipólito.

Hipólito: Hijo de Teseo y de la amazona Antíope.

Pequeño diccionario de mitos, dioses y héroes griegos y romanos G

por Aghata
jueves, 03 de septiembre del 2009 a las 17:26

G

Ganimedes. Era el hijo menor de Tros, rey de Troya y de su mujer Calírroe. Su belleza era tal que Zeus se enamoró de él, al verlo cuidar los rebaños de su padre en los prados de Troya. Según la  leyenda, Zeus se transformó en un águila que rapto al joven, al cual condujo al Olimpo, donde le concedió la inmortalidad y el don de la eterna juventud. Allí se convirtió en el copero de los dioses. Para resarcir al rey Tros del rapto de su hijo, le regaló un vino de oro fabricado por Hefesto, el dios de la fragua y el fuego. Otra versión asegura que no fue Zeus quien raptó a Ganimedes sino que envió un águila para que lo hiciese. Lo cierto es que el joven nunca más pudo ver a sus padres.

Gea.  La madre tierra.

Los genios. Los genios eran espíritus que velaban por cada persona desde su nacimiento hasta los acontecimientos más importantes a lo largo de su vida. Eran los espíritus protectores de los hombres, mientras que Juno velaba por las mujeres. Influían en la evolución psicológica y administraban su suerte.

Geriones. Gigante de tres cuerpos, hijo de Crisaor y enemigo de Heracles.

Gigantes. Seres monstruosos nacidos de las gotas de sangre de Urano caídas sobre la tierra cuando lo castraron. Personifica  la guerra y los combates.

Giges. Uno de los Hecatonquiros.

Glauce. Princesa corintia con la que se quiere casar Jasón tras repudiar a Medea.

Glauco. En un principio era mortal, pero alcanzó la inmortalidad al comer de una hierba mágica. Sus compañeros mortales lo rechazaron al conocer su inmortalidad, por lo que optó por irse al mar, donde se convirtió en una divinidad marina. Apolo le concedió el don de predecir el futuro, de ahí que acostumbrara a salir de las aguas para avisar a los marinos cuando se avecinaba algún desastre.

Gorgonas. Seres monstruosos cuya mirada causaba la muerte. Eran tres: Esténelo, Euríale y Medusa. Esta última era la única mortal y Perseo le cortó la cabeza.

Las gracias. Las tres Gracias ( o Cárites), hijas de Zeus y la ninfa Eurinome, encarnaban la belleza y formaban parte del séquito de Afrodita. Se asociaban con la primavera y eran trs. Áglae, Eufrónise y Talia. Se representaban siempre desnudas y cogidas por los hombros.

Grayas. Seres monstruosos que guardaban el camino que llevaba a la morada de las Gorgonas. Tenían entre las tres un solo diente y un solo ojo, que compartían por turnos. Perseo les arrebató ese ojo, que compartían para pasar ante ellas  sin ser visto y atacar a las Gorgonas.

Grifos. Aves con pico de águila y cuerpo de león, que estaban encargadas de la custodia de los tesoros de Apolo, así como de la crátera de vino de Dioniso. Otras leyendas sostienen que estas aves habitaban en los desiertos del norte de la India, donde se enfrentaban con los buscadores de oro para proteger sus nidos.

Pequeño diccionario de mitos, dioses y héroes griegos y romanos F

por Aghata
jueves, 03 de septiembre del 2009 a las 16:50

 

F

Faecios. Pueblo de navegantes. Cuando Ulises llegó al final de su viaje, le hicieron pasar del mundo del más allá al mundo humano y lo dejaron dormido sobre una de las playas de Ítaca.

Fauno. El dios de la fertilidad. Fauno era una antigua divinidad romana que, al igual que el dios Pan de los griegos, protegía a los pastores. También se le conoce como Luperco. Se le solía homenajear en el festival de Lupercalia.

Febo. Epíteto de Apolo, que lo asocia con el Sol.

Fedra. Hija de Minos y esposa de Teseo.

Fenix. Uno de los hijos de Agenor. Salió con sus hermanos en busca de Europa, raptada por Zeus.

Filecio. Pastor encargado de cuidar los rebaños de bueyes de Ulises, que le fue fiel.

Filoctetes. Héroe tesalio a quién Hércules moribundo entregó sus armas.

Fineo. Adivino ciego a quién los dioses le enviaban como castigo a las Harpías.

Flora. La diosa Flora ejercía su poder sobre la primavera y estaba encargada de que las plantas florecieran. Ayudó a la diosa Juno para que quedase embarazada, sin la intervención de Júpiter, entregándole una flor mágica que hacía que toda mujer que la tocase quedara en estado. Gracias a ello, Flora tuvo a Marte.

Forcis. Hijo de Gea y Ponto. De su unión con Ceto nacieron las Grayas.

Fórcides. Ancianas caníbales, más conocidas como Grayas.

Fortuna. Como diosa de la suerte, Fortuna tenía un papel fundamental en la vida de los hombres. Su poder era impredecible ya que llevaba los ojos vendados. Entre sus símbolos más representativos se hallaba una caña para dirigir las vidas de los hombres, una rueda y el cuerno de la abundancia, lleno de fruta.

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 Aquí encontrarás apuntes de lengua y literatura, comentarios de libros y recomendaciones de lectura, artículos, poemas, textos para talleres literarios y algunas obsesiones, temas de actualidad, manías.


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Extenuada (arlequini)
Gracias amiga, eso sí que me va a venir bien: recargar energías, es estimulante......(01 dic)
Extenuada (arlequini)
Lo intento Lerna, pero ya sabes cómo es mi cabecita, siempre maquinando sin pararUn beso...(01 dic)
Extenuada (arlequini)
Vale, Luz... Descanso, estoy hecha un flan. El médico dice que ´debería volver a operarme, que han ......(01 dic)
Extenuada (arlequini)
Sí Luci, mira ahora llega el cumple de María, 11 de Diciembre y ya se está frotando las manos. Le ......(01 dic)
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un beso aghata, que descanses y recuperes energias......(30 nov)

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