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Bravísima la poesía de Marcelo Rizzi

por Aghata
viernes, 20 de noviembre del 2009 a las 21:22

Te presentamos una selección de poemas de Marcelo Rizzi, el poeta que aboca la escritura a la búsqueda de lo absoluto. Rizzi penetra en el estadio de la poesía, estira su arco y lanza sus flechas, imágenes  que estallan como granadas, en esa caverna donde el tiempo se ha detenido y lo unívoco no existe. El lector reconoce los artificios de la realidad cuando se bebe esas percepciones luminosas que encajan en  el puzle de las preguntas. La lectura de estos poemas no pretende darnos respuestas universales a las grandes cuestiones de la vida, sólo nos muestra un mapa, el que ha fijado el poeta a su piel, el que sigue a ciegas, en busca de alimento.

Marcelo Rizzi nació en Rosario en 1961. Allí estudió Historia y Filosofía en la Universidad Nacional de Rosario. Ha publicado  entre otros Ospedale della Pietà ( 1995) y El humo de los belfos( 1997), El comienzo oblicuo de todo desorden ( 2001), Sinopie ( 2003) y La isla de los perros y otras dificultades.  En 2007 obtuvo el segundo premio en el concurso de Poesía Felipe Aldana de la Editorial Municipal de Rosario por Casa incompleta.

 
 

 

que todo consistiese/ en pequeñas pérdidas/ -?las que unidas/ como en un collar de grosellas/ de mármol o marfil/ construyesen la ilusión/ del hallazgo/ más completo". 

Marcelo Rizzi

 

Los funerales del agua

¿En qué árbol del deseo anidan

las gotas rizadas, las nubes que persiguen

la hembra oscura que se perfuma

en los narcisos?

Sus cabellos no cesan

como frío terciopelo de los gallos.

El testigo se ha hecho borroso

como el humo de los belfos.

Si es que en aquel bosque

nos perdemos, la máscara de esparto

favorece nuestro viaje hacia la nada.

Saca ahora el primero de los clavos,

y envía al que hiende con sus hachas

nuestras bocas a que termine

su labor en los meandros.

La luna interior se ha hecho polvo

de las llamaradas, para que los cuerpos

se ciñan en las hondonadas pardas.

Perdidos en el furor de los martillos,

deliberamos el futuro vertical

de nuestros huesos, la oración puntual

de las vírgenes que llegan

al funeral reiterado de estos ríos.

<<Soñarás con palabras >>

 

La más privada de las palabras agrega siempre

una confusa palidez al deseo que la esculpe.

Para sorpresa de sí, sabe que algún día,

como toda escritura en la arena,

también será mortal junto al que la habita.

Donde hubo un adiós de copa enhiesta,

los filamentos del viento que nacen de las ropas,

descubren otra nación bajo los párpados:

dioses y demonios que no abrevan jamás

de lo que suponíamos que era la memoria

-nuestro vino más tardío-,

lo hacen de otra clase de licores,

del que se vierte en la mañana

desde el pico plateado de la luna,

y cae sobre el que se despierta

y cree que aún sigue dormido,

con su pie reiterado en la raíz

más perfumada de la noche.

 

Terra sacra

 

Hoy comimos de la última fruta de estación.

La abrimos en dos mitades iguales y repartimos

su secreto sabor, para que de allí brotara luz

de mar, cien perfumes de pájaros recuperando

el  vuelo.

Cuando el sol se iba poniendo, dividiendo

sus brazos para alcanzar las más lejanas higueras,

los cuerpos que duraban sólo una noche

parecían cargar máscaras de oro viejo al atravesar

el carbón de la fragua. Su espera era ya todo

su ser, a juzgar por la eternidad de los animales

que viajaban junto a ellos.

No saber qué es lo último o lo primero,

qué pone fin a los pasos por las orillas

infinitas de Ítaca.

 

 

Los artificios del sí

 tehupm6tsz1.jpg

Cada vez se acerca a su apariencia

a través del olvido de sí mismo.

Cuando se ha omitido el ardor

de las aves migratorias,

la venus en la flor abisal,

el pensamiento desde lejos

se va conquistando hasta el último

hueso joven de la higuera.

En el vaso griego fermentaron

hasta ayer todas las dichas

y las desdichas, pero el humus

apenas entrevió savias negras

para su oscuro mar de serenidad.

Juegos fecundos a la sombra

del manzano, en la tapia que separaba

la duración de aquellos mundos,

donde la vida comenzaba

a partir de una elegía.

 

 

El umbral que no cesa

 

La minuciosidad del árbol

que se ha ofrecido en alimento

no basta. Como todo pájaro

tiene para sí su propia fábula

de fuego.

Es preciso que l sol invente

el ámbar para hacer de él

la ilusión de la miel.

El gallo nos habla del norte

como si de allí

llegara toda la sorpresa,

toda revelación, fulmínea,

como preludio, del azufre

en las azoteas: la mujer

que regresa siempre

con el óleo y con el tiempo.

 

 

Caza menor en la noche

 

Ahora que por fin acabamos la tarea

Del ocaso, sepultando los cuerpos

Invisibles de la noche, estiro las piernas,

llevo un bocado de pan hacia mi boca,

exhibo los trofeos que acaecen por sí solos

aunque ardan en la búsqueda absoluta

de un desordenado recomienzo.

Hay que dejar que esos animales

que estuvieron con nosotros,

trascurran su velocidad como si algo

de sí mismos, algún temor fértil,

los hubiera detenido, para siempre,

en el exordio de las blancas telas superpuestas.

No hay significado oculto en esas cosas,

sino su esplendor, por una sola vez,

vacilante e  intruso.

En esos rudimentos de la contemplación,

el juego de adivinar adónde vamos

conducidos por la sangre, se ha hecho

reiterado: lo que visita la noche,

envuelta en su locura de trapos ajenos,

es el diáfano motivo con que el día

procura sus víctimas menores,

lo que de lejos viene y nos arrastra

hasta nuestra confusa procedencia.

 

Stigmata

Por el agujero del tejado

vimos pasar la estrella de oro.

Nos inclinamos sobre la mesa

a oler el vino derramado.

Aunque tus huesos tardaban

en traer el candil licuado,

echabas justo a tiempo

los fragmentos convenientes

a la pira de los días.

Antes que las palabras

recobrasen su mutilado espesor

sobre las cosas, serías el ángel

negro, elíptico y breve, que es vaticinio

cruel de sí mismo.

 

Elsewhere

 

En el jardín de las ausencias

están las tibias,

húmedas astillas

de la acacia que incendiamos.

Donde olvidamos con desdén

ánforas y venablos

alguien recoge desde hace tiempo

alimentos invisibles.

Cuando aún silba el espino

y en su vuelo

es más liviana la corneja,

¿no es la sangre más copiosa,

no suena la risa del loco

a una canción de barcos

que naufragan en nuestros ríos

de ceniza?

¿Qué era sino un cielo cavado

desde ayer en cada piedra,

la visión del último olivo centenario,

la vacilación de sus perfumes

y su envés?

 

 

La piel del saúco

 

Qué hay sin dolor, sino maneras de reunir

rara vez y en el derroche, el lirio en la colina ideal,

el mismo opaco paño del descontento

con la caída invisible de todo cuerpo.

Quitas o agregas espumas al rocío,

según tu ventana se orienta en cada habitación.

Esas historias no cuentan para el corazón

ausente que muy lejos se apaga: desnudo ante

los perfumes del amor, entre las babas azules

de la noche prisionero.

Oye cantar la vigía y hallarás la cifra

de la memoria absuelta, la égloga temprana

del diminuto sol de tus uñas

en una baya negra que viaja, de estación

en estación, con el torrente de los días.

Qué hay sin dolor, pregunta el ave soberana,

antes de anidar en lo más alto.

 

 

Borrador de alturas

 

Por detrás de cada lengua hay siempre

un dulzor de piedras que ruedan,

marcadas en la noche sin memoria,

y arrojadas se nuevo hacia el fondo del mar.

Los caballos del puro amanecer

han reclinado a la sombra de lo inerte

su pesadez de otoño. Lo invitado a estas

ceremonias truncas de deshonor estival,

les es definitivamente remoto y perecedero.

Bastaría una música secreta de rojas

semillas esparcidas para hacerlos trotar

otra vez por las calientes colinas.

Por aquí está mi carne, esquiva y tranquila,

mi voz que encalla motivos de lo vivo

-abreviaturas tenaces de húmeda razón-,

y mi sombrero de viento para quien

intente asirlo de una vez y para siempre

entre los remolinos y las ruinas.

 

Los emblemas de la nada

  <<Norwegian, unexpected flowers>>

 

En unos minutos descenderá el sol

por completo; la luna ya ha apostado

al vigía desde sus barcos de nácar.

No pises las manzanas caídas en el

huerto: tienen su propia luz, su vida breve,

déjalas que duren un poco más de lo previsto.

Dormiré hasta que la brisa de los mares

Salobres te traigan, no importa si en forma

de ídolo, si de especias de lejanas tierras

arrasadas. Conservo de tu fragua la convicción

de tus manos, y las temperaturas que añadía

a los espejos.

El corazón del castaño reclina las joyas

de su inicuo crecimiento. Aunque así

lo parezca, el vuelo del último palomo

no es para nada silencioso, lleva consigo

una sinfonía secreta de huesos pequeños

sonando medulares al quebrar el aire

caliente de un cuerpo en la sequía.

En los hogares de la ciudad donde

con firme vocación perezco, alguien más

demora allí su exhortación crispada.

No dice nada, no sé quién es, pero siempre

está más cerca del alce en los bañados,

que de la lámpara de aceite que inaugura

su noche con una garganta de flores,

religiosas, noruegas e inesperadas.



hacer de las cuerdas
de un violín
el mal necesario
para aquello que ignora
la tulipa de oro
de la tarde
procurar que los árboles
se agiten
o se arrodillen y luego
besen la sombra
elástica de las espaldas







boca pequeña
e inconclusa
aunque profunda
como estanque
o aljibe
no había arte
en su decir
que ya no fuese
nuestra propia
medicina
al preguntar
nuevamente
por el final y el origen
de la madera
que sostenía
la cerca y los lechos
se lo hacía también
por el aquí y el ahora
de la leche con miel
del lugar que bebía
de a sorbos
y que traía
los fulcros,
las pinzas,
el ciego afán
del vencejo



hoy pagas con falsas
monedas
el más caso tributo
a un dios que
desconoces
–sedas escandidas
esculpidas por debajo
de toda piel
me pregunto esta vez
por qué me has traído
hasta aquí
a ver las ruinas
de la espalda amada
qué sangre de tu sangre
sobrevive aún
y brilla entre
los nervios
de la mar menguante

 

 

una hilera de álamos jóvenes
indaga la pendiente del río;
todos nacemos, invariablemente,
de una mujer que tiene a menudo
el oído ambiguo para el tronar de
la rosa; hablar de esas cosas
como si se estuviese leyendo
siempre una negra misiva:
buscar en la neutralidad de las
palabras, como el insomne el ocaso,
la trampa visual, para ver quién
por azar porta con su mirar la
máscara más blanca y preciosa

 

por lo que supone la única
razón de mis huesos, yo
seguiré vertical; haré que
la línea del horizonte
interrumpa en mí su vana
voluntad de dar cada mañana
abrigo a lo irreal; repetiré
el viaje del que antes llegó
hasta el corazón de la fruta
sólo para ver desde arriba
la oscilación del péndulo
que cae; seré feliz, por fin,
abrazado a la misma
columna de mármol,
siempre al lado del álamo
del jardín

 

 

 

Ese animal se sabe inmortal
porque ha encontrado
en su presa
alimento seguro

sin la memoria de lo acontecido
y en el silencio de lo absoluto
para no aturdir
la convicción de este mundo
omite
rasga y omite
sin destruir
los frutos con fuerza
genuina

abandona más tarde el claro
pisando con sigilo chispeante
las hojas caídas del arce

hay allí una conjunción
de astros que se apagan
y se vuelven a encender
-otro pétalo arrancado
a la madera,
nuevos ángeles
mortales con los que
una nube de lluvia
puede posarse otra vez
sobre los campos
sembrados

 

 

 

 

 

 

 

 

     
         

 

Comentarios sobre Bravísima la poesía de Marcelo Rizzi

preciosa y por mi desconocida y va muncho con mi forma no de escribir si de sentir sentimiento humano en lo cotidiano  en ver que la vida no es rosas sin espinas

Vaya, vaya... la vida de la poesía es sorprendente y misteriosa, me encanta la realidad, el saber que hay o huvo gente de gran corazón para expresar tanta belleza.

Que tengas una linda mañana de sábado, saludos a tu bella hija.

Queridas amigas, es que no puedo evitarlo... Me encanta la buena poesía... Y como siempre busco aquellos poetas, cuya obra me conmueve o me hace reflexionar.
Un beso muy fuerte para las dos.

Que personal es la forma de cada poeta!!

Gracias Aghata...

wow me voy sorprendida... interesante forma de expresar y expresar...
besos eternos amiga!

Muchas gracias queridas amigas: lo sorprendente de la poesía es la mirada, la incombustible mirada de cada poeta, mágica, distinta y única.
Un beso para los dos.

¿Verdad que leer poesía es como abrirte el alma, como sentir latir tu corazón en cada renglón?
Siempre se dice que no se puede vivir sin determinada cosa ... y no es cierto
... pero los libros se llevan dentro
Abrazos generosos.

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