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Textos para talleres literarios

por Aghata
domingo, 13 de septiembre del 2009 a las 20:17

Veamos cómo te desenvuelves en estas dos situaciones. La primera pertenece a la novela El asno de oro de Apuleyo y cuenta las aventuras y desventuras que vivió el joven Lucio, cuando se vio transformado en asno por su aficcion a la magia. Te presentamos justamente esa escena. Lucio, le pide a su amada Fotis que le ayude a vivir esa experiencia al ver cómo Pánfila se metamorfosea en búho. Para su desgracia, su joven cómplice se equivoca de cajita y, se embadurna con un ungüento equivocado. El resultado es fatal. Convertido en asno, la joven, que sabe el remedio para volverle a su estado primigenio, lo conduce al establo. Pero unos ladrones entran en él, y tras robar, se llevan al caballo y a él y a la otra acémila. Lo que te pido es muy sencillo, ponté en su propia piel e inventa una continuación. En primer lugar debes narrar con tus propias palabras la inesperada transformación; seguidamente, debes sentir la vergüenza y la humillación de la nueva situación e imaginad lo que van a hacer los ladrones: a dónde se dirigirán…dónde se halla su guarida, con quién se toparan. A partir de ahora vives en una angustia continua, tu única esperanza es hallar el modo de escapar de tus captores, idear un plan para zafarte de ellos y volver a tu estado primigenio.

 

 (…) En torno a la primera vigilia de aquella noche, me condujo ella misma de puntillas, sin hacer el más leve ruido, hasta el tomasol, y me invitó a mirar por una rendija de la puerta lo que estaba preparando. Pánfila se había quitado toda la ropa, y estaba sacando de un arcón cerrado unas cuantas cajitas de madera. Abrió una de la que sacó ungüento con el que se embadurnó toda ella de pies a cabeza con las manos. Luego, mientras decía ciertas palabras dirigiéndose al candil, como hablando con él en secretó, agitó con trémula cadencia los brazos, y a medida que los agitaba suavemente, fueron brotándole suaves plumones primero; luego le crecieron recias plumas, se le endureció la nariz aguileña y se le aceraron las uñas: Pánfila se había convertido en un búho que, lanzando un graznido lastimero, se puso a dar saltos para probarse las fuerzas, y se echó luego a volar de un salto, con las alas abiertas.

Sí ella se había transformado por su voluntad con artes mágicas, yo, sin que se me cantara ninguna salmodia, estaba tan sobrecogido de estupor por lo presenciado, que me parecio ser cualquier cosa excepto Lucio: fuera de mí, atónito hasta la locura, soñaba despierto. Al volver en mí, cogí a Fotis de la mano, y le dije acercándomela a los ojos.

-Ahora que se me pinta ocasión propicia, te suplico que me permitas poner a prueba el amor que me profesas: por tus pechos, dulce miel, has de untarme con el mismo ungüento, y tómame después por tu esclavo para siempre por ese impagable favor: haz  que convertido en otro Cupido alado, te atienda como a mi Venus.

-¡Ay de mí!- concluyó ella- ¡Qué zorro estás hecho! ¿Qué quieres? ¿Que me quebrante las piernas  con un hacha? Si sin recursos  como estás puedo apartarte de esas lobas tesálicas,

¿ cuándo y dónde volvería a verte si te pusiera alas?

-¡Lejos de mí la indignidad de ingratitud!- le respondí- ¿ o es que crees que, aunque surcara los cielos volando con el orgullo del águila, como mensajero del supremo dios Júpiter, o de su feliz escudero, no habría de volver a mi nido después de saboreear mi alada dignidiad? Yo te juro por ese dulce trenzado de tus cabellos con que me ganaste el alma, que no quiero a nadie más que a  mi Fotis. Además se me ocurre que cuando asumiera la forma de un ave, tendría que evitar cualquiera de esos amoríos, porque, ¿cómo iban a disfrutar las matronas de un amante que tiene el atractivo brillante de un búho? De esas aves nocturnas todos sabemos que  cuando se les ocurre meterse en alguna casa, se las suele cazar y clavarlas en la puerta, para que paguen con su tortura los malos agüeros que suelen atraer freucuentemente sobre las familias con sus infaustos vuelos. Y por fín – que casi me olvido de preguntártelo-: ¿qué es lo que tengo que hacer o decir para despojarme de las plumas y volver a ser Lucio?

- Por este lado puedes estar tranquilo- respondíome- . Porque mi señora me ha enseñado cómo se puede volver a un ser humano a partir de cualquier otra forma. Y no te creas que ha hecho por bondad, sino para que pudiera darle el remedio necesario cuando ella regresara. Observa ahora lo corriente que son las hierbas que se utilizan para esto: un poco de eneldo con hojas de laurel en maceración con aguna de una fuente, un bebedizo o un baño, cobran tran grande prodigio.

Aunque estaba  temblando mientras me decía esas cosas entró en el tomasol y sacó la cajita  del arcón,  a lo  que respondí con un abrazo y un beso. Y después de las invocaciones para que se me otorgaran vuelos propicios, me despojé en pocos segundos de toda la ropa, cogí ávidamente una buena cantidad de ungüento con la mano, y me lo extendí por todo el cuerpo. Empecé a batir los brazos como un pájaro, pero no aparecían los plumones ni las plumas, sino que empezaron a endurecérseme los pelos como cerdas, se he fue convirtiendo la delicada piel en cuero, los dedos de las manos y los pies se confundían en una sola uña, y me salió una larga cola por la rabadilla. La cara se me hizo enorme; me creció la boca, se me abrieron las narices; los labios se me pusieron pendulantes; las orejas aumentaron desproporcionadamente su tamaño y se me llenaron de pelo. En fin: en nada encontraba consuelo a mi desafortunada transformación, excepto en que, aun no pudiendo intimar entonces con Fotis, también me crecían desmesuradamente los atributos de mi masculinidad. Cuando llegué a la evidencia de que mi cuerpo no se había transformado en ave, sino en un acabado asno, intenté reprocharle a Fotis su equivocación, pero al verme privado de los gestos y la voz humana, no me quedó otra salida que dejar pendulante el labio inferior en protesta silenciosa, mientras la observaba de reojo con mirada llorosa. Ella, al verme en semejante situación, exclamó al tiempo que se golpeaba la cara con las manos:

-¡Desgraciada de mí! ¡Muerta soy! Con el nerviosismo, las prisas y el aturdimiento que llevaba, me he equivocado de caja; y es que son prácticamente iguales. Pero bueno. El remedio a esta transformación es más asequible, porque en cuanto mastiques unas rosas dejarás de ser asno para ser otra vez mi Lucio. Ojalá esta tarde hubiera seguido mi constumbre de traer unas guirnaldas, y así no hubieras tenido que esperar ni una sola noche. Pero en cuanto amanezca  me cuidaré yo de que tengas a punto la medicina.

Así se lamentaba Fotis de lo sucedido, yo, por mi parte, aunque era una perfecta acémila – de ninguna manera Lucio-, conservaba el entendimiento de hombre. Durante un buen rato estuve dudando entre matar a aquella estúpida mujer a coces o a mordiscos, pero, pensándolo mejor, creí que era una temeridad excesiva no fuera a suceder que, castigando a Fotis, se volatizaran las únicas posibilidades de salvación. Así que humillé la cabezota, sufriendo en silencio la angustiosa afrenta de ser compañero de aquel excelante caballo que me había traído y allí mismo me encontré con el asno de mi antiguo huésped Milon.

Yo creía que, habiendo una natural y tácita comunicación entre los animales desprovistos de habla, aquel mi caballo, movido por el reconocimiento y la consideración, habría de cederme el lugar preeminente. Pero, ¡ por Júpiter hospicial! ¡Secretos arcanos de fidelidad! Aquel caballo mío había hecho causa común contra mí con el asno, hasta el punto de que, temiendo por mi ración de pienso, en cuanto veía que me acercaba al pesebre, me perseguïan a viva coz con las orejas gachas, con que opté por alejarme lo más que me pude de aquella cebada que yo mismo le había echado a mi agradecido esclavo con mis propias manos. Quebrantado y relegado a la soledad, me retiré a un rincón del establo, reflexionando sobre la solidaridad de los colegas, sin poder dejar de darle vueltas a la venganza que debería tomar de tan pérfido animal al otro día, con el retorno  a mi ser de Lucio gracias a las rosas, cuando me di cuenta de que en el pilar que aguantaba las vigas del establo, a mieda altura, había una hornacina de la diosa Epona que había sido adornada hacía bien poco con una guirnalda de rosas. Con las esperanza puestas en el conocido remedio de mi salvación, estiré cuanto pude las patas delanteras, el cuello y los labios, poniendo el mayor esfuerzo en llegar a las guirnaldas. Pero, para mi desgracia, cuando estaba a punto de conseguirlo me vio el encargado del cuidar los caballos; se levantó indignado y dijo:

-¿Hasta cuándo habremos de soportar a este castrón y su obsesión, primero por la comida del caballo, y ahora por las imágenes de los dioses? A este sacrílego le voy a dejar cojo; lo voy a copar. Y se puso a buscar alguna herramienta, pero encontró sólo un haz de leña, de la que cogió una buena rama, la más gruesa que encontró, y empezó a sacudirme, pobre de mí, hasta que se oyeron alarmantes ruidos de porrazos y golpes en las puertas, juntamente con un gran alboroto y griterío de vecinos, de lo que dedujo que llegaban ladrones y huyó aterrado. En poco rato lo invandió todo una cuadrilla de gente aguerrida, después de ehcar abajo las puertas y se organizaron facciones armadas para hacer frente a los que llegaban por todos lados. Provistos de teas encendidas, iluminaban la noche con tal brillo que, en ausencia del sol, el fuego y las espadas se adueñaron del recinto. Llegaron por fin al granero, construido en los medios, y protegido con grandes aldabas, pero partieron las puertas en dos con unas enormes hachas: y es que allí estaban, precisamente, las riquezas de Milón. Lo saquearon, enfardaron lo que les pareció de valor y se lo repartieron a toda prisa; pero lo que querían llevarse  excedía en mucho la fuerza de los portadores; y fue entonces cuando nos sacaron del establo al caballo y a los dos borriscos para transportar la mayor cantidad posible; así que nos cargaron unos fardos más que pesados, y nos obligaron a salir de casa, vacía ya, a palos. Solo dejaron  a un compañero para que se enterara de la marcha de la investigación del robo; a nosotros nos llevaron a todo correr, a puta de vara, por los inaccesibles caminos de los montes.

 

El asno de oro, Apuleyo

Ed. Cátedra, Letras Universales.

 

 

El segundo fragmento pertenece a  unas de las novelas más celebradas por niños y adultos, Pinocho, de Collodi.  La transformación es exactamente la misma.  Los dos amigos, Mecha y Pinocho descubren primero que ambos tienen unas grandes orejas de burro y se echan a reír.  Pronto las lágrimas se transforman en llanto. Sus cuerpos se metamorfosean en burros, intentan hablar, pero sólo emiten rebuznos.  Entonces aparece el Hombrecillo del carro y tras cepillarlos y lustrarlos adecuadamente, se dirige al mercado con la sana esperanza de obtener un buen pellizco por su venta.  Pinocho es vendido al Director de una compañía de payasos y titiriteros, mientras que Mecha, su amigo, es adquirido por un labrador.  Debes pues continuar la historia en ese momento climático.  Debes ponerte en la piel de los dos muchachos para relatarnos lo que sucede a continuación. Entrométete en la mente de los chicos, e intenta transcribirnos lo que piensan: quizá no sean conscientes de cómo ha sucedido todo, pero es evidente que están avergonzados y se sienten infelices:  el mundo de felicidad ( el País de los Juguetes) ha resultado una bufonada, una trampa cruel,  a ahora deben asumir  las consecuencias de sus actos,  atrapados en el cuerpo de un burro, vendidos al mejor postor y obligados a trabajar. Ni siquiera pueden protestar o quejarse, porque si lo hacen emiten rebuznos.

 

(…) Y entonces acaeció lo que parecía increíble de no haber sido cierto. Ocurrió que cuando Pinocho y Mecha se vieron aquejados ambos por la misma desgracia, en vez de sentirse mortificados y doloridos, empezaron a agitar sus orejas desmesuradamente grandes y, tras hacer mil muecas, acabaron con una sonora carcajada.

Y rieron, rieron, rieron hasta más no poder; pero, en lo mejor de las risas, Mecha se detuvo de repente y, tambaleándose y cambiando de color, dijo a su amigo:

-¡Socorro, Pinocho, socorro!

-¿Qué te pasa?

-¡Ay de mí! ¡Que no puedo sostenerme sobre las piernas!...

-Ni yo tampoco- gritó Pinocho llorando y tambaleándose.

Y mientras así hablaban se doblaron a cuatro patas y, caminando con las manos y los pies empezaron a dar vueltas y a correr por la habitación. Y mientras corrían, los brazos se convirtieron en patas, sus caras se alargaron y se convirtieron en hocicos y sus espaldas se cubrieron de un pelaje gris claro con pintas negras.

Pero, ¿sabéis cual fue el peor momento para aquellos dos desventurados? El peor momento y el más humillante fue cuando sintieron que detrás empezaba a despuntarles el rabo.

Abrumados entonces por la vergüenza y el dolor, trataron de llorar y lamentarse de su destino.

¡Nunca lo hubieran hecho! En vez de gemidos y lamentos, lanzaban rebuznos asnales, y, rebuznando sonoramente, hacían los a coro: i-a, i-a, i-a.

Entonces llamaron a la puerta, y una voz desde fuera dijo:

-¡Abrid! ¡Soy el Hombrecillos, soy el cochero del carro que os trajo a este país. Abrid en seguida o ¡pobres de vosotros!

Viendo que la puerta no se abría, el Hombrecillo la descerrajó con una violentísima patada y, entrando en la habitación de Pinocho y Mecha, les dijo con su habitual sonrisa:

-¡Buenos días! Habéis rebuznado tan bien que os he conocido por la voz. Por eso he venido.

Ante tales palabras, los dos borriquillos quedaron muy mohínos, con la cabeza gacha, las orejas bajas y el rabo entre las patas.

Al principio el Hombrecillo los alisó, los acarició y les dio unas palmaditas; después sacó la almohaza y empezó a cepillarlos bien.

Cuando, a fuerza de limpiarlos, los dejó brillantes como espejos, les puso la cabezada y los llevó a la plaza del mercado con la esperanza de venderlos y sacarse una buena ganancia.

En efecto, los compradores no se hicieron esperar.

Mecha fue adquirido por un labrador, a quien el día anterior se le había muerto  el borrico, y Pinocho fue vendido al Director de una compañía de payasos y titiriteros , el cual lo compró para amaestrarlo y hacerlo luego saltar y bailar con los demás animales de la compañía.

¿Habéis comprendido mis pequeños lectores, cuál era el oficio de aquel Hombrecillo? Ese hombre monstruo, que tenía una fisonomía de leche y miel, recorría de vez en cuando el mundo con su carro; con halagos y promesas iba recogiendo por el camino a todos los chiquillos holgazanes, que se aburrían con los libros y la escuela; y tras haberlos cargado en su carro, los llevaba al <<País de los Juguetes>>, con el fin de que pasaran allí todo el tiempo en juegos, algaraza y diversiones.

Después, cuando aquellos pobres ilusos, a fuerza de jugar siempre y de no estudiar jamás, se convertían en borricos, entonces, alegre y contento, se apoderaba de ellos para venderlos en ferias y mercados. Y así, en pocos años, había hecho mucho dinero y se había convertido en millonario.

Las aventuras de Pinocho, Collodi.

Círculo de Lectores S. A.

Bravísima la poesía sanscrita clásica ( Kavya)

por Aghata
domingo, 13 de septiembre del 2009 a las 01:06

Bravísima la poesía sánscrita clásica ( Kavya)   

 

Amor

 

Admira el arte del arquero:

No toca el cuerpo y rompe corazones.

 

 

Primera cita

El deseo la empuja hacia el encuentro,

La retiene el recelo; entre contrarios,

Estandarte de seda, quieta, ondea

Y se pliega y despliega contra el viento.

 

Confidencia: confusión

Al lado de la cama

el nudo se deshizo por sí solo

y apenas detenido por la faja

se deslizó el vestido hasta mis ancas.

Querida, no sé más: llegué a sus brazos

y no recuerdo ya quien era quien,

lo que hicimos ni cómo.

 

El sello

¿Cuándo veré de nuevo, firmes, plenos, tus muslos

que en defensa se cierran el uno contra el otro

para después abrirse, al deseo obedientes,

y al caer de las sedas súbito revelarme,

como sello de lacre sobre un secreto obscuro,

húmeda todavía, la marca de mis uñas?

 

La invitación oblicua

Viajero, apresura tus pasos, sigue tu camino,

los bosques están infestados de fieras,

serpientes, elefantes, tigres y jabalíes,

el sol se oculta ya y tú, tan joven, andas solo.

Yo no puedo hospedarte:

soy una muchacha y no hay nadie en casa.

 

El pedagogo

 

No llevo cadenas

doradas como la luna de otoño;

no conozco el sabor de los labios

de una muchacha tierna y tímida;

no gané, con la espada o la pluma,

fama en las galerías del tiempo:

gasté mi vida en ruinosos colegios

enseñando a muchachos dísculos y traviesos.

 

Retórica

La belleza no está

en lo que dicen las palabras

sino en lo que, sin decirlo, dicen:

no desnudos sino a través del velo

son deseables los senos.

 

Versiones y diversiones  Octavio Paz

 

¡Hecha un flan!

por Aghata
sábado, 12 de septiembre del 2009 a las 01:32
guardado en

Estoy hecha un flan con todo esto del viajecito. ¿Qué horarios me pondrán? ¿Cómo ir y venir todos los días? ¿Serán suficientes las espinacas de Popeye? ¡Qué manera de complicarnos la vida a la gente! No, si yo no pido el trabajo a la vuelta de casa, pero... otra vez. Sí, ya sé que las personas tropezamos dos mil veces con la misma piedra y no aprendemos... ¿Será por eso? Porque no he aprendido lo suficiente a vivir separada de los míos, porque no soporto la idea de estar lejos. ¿ Y si me sacara el carnet? Sí, ya sé... sería magnífico... Pero quizá en otra vida,  que veo una curvaaa... y ¡ay! ¡dios mío! Me dan vuelta hasta las ideas... Encima, veo fantasmas... o sea, me siento insegura y desprotegida... Mecachis

un beso para todos.

os dejo un poema de Catulo

 

Ya trae los días tibios primavera,

ya en el cielo el furor del equinoccio

se acalla ante el amable aire del Céfiro.

Dejemos ya, Catulo, el llano frigio,

y los fértiles campos de la ardiente Nicea,

volemos a las claras urbes de Asia.

Ya ansioso por vagar se enquieta el ánimo,

ya felices los pies renuevan fuerzas.

Adiós, dulces amigos, compañeros,

que, alejados de casa al mismo tiempo,

separados nos traen distintas sendas.

Catulo....

Bravísima la poesía de Marcial

por Aghata
viernes, 11 de septiembre del 2009 a las 12:59

 

Marco Valerio Marcial nació en Bibilis a unos cuatro kilómetros de la actual Calateyud entre los años 38 y 41. Como otros jóvenes de diversos puntos del Imperio, acudió a Roma para acabar sus estudios. Acogido inicialmente en el círculo de Séneca, el triste final de su grupo, tras el descubrimiento de la conjuración de Pisón contra Nerón dejó al joven en una posición precaria, que lo obligo a procurarse el sustento sometiéndose a las servidumbres propias de un cliente, tal como refleja en muchos epigramas, hipótesis que, sin embargo, no ha sido aceptada por todos los estudiosos. Casi treinta y cinco años después regresó a su tierra, donde murió hacia el 104.

La obra de Marcial nos ha llegado agrupada en quince libros, el primero de los cuales, titulado Epigrammaton liber o Liber de spectaculis, se publicó en el año 80 cuando se inaguró el anfiteatro Flavio ( el Coliseo), Xenia, dísticos que acompaban a los regalos con motivo de las Saturnales, Apophoreta, regalos de los patronos a sus convidados en los banquetes, compuesto también de dísticos y doce libros de epigramas. Sus epigramas muestran una amplia temática y un registro variado plagado de diversas voces, de ahí que junto a composiciones de un hondo lirismo aparezcan otras de carácter obsceno, satírico u mordaz. Por estos poemas desfila una amplia galería de personajes con sus vicios, flaquezas y defectos, un espéctaculo teatral donde el poeta se desembaraza de las máscaras propias y ajenas para mostrarnos unas debilidades muy humanas.

 

 

 

      

El aroma que exhala una manzana al morderla una tierna muchacha,

el de la brisa que procede del azafrán de Córico;

el de la viña blanca cuando florecen sus primeros racimos;

el que despiden las hierbas que una oveja acaba de arrancar;

el del mirto, el del segador árabe, el del ámbar molido,

el que emite un fuego pálido de incienso oriental;

el de la tierra suavemente rociada por una lluvia de verano,

el de la corona que ha ceñido unos cabellos húmedos de nardo:

todo esto, cruel niño Diadúmeno, exhalan tus beso.

¿Qué pasaría si me los dieses todos de buena gana?

 

 

Atrapada en una gota de ámbar, brilla oculta una abeja,

de modo que parece encerrada en su propio néctar.

Halló aquella recompensa digna de tantos esfuerzos:

creíble es que ella misma haya querido morir así.

 

 

Una serpiente se arrastraba por las ramas llorosas

de las Helíades, cuando una gota de ámbar le cayó de frente.

mientras se extraña de estar retenida por el espeso rocío,

de repente se queda rígida, ceñida por aquel hielo cuajado.

No te complazcas, Cleopatra, con tu real sepulcro,

si una serpiente yace en un túmulo más noble.

cerezas11dr3.jpg 

Dame, Diadúmeno, intensos besos, <<¿Cuántos?>>, preguntas.

Me ordenas que cuente las olas del océano

y las conchas esparcidas por las costas del mar Egeo,

y las abejas que vagan por el monte Cecropio,

y las voces y manos que suenan en un teatro repleto,

cuando de pronto el pueblo ve asomar el rostro del César.

No quiero cuantos al armonioso Catulo dio, vencida por las súplicas,

Lesbia. Pocos desea quien los puede contar.

 

 

Estás triste y eres afortunado. Procura que no lo sepa la Fortuna:

te dirá ingrato, Lupo, si se entera.

 

 

Para que tus pálidos frutales de Cilicia no teman el invierno

y  una brisa fuerte no hiera el tierno bosque,

unas vidrieras que se oponen a los notos invernales

dejan pasar soles nítidos y el día sin sombra.

Pero a mí me das una habitación cerrada con una ventana

Desajustada, en la que ni el Bóreas querría permanecer.

¿Así ordenas, cruel, que viva un viejo amigo?

Estaré más protegido como huésped de uno de tus árboles.

 

 

 

 

¿Ves a este que se contenta con un solo ojo,

bajo cuya frente arrugada se abre una cavidad legañosa?

No desprecies esa cabeza, nadie hay más ladrón que él;

ni Autólico tuvo una mano tan atrevida.

Acuérdate, precavido, de observar a este convidado:

entonces se enloquece y aunque tuerto ve con los dos ojos:

los criados inquietos pierden copas y cucharillas

y en su tibio regazo oculta gran número de servilletas;

y no ignora cómo coger el manto que se le ha caído a alguien

sentado y con frecuenta se va cubierto con dos capas;

y no le avergüenza, taimado, robar la lámpara,

a un esclavo que dormita, aunque esté encendida.

Si no ha cogida nada, entonces con ardides engañosos

da vueltas en torno a su esclavo y le roba sus propias sandalias.

 

 

Cada vez que miro a Hilo cuando sirve el vino,

me observas, Afro, con ojos amanazadores.

¿Qué delito, pregunto, qué delito es contemplar a un dulce copero?

Miramos el sol, las estrellas, los templos, los dioses.

¿Tendré que volver la cara, como si la Gorgona me ofreciera

La bebida y buscara mis ojos y mi cara?

Fiero era el Alcida, pero permitía contemplar a Hilas;

le está permitido a Mercurio bromear con Ganimedes.

Si no quieres que un convidado contemple a tus tiernos coperos,

Invita a los Fineos, Afro y a los Edipos.

 

 

Las cosas que hacen la vida más feliz,

gratísimo Marcial son éstas:

una fortuna no producida por el trabajo, sino heredada,

un campo no ingrato, un fuego perenne;

nunca un pleito, rara vez la toga, el espíritu sereno;

fuerzas de hombre libre, un cuerpo sano;

una sencillez prudente, unos amigos de la misma condición;

convites fáciles , una mesa sin artificio,

una noche no ebria, pero libre de preocupaciones,

un lecho no triste y sin embargo púdico;

un sueño que haga fugaces las tinieblas,

querer ser lo que eres y no preferir nada más,

no temer el último día ni desearlo.

 

Ve en compañía de mi Flavio, ve, librito,

a través del ancho mar, pero de olas favorables,

y con un curso fácil y vientos propicios,

dirígite a las alturas de la hispana Tarragona.

Desde allí te llevará un carro y rápidamente

La alta Bíbilis y tu Jalón

Tal vez en la quinta jornada verás.

¿Preguntas qué te encargo? Que a mis camaradas,

pocos, pero viejos, a los que hace

treinta y cuatro inviernos dejé de ver,

desde el mismo camino enseguida saludes

y recuerdes una y otra vez a mi Flavo

que me prepare un retiro agradable

y no muy laborioso a buen precio,

que convierta en perezoso a tu padre.

Eso es todo. Ya el capitán, irritado, llama

y reprende las demoras, y una brisa mejor

ha abierto el puerto; adiós, librito: una nave,

pienso que lo sabes, no se retrasa por uno solo.

 

 

Textos para talleres literarios: Típicas actividades para talleres literarios.

por Aghata
jueves, 10 de septiembre del 2009 a las 23:15

Busca las palabras adecuadas para finalizar un período temporal que se considera caduco: la finalización de una relación, el despido de tu empresa para emprender una aventura en solitario, el viaje soñado que siempre habías deseado hacer y que ahora emprendes con una expectativa distinta. Entrométete en tu mente y cierra los ojos. Por segundos, imagina esa escena, como una textura distinta que penetra en tus sentidos. Derramas lo que sientes, a través de la escritura automática, te diriges al otro yo, te zafas del yo que intenta impedirte que actúes de esa forma. Tu nuevo yo es un ser que sonríe a la vida, optimista, lleno de vida, que se deja llevar por una corriente que estimula todas sus membranas. No sabe lo que le  depara el futuro, pero siente  un irrefrenable deseo de  romper con el pasado, e iniciar un nuevo proyecto, sin atreverse a sondear o sopesar las consecuencias de sus actos.

Invierte la realidad. Prueba a ser una persona totalmente distinta, a calzarte los mocasines de otro: eres oficinista, peluquero/a, profesor/a  de matemáticas, botánico/ a. Diseña un día de esa vida, dotándole de un punto de ternura, e introdúcete tú mismo como personaje. El juego de espejos que provoca el choque entre el personaje y el que tú has creado se unifican en el texto.

Dialoga con una amplia variedad de gentes y de diferentes modos, de forma que recrees sus experiencias a través de tus propios comentarios, irónicos, puntuales, certeros…Respeta ese rol que ha forjado tu mente, aunque esa persona tenga una visión diametralmente opuesta a la tuya.  

Elige un personaje de ficción y configúralo a través de la combinación de pensamientos  y comportamientos de otras personas reales. Esas personas se difuminan en la nueva identidad, desaparecen ante tus propios ojos, ya no son tales, sino otra, distinta… que tú has diseñado. Los eslabones con los que has creado a tu ser son reales, pero el resultado es disímil, nuevo, primigenio: un nuevo ente, al que dibujas un rostro, una textura, unos sentimientos, unos sueños, una vida propia, en definitiva. 

Apuntes de Literatura: Vanguardismo

por Aghata
jueves, 10 de septiembre del 2009 a las 21:20

Vanguardismo

 

Término que surge en Francia, aplicado a un movimiento literario ( Literature d´Avangarde) y que dio origen a sucesivos “ismos” ( Dadaísmo, Cubismo,  Surrealismo, Expresionismo, letrismo, concretismo,  etc.), que tuvieron a la vez resonancias en las artes plásticas, la música, el cine, etc.  La mayoría de  estos movimientos abogan por una ruptura con la tradición estética anterior (Realismo, Naturalismo) y buscan nuevos caminos de expresión estética y literaria. Todos ellos en una u otra medida se enfrentan a las convencionalismos de la épocan e intentan emanciparse de las cuerdas de fuerza que sujetan la moral, la política, las creencias religiosas.  Nacen  en torno a 1910 ( Futurismo), pero su eclosión definitiva se produce en los felices años veinte. Algunos de ellos, tuvieron una gran repercusión y se prolongaron en la década de los 30 e incluso después de la Segunda Guerra Mundial;  otros, sin embargo, se desarrollaron en un ámbito más estrecho ( p. e el ultraísmo se desarrollo en España, Argentina o Uruguay, .el Imaginismo en Norteamérica).

Un rasgo aglutinador de las diversas vanguardias fue el sincretismo artístico: sus postulados circularon no sólo en la creación literaria, sino también en las artes plásticas, la música, el cine,etc. Así al Surrealismo literario ( Bretón, Eluard, Artaud, Aragon), se suma el surrealismo pictórico ( Max Ernst, Dalí, Miró) o el cinematográfico (Buñuel). Si entendemos que el Surrealismo fue el movimiento que más repercusión internacional tuvo, podemos comprender su afan por explorar todos los lenguajes artísticos de su tiempo o su fascinación por el cine. De hecho Bretón tendía su propio puente hacia el territorio cinematográfico al considerar que era   <<una sustancia lírica que exige ser agitada en conjunto y al azar>>.  También el cubismo tuvo resonanacias en varios campos artísticos: en las artes plásticas con la obra de Picasso, Braque, j. Gris, Metzinger o en terreno propiamente literario con la obra de Apollinaire, Cocteau, Max Jacob , Reverdy, etc.   Los poemas de  Apollinaire recuerdan la simultaneidad de los collages y cuadros cubistas, por esa continua fusión de percepciones inmediata, titulares de prensa, recuerdos o fragmentos de diálogos tomados al azar.  

En cuanto a los géneros literarios, es obvio que su repercusión más inmediata se produjo en la lírica, donde se advierte  una renovación total; pero también se ensaya en la narrativa y en el teatro. En narrativa la renovación sirvió para buscar nuevos modelos, en un campo ávido de experimientación que necesitaba un revulsivo. En ese contexto nacieron  obras como Ulises (1922),   Manhattan Transfer (1925), o Contrapunto (1928) que  lograron con creces esa experimentación tan necesaria.  En el terreno teatral , también surgieron obras importantes como las de  Pirandello  Seis personajes en busca de autor ( 1921) o Georg Kaiser, pionero en el uso de la creatividad teatral con obras como Los burgueses de Calais ( 1914), De la mañana a la media noche ( 1916) o La huida a Venecia ( 1923).

En el campo de las letras hispanas los movimientos que  tuvieron mayor incidencia fueron el Surrealismo, el Expresionismo y, en menor medida el Futurismo y el Dadaismo.  También el cubismo, que experimenta con la técnica del collage. Guillermo de la Torre muestra de esta manera el entusiasmo del momento:

¡Cubismo!¡Cubismo! Henos aquí, frente a frente, enigmática, inmutable palabra, hermético concepto, insolente escuela, dogma revolucionario: henos aquí, sirena seductora o más bien dragón amenazador de nuestra época; henos aquí, maravilla adánica, ángel o endriago, jeroglífico y rompecabezas de las mentes débiles.

Las vanguardias penetraron en España gracias al deseo de apertura al exterior y a la propia eclosión de una verdadera Edad de Plata de las letras. Se ha dicho de hecho que, después del siglo XVIII, es la primera vez que las corrientes intelectuales españolas participan en la renovación con voz propia. Fue gracias al Ultraísmo ( un movimiento en el que se sincronizan características del Dadaísmo, el Futurismo y el Creacionismo), que las letras hispanas contribuyen a ese deseo de innovación artística.  Tanto el Ultraismo como el Creacionismo presentan rasgos afines al Cubismo francés, ya que ambos abogan por entender el poema como un objeto autónomo. El deseo de impersonalidad, así como la búsqueda de la intemporalidad facilitaría la poesía pura.

En definitiva, el vanguardismo no se entiende en sí como una escuela, sino como un movimiento de renovación permanente, en el que eclosionan diversas ideas que provienen de campos afines (las artes plásticas, el cine, la poesía, el teatro).  Los propios integrantes del Ultraismo lo dejan bien claro: Este lema, ULTRA, señala un movimiento literario, no una escuela (…). Representa el compromiso de ir avanzando siempre con el tiempo.  Esto implica romper con lo anterior.

Si  recogemos los rasgos afines de ese vanguardismo  español, podemos encontrar las concomitancias con el que se produce en otros países:

a)      Búsqueda de un arte autónomo y cerrado y cerrado en sí mismo (Ultraísmo y Creacionismo).

b)      Eliminación de la anécdota y la narración, de lo didáctico confesional y sentimental

c)       Ruptura de las relaciones de causalidad y del concepto tradicional de espacio y tiempo (superposición de ambas coordenada), con lo que surgen en estos poemas mundos fantásticos y caóticos con imágenes fragmentarias,  contradictorias, absurdas.

d)      El instrumento creador que sirve a sus fines es la exploración de la fantasía, a través de la palabra. La palabra tiene un valor demiurgo, capaz de transformar los objetos en ideas y esencias (de ahí, poesía pura) o de  evocar misterios, a través de la sugestión  fónica  o  el envolvente lenguaje poético.

e)      Culto a la imagen creada y a la metáfora insólita.

f)       Desdén por el arte del pasado. No obstante es obvio que en España, la Generación del 27 logra una simbiosis meritoria entre tradición y revolución.

g)      Actitud lúdica, búsqueda de la agudeza y el humor.

h)      Admiración por la técnica, el progreso y los descubrimientos científicos (Futurismo). Todos se inscriben en un afán de cosmopolitismo.

i)        En cuanto a los géneros cultivados. Aquí también hallamos una prosa narrativa de calidad: Gómez de la Serna, B. Jarnes, F. Ayala, etc.

 

El vanguardismo español se desarrolla en dos fases: una primera, ultraísta (1919- 1922)  y una segunda, integrada fundamentalmente por los escritores del 27, a los que se ha llegado a llamar <<Generación de la Vanguardia>>, aunque su arte no se adscriba únicamente a esos postulados.  

En sus orígenes destaca omnipresente la figura de Gómez de la Serna, él es el filtro de acogida. En su revista Prometeo se publican el <<Manifiesto futurista>> y la <<Proclama futurista a los españoles>>, escrita por Marinetti expresamente para la citada revista. También aparecen publicados en ella dos trabajos claves del mismo Gómez de la Serna: <<El concepto de la nueva literatura>> (considerado un verdadero primer manifiesto del vanguardismo español) y <<Mis siete palabras >> (Pastoral), de 1910, en un tono iconoclasta.   Su propia obra es una muestra de esta vanguardia. En  las greguerías apreciamos ese culto perpetuo a la imagen y la metáfora, el gusto por la fragmentación y la incoherencia que transmiten el caos contemporáneo, no exento de humor, muestras evidentes del sentido lúdico del arte.  

Además de Gómez de la Serna, que participa en revistas del Ultraísmo (Grecia, Ultra y Tableros), ejercen una notable influencia en el vanguardismo españoles escritores y críticos como V. Huidobro, R. Cansinos- Assens, G. de la Torre, J. Larrea, J. M. Hinojosa.  Tampoco podemos olvidarnos de las cauces de difusión de este arte: Cervantes, Reflector, Horizonte, Plural, Alfar, R. de Occidente, la Gaceta literaria, Litoral, Gallo, Carmen, Lola, etc. 

En cuanto a la Generación del 27 esta pasa por una primera fase de poesía pura, “deshumanizada”, aunque este concepto se haya puesto en tela de juicio.  Posteriormente se observa la influencia de los procedimientos surrealistas en algunos poetas como Alberti, Prados, que desembocarían en el compromiso político.

Aunque el Surrealismo sobrevivió a las dos guerras (la guerra civil española y la mundial) en conjunto, el Vanguardismo declina en torno a los años 30. El propio G. de la Torre incidía en este hecho, de la superación de la Vanguardia, que dejaba paso a otra etapa más libre y constructiva.

El Vanguardismo hispanoamericano cuenta con la importante figura de V. Huidobro, que inicia el Creacionismo. Este movimiento proponía una poesía no mimética, liberada de pretensiones referenciales fuera del poema. Eso supone la eliminación de todo lo narrativo, lo descriptivo o lo personal del poema. Los poetas utilizan la imagen, la metáfora, al igual que otros movimientos de vanguardia, pero ahora las asociaciones insólitas de imágenes han de tomarse en sentido literal, no como expresión de sentidos ocultos. La ausencia de signos de puntuación contribuye a realzar el papel de la metáfora. Veamos este ejemplo extraído de Altazor:

 

 

 

 

Sabemos pasar un beso como una mirada

Plantar miradas como árboles

enjaular árboles como pájaros

regar pájaros como heliotropo.

 

 El propio ultraísmo influye en la obra de Oliverio Girondo o E. González Lazuna. Pero lógicamente el vanguardismo no se agota en esos dos movimientos: diepalismo, estridentismo, etc. Deja sus huellas en poetas como Neruda, Vallejo, etc. que son ejemplos fehacientes de esa renovación mediática:

            

   XXIX

Zumba el tedio enfrascado

Bajo el momento improducido y caña.

 

Pasa una paralela a

ingrata línea quebrada de felicidad.

Me extraña cada firmeza, junto a esa agua

que se aleja, que ríe acero, caña.

 

Hilo retemplado, hilo, hilo binómico

¿por dónde romperás, nudo de guerra?

 

Acoraza este ecuador, Luna

 Trilce, César Vallejo.

 

Otras mitologías: Cuentos budistas

por Aghata
jueves, 10 de septiembre del 2009 a las 00:15

La prueba del maestro

 

<<Soy pobre y débil>>, dijo un día un maestro a sus discípulos, pero vosotros sois jovenes, y yo os enseño:  es deber vuestro, por lo tanto, conseguir el dinero que vuestro viejo maestro necesita para vivir>>.

<<¿Cómo podemos hacer eso?- preguntaron los discípulos-. Las gentes de esta ciudad son tan poco generosas que sería inútil pedirles ayuda>>.

<<Hijos míos- contestó el maestro-, existe un modo de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. No sería pecado para nosotros robar, pues merecemos más que otros el dinero. Pero, ¡ay!, yo soy demasiado viejo y débil para hacerlo>>.

<<Nosotros somos jóvenes- dijeron los discípulos- y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por vos, querido maestro. Decidnos sólo cómo hacerlo y nosotros obedeceremos>>.

<<Sois jóvenes- dijo el maestro- y es poca cosa para vosotros el apoderaros de la bolsa de algún hombre rico. Así es cómo débeis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo donde nadie os vea, y luego agarrad a un traseúnte y coger su dinero, pero no lo lastiméis>>.

<<Vamos inmediatamente>>, dijeron los discípulos, excepto uno, que había callado, con la mirada baja.

El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:

-Mis otros discípulos son valientes y están deseosos de ayudarme, pero a ti poco te preocupa el sufrimiento de tu maestro.

-Perdonadme, maestro- contestó-, pero el plan que nos habéis explicado me parece irrealizabe; éste es el motivo de mi silencio.

-¿Por qué es irrealizable?- preguntó el maestro.

-Porque no existe lugar alguno en el que no haya nadie que nos vea- contestó el discípulo-; incluso cuando estoy solo mi Yo me observa. Antes cogería una escudilla e iría a mendigar que permitir que mi Yo me vea robar.

A estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo. Estrechó al joven discípulo entre sus brazos y le dijo: <<Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras >>.

Sus otros discípulos, viendo que su maestro había querido ponerlos a prueba, bajaron la cabeza avergonzados.

Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno les venía a la mente, recordaban las palabras de su compañero: <<Mi yo me ve>>.

Y así se convirtieron en grandes hombres, y todos ellos vivieron felices por siempre jamás.

Cuentos budistas ( Veinte cuentos Jâtaka). Biblioteca de cuentos maravillosos.

José J. de Olañeta, Editor

Otras mitologías: Cuentos budistas

por Aghata
jueves, 10 de septiembre del 2009 a las 00:13
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La prueba del maestro

 

<<Soy pobre y débil>>, dijo un día un maestro a sus discípulos, pero vosotros sois jovenes, y yo os enseño:  es deber vuestro, por lo tanto, conseguir el dinero que vuestro viejo maestro necesita para vivir>>.

<<¿Cómo podemos hacer eso?- preguntaron los discípulos-. Las gentes de esta ciudad son tan poco generosas que sería inútil pedirles ayuda>>.

<<Hijos míos- contestó el maestro-, existe un modo de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. No sería pecado para nosotros robar, pues merecemos más que otros el dinero. Pero, ¡ay!, yo soy demasiado viejo y débil para hacerlo>>.

<<Nosotros somos jóvenes- dijeron los discípulos- y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por vos, querido maestro. Decidnos sólo cómo hacerlo y nosotros obedeceremos>>.

<<Sois jóvenes- dijo el maestro- y es poca cosa para vosotros el apoderaros de la bolsa de algún hombre rico. Así es cómo débeis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo donde nadie os vea, y luego agarrad a un traseúnte y coger su dinero, pero no lo lastiméis>>.

<<Vamos inmediatamente>>, dijeron los discípulos, excepto uno, que había callado, con la mirada baja.

El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:

-Mis otros discípulos son valientes y están deseosos de ayudarme, pero a ti poco te preocupa el sufrimiento de tu maestro.

-Perdonadme, maestro- contestó-, pero el plan que nos habéis explicado me parece irrealizabe; éste es el motivo de mi silencio.

-¿Por qué es irrealizable?- preguntó el maestro.

-Porque no existe lugar alguno en el que no haya nadie que nos vea- contestó el discípulo-; incluso cuando estoy solo mi Yo me observa. Antes cogería una escudilla e iría a mendigar que permitir que mi Yo me vea robar.

A estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo. Estrechó al joven discípulo entre sus brazos y le dijo: <<Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras >>.

Sus otros discípulos, viendo que su maestro había querido ponerlos a prueba, bajaron la cabeza avergonzados.

Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno les venía a la mente, recordaban las palabras de su compañero: <<Mi yo me ve>>.

Y así se convirtieron en grandes hombres, y todos ellos vivieron felices por siempre jamás.

Cuentos budistas ( Veinte cuentos Jâtaka). Biblioteca de cuentos maravillosos.

José J. de Olañeta, Editor

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Lo intento Lerna, pero ya sabes cómo es mi cabecita, siempre maquinando sin pararUn beso...(01 dic)
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Vale, Luz... Descanso, estoy hecha un flan. El médico dice que ´debería volver a operarme, que han ......(01 dic)
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