Aquellas cartas para mi amiga Begoña
Querida Begoña
No comprendo lo que me pasó la otra noche cuando me lié con Luís. No sé cómo pude dejarme llevar hasta límites que yo creí que nunca llegaría y menos con un chico al que no conocía de nada. De repente, me descontrolé. Yo que no nunca soy pasional, sino más bien bastante fría porque me los huelo a distancia y les corto el rollo.
Cuando salgo de noche ( en vista de los especimenes que hay por ahí) me planto la careta y soy otra persona diferente. Vamos que me voy a la pista y si algún niño bonito se acerca a molestarme o sacarme de mis casillas, ¡qué son de pesados!, lo mando a la porra, que se vaya a comerle la olla a otra, que también las hay con hambre, ¿o no?
Mira tú, al final, tanto ponerme caretas para protegerme y la final he acabado cayendo al hoyo, liándome con el tío de turno. Casi sin darme cuenta estaba enrollada, pero que muy enrollada. ¿Qué me paso? No lo sé, o él se lo montó muy bien o ese día me pillo, alicaída. Para que luego se diga que de esta agua no beberé y se critique a las demás, y luego... a las primera de cambio, caes tú misma en la trampa.
Anoche me llamó, lo tiene clarito. Si le molo que se lo curre, después de lo que pasó seguramente habrá ido largando por ahí y fardando que no veas y me muero de vergüenza si se enteran mis amigas, que a la única que se lo he contado es a ti y a dos o tres más que son muy amigas mías y con las que estoy segura que mi secreto está a salvo.
Escríbeme, ¿vale?
Rosa



