Esa muñeca a la que diste cuerda
Verdaderamente cuando escribimos poesías desvelamos esos mundos ocultos que hay en nosotros. Son otros yo, que nos dejan extenuados. Una cita de otro autor, otros poemas, los propios recuerdos, lo que hemos vivido, lo que han sentido otros.
Todo se amalgama y forma una película que nos rodea y hace que nos desenmascaremos, o nos ocultemos, dependiendo de nuestro estado de ánimo o de lo que vemos a nuestro alrededor.
Una mirada de terror puede caer de los ojos
rebotar en el suelo y trepar por las paredes
convertida en araña que teje una tela finísima
Oscar Hahn
Atrapada dentro de mí. ¿Podré salir?

El mundo es un carruaje que pandea
Te aúpas con frenesí en el vagón
mientras un arlequín salta detrás
con todo el equipaje
En el camino hacia el saber
hay tantas puertas, tantas cárceles
Ya lo sé, esa savia dulce es venenosa
Y si fuera cierto que bebiéndola encogiese
Y si Alicia tuviese razón
El Callejón del Gato al carajo
¿Con qué varita me convertiría en mago?
¿Cuál me serviría de estímulo?
Y si lo consigo
¿me achicaría?

He dejado el lastre de las cadenas
por falta de imaginación
Forjar ideales dulces
te pudre por dentro
Despertar es tan dulce
Quitar la máscara
a lo inexistente:
pura cortesía obligada

Supones señor que he cambiado
después de dar y recibir silencio
Un collar de no me olvides
es mi presente para tu cuello
Cuarenta cuentas de miedo
Preciosas, ¿no crees?

Existes, fuiste, serás
conjugación perfecta
diabólicamente enredada
en tu nombre
Abierta de repente la verdad
se hiela de repente
Gritas un sí oscuro
que quiere ser un yo
Pintas tú que soy yo
que he querido ser tú
Sin sentido ese ayer
te ha negado No me dejó
ser tú ni enredarte
Estrellas el velero contra los arrecifes
Si vuelvo a nacer, recuérdame capitán
que salve a mi dolor
Mis ojos adolecen de canto de sirenas
Te escapaste capitán
llevándome contigo al infierno
¿Viste el ovillo de los arlequines?



