Bravísima la poesía de Marcelo Rizzi
Te presentamos una selección de poemas de Marcelo Rizzi, el poeta que aboca la escritura a la búsqueda de lo absoluto. Rizzi penetra en el estadio de la poesía, estira su arco y lanza sus flechas, imágenes que estallan como granadas, en esa caverna donde el tiempo se ha detenido y lo unívoco no existe. El lector reconoce los artificios de la realidad cuando se bebe esas percepciones luminosas que encajan en el puzle de las preguntas. La lectura de estos poemas no pretende darnos respuestas universales a las grandes cuestiones de la vida, sólo nos muestra un mapa, el que ha fijado el poeta a su piel, el que sigue a ciegas, en busca de alimento.
Marcelo Rizzi nació en Rosario en 1961. Allí estudió Historia y Filosofía en la Universidad Nacional de Rosario. Ha publicado entre otros Ospedale della Pietà ( 1995) y El humo de los belfos( 1997), El comienzo oblicuo de todo desorden ( 2001), Sinopie ( 2003) y La isla de los perros y otras dificultades. En 2007 obtuvo el segundo premio en el concurso de Poesía Felipe Aldana de la Editorial Municipal de Rosario por Casa incompleta.
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que todo consistiese/ en pequeñas pérdidas/ -?las que unidas/ como en un collar de grosellas/ de mármol o marfil/ construyesen la ilusión/ del hallazgo/ más completo".
Marcelo Rizzi


Los funerales del agua
¿En qué árbol del deseo anidan
las gotas rizadas, las nubes que persiguen
la hembra oscura que se perfuma
en los narcisos?
Sus cabellos no cesan
como frío terciopelo de los gallos.
El testigo se ha hecho borroso
como el humo de los belfos.
Si es que en aquel bosque
nos perdemos, la máscara de esparto
favorece nuestro viaje hacia la nada.
Saca ahora el primero de los clavos,
y envía al que hiende con sus hachas
nuestras bocas a que termine
su labor en los meandros.
La luna interior se ha hecho polvo
de las llamaradas, para que los cuerpos
se ciñan en las hondonadas pardas.
Perdidos en el furor de los martillos,
deliberamos el futuro vertical
de nuestros huesos, la oración puntual
de las vírgenes que llegan
al funeral reiterado de estos ríos.

<<Soñarás con palabras >>
La más privada de las palabras agrega siempre
una confusa palidez al deseo que la esculpe.
Para sorpresa de sí, sabe que algún día,
como toda escritura en la arena,
también será mortal junto al que la habita.
Donde hubo un adiós de copa enhiesta,
los filamentos del viento que nacen de las ropas,
descubren otra nación bajo los párpados:
dioses y demonios que no abrevan jamás
de lo que suponíamos que era la memoria
-nuestro vino más tardío-,
lo hacen de otra clase de licores,
del que se vierte en la mañana
desde el pico plateado de la luna,
y cae sobre el que se despierta
y cree que aún sigue dormido,
con su pie reiterado en la raíz
más perfumada de la noche.
Terra sacra

Hoy comimos de la última fruta de estación.
La abrimos en dos mitades iguales y repartimos
su secreto sabor, para que de allí brotara luz
de mar, cien perfumes de pájaros recuperando
el vuelo.
Cuando el sol se iba poniendo, dividiendo
sus brazos para alcanzar las más lejanas higueras,
los cuerpos que duraban sólo una noche
parecían cargar máscaras de oro viejo al atravesar
el carbón de la fragua. Su espera era ya todo
su ser, a juzgar por la eternidad de los animales
que viajaban junto a ellos.
No saber qué es lo último o lo primero,
qué pone fin a los pasos por las orillas
infinitas de Ítaca.
Los artificios del sí

Cada vez se acerca a su apariencia
a través del olvido de sí mismo.
Cuando se ha omitido el ardor
de las aves migratorias,
la venus en la flor abisal,
el pensamiento desde lejos
se va conquistando hasta el último
hueso joven de la higuera.
En el vaso griego fermentaron
hasta ayer todas las dichas
y las desdichas, pero el humus
apenas entrevió savias negras
para su oscuro mar de serenidad.
Juegos fecundos a la sombra
del manzano, en la tapia que separaba
la duración de aquellos mundos,
donde la vida comenzaba
a partir de una elegía.
El umbral que no cesa

La minuciosidad del árbol
que se ha ofrecido en alimento
no basta. Como todo pájaro
tiene para sí su propia fábula
de fuego.
Es preciso que l sol invente
el ámbar para hacer de él
la ilusión de la miel.
El gallo nos habla del norte
como si de allí
llegara toda la sorpresa,
toda revelación, fulmínea,
como preludio, del azufre
en las azoteas: la mujer
que regresa siempre
con el óleo y con el tiempo.
Caza menor en la noche

Ahora que por fin acabamos la tarea
Del ocaso, sepultando los cuerpos
Invisibles de la noche, estiro las piernas,
llevo un bocado de pan hacia mi boca,
exhibo los trofeos que acaecen por sí solos
aunque ardan en la búsqueda absoluta
de un desordenado recomienzo.
Hay que dejar que esos animales
que estuvieron con nosotros,
trascurran su velocidad como si algo
de sí mismos, algún temor fértil,
los hubiera detenido, para siempre,
en el exordio de las blancas telas superpuestas.
No hay significado oculto en esas cosas,
sino su esplendor, por una sola vez,
vacilante e intruso.
En esos rudimentos de la contemplación,
el juego de adivinar adónde vamos
conducidos por la sangre, se ha hecho
reiterado: lo que visita la noche,
envuelta en su locura de trapos ajenos,
es el diáfano motivo con que el día
procura sus víctimas menores,
lo que de lejos viene y nos arrastra
hasta nuestra confusa procedencia.
Stigmata

Por el agujero del tejado
vimos pasar la estrella de oro.
Nos inclinamos sobre la mesa
a oler el vino derramado.
Aunque tus huesos tardaban
en traer el candil licuado,
echabas justo a tiempo
los fragmentos convenientes
a la pira de los días.
Antes que las palabras
recobrasen su mutilado espesor
sobre las cosas, serías el ángel
negro, elíptico y breve, que es vaticinio
cruel de sí mismo.
Elsewhere

En el jardín de las ausencias
están las tibias,
húmedas astillas
de la acacia que incendiamos.
Donde olvidamos con desdén
ánforas y venablos
alguien recoge desde hace tiempo
alimentos invisibles.
Cuando aún silba el espino
y en su vuelo
es más liviana la corneja,
¿no es la sangre más copiosa,
no suena la risa del loco
a una canción de barcos
que naufragan en nuestros ríos
de ceniza?
¿Qué era sino un cielo cavado
desde ayer en cada piedra,
la visión del último olivo centenario,
la vacilación de sus perfumes
y su envés?
La piel del saúco

Qué hay sin dolor, sino maneras de reunir
rara vez y en el derroche, el lirio en la colina ideal,
el mismo opaco paño del descontento
con la caída invisible de todo cuerpo.
Quitas o agregas espumas al rocío,
según tu ventana se orienta en cada habitación.
Esas historias no cuentan para el corazón
ausente que muy lejos se apaga: desnudo ante
los perfumes del amor, entre las babas azules
de la noche prisionero.
Oye cantar la vigía y hallarás la cifra
de la memoria absuelta, la égloga temprana
del diminuto sol de tus uñas
en una baya negra que viaja, de estación
en estación, con el torrente de los días.
Qué hay sin dolor, pregunta el ave soberana,
antes de anidar en lo más alto.
Borrador de alturas
Por detrás de cada lengua hay siempre
un dulzor de piedras que ruedan,
marcadas en la noche sin memoria,
y arrojadas se nuevo hacia el fondo del mar.
Los caballos del puro amanecer
han reclinado a la sombra de lo inerte
su pesadez de otoño. Lo invitado a estas
ceremonias truncas de deshonor estival,
les es definitivamente remoto y perecedero.
Bastaría una música secreta de rojas
semillas esparcidas para hacerlos trotar
otra vez por las calientes colinas.
Por aquí está mi carne, esquiva y tranquila,
mi voz que encalla motivos de lo vivo
-abreviaturas tenaces de húmeda razón-,
y mi sombrero de viento para quien
intente asirlo de una vez y para siempre
entre los remolinos y las ruinas.

Los emblemas de la nada
<<Norwegian, unexpected flowers>>
En unos minutos descenderá el sol
por completo; la luna ya ha apostado
al vigía desde sus barcos de nácar.
No pises las manzanas caídas en el
huerto: tienen su propia luz, su vida breve,
déjalas que duren un poco más de lo previsto.
Dormiré hasta que la brisa de los mares
Salobres te traigan, no importa si en forma
de ídolo, si de especias de lejanas tierras
arrasadas. Conservo de tu fragua la convicción
de tus manos, y las temperaturas que añadía
a los espejos.
El corazón del castaño reclina las joyas
de su inicuo crecimiento. Aunque así
lo parezca, el vuelo del último palomo
no es para nada silencioso, lleva consigo
una sinfonía secreta de huesos pequeños
sonando medulares al quebrar el aire
caliente de un cuerpo en la sequía.
En los hogares de la ciudad donde
con firme vocación perezco, alguien más
demora allí su exhortación crispada.
No dice nada, no sé quién es, pero siempre
está más cerca del alce en los bañados,
que de la lámpara de aceite que inaugura
su noche con una garganta de flores,
religiosas, noruegas e inesperadas.

hacer de las cuerdas
de un violín
el mal necesario
para aquello que ignora
la tulipa de oro
de la tarde
procurar que los árboles
se agiten
o se arrodillen y luego
besen la sombra
elástica de las espaldas
boca pequeña
e inconclusa
aunque profunda
como estanque
o aljibe
no había arte
en su decir
que ya no fuese
nuestra propia
medicina
al preguntar
nuevamente
por el final y el origen
de la madera
que sostenía
la cerca y los lechos
se lo hacía también
por el aquí y el ahora
de la leche con miel
del lugar que bebía
de a sorbos
y que traía
los fulcros,
las pinzas,
el ciego afán
del vencejo
hoy pagas con falsas
monedas
el más caso tributo
a un dios que
desconoces
–sedas escandidas
esculpidas por debajo
de toda piel
me pregunto esta vez
por qué me has traído
hasta aquí
a ver las ruinas
de la espalda amada
qué sangre de tu sangre
sobrevive aún
y brilla entre
los nervios
de la mar menguante

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una hilera de álamos jóvenes por lo que supone la única
Ese animal se sabe inmortal |
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Comentarios sobre Bravísima la poesía de Marcelo Rizzi
preciosa y por mi desconocida y va muncho con mi forma no de escribir si de sentir sentimiento humano en lo cotidiano en ver que la vida no es rosas sin espinas
Vaya, vaya... la vida de la poesía es sorprendente y misteriosa, me encanta la realidad, el saber que hay o huvo gente de gran corazón para expresar tanta belleza.
Que tengas una linda mañana de sábado, saludos a tu bella hija.
Queridas amigas, es que no puedo evitarlo... Me encanta la buena poesía... Y como siempre busco aquellos poetas, cuya obra me conmueve o me hace reflexionar.
Un beso muy fuerte para las dos.
Que personal es la forma de cada poeta!!
Gracias Aghata...
wow me voy sorprendida... interesante forma de expresar y expresar...
besos eternos amiga!
Muchas gracias queridas amigas: lo sorprendente de la poesía es la mirada, la incombustible mirada de cada poeta, mágica, distinta y única.
Un beso para los dos.
¿Verdad que leer poesía es como abrirte el alma, como sentir latir tu corazón en cada renglón?
Siempre se dice que no se puede vivir sin determinada cosa ... y no es cierto
... pero los libros se llevan dentro
Abrazos generosos.