Bravísima la poesía de Kepa Murua
Kepa Murua.

Casi siempre es complicado definir lo que es la poesía y la mayoría de los poetas evitan dar una respuesta categórica, definitoria…dicen que con el peso de los años quizá lamenten esa inocente respuesta primigenia. En realidad cada poeta lleva a cuestas el peso de sus sentimientos, deseos o vivencias y cada uno intenta en su justa medida el distanciamiento, colocarce ante el espejo esa ilusión de que es otro el que ve, escucha u observa la realidad desde su caleidoscopio. Sin embargo, la poesía auténtica es aquella que sentimos viva en nuestras entrañas, la que emociona, la que nos despeja incógnitas o las revive ante nuestros ojos , la que sentimos nuestra… esa es la poesía que pervive y que amamos.
En cierto modo eso es lo que sucede con estos poemas de Kepa Murua, que sobreviven, pasan por el tamiz de nuestras emociones y dejan marcas, surcos, interrogantes o respuestas aleatorias. Sus vivencias se codean con nuestras decepciones, su soledad con esa debilidad que se adhiere a nuestra piel cuando sentimos que nos han arrancado la otra mitad, que estamos incompletos. Las palabras de Kepa se contonean ante nuestros ojos y nos deslumbran hasta que nos reconciliamos con todas y cada una de esas cicatrices; premisas omnipresentes. Su trayectoria poética ahonda en nuestras emociones y nos muestra el trayecto, hasta que se diluyen sus respuestas y las hacemos nuestras. El ritmo vital de estos versos, su cadencia trasmuta nuestros sentidos, y ese aparente fingimiento habla por si sólo, palpa el mundo que respira, se interroga y nos interroga mientras respira.
Por eso su trayectoria como poeta o como editor de Bassarai se ha consolidado con el paso del tiempo, ha madurado y sigue un camino, lleno de zancadillas, desilusiones o sueños, pero con paso firme, con la seguridad y el aplomo que necesitan todos aquellos que aman, vibran, sienten o se tambalean; pero nunca abandonan sus convicciones ni sus sueños.

Porque esperas humillada, háblame
de aquella arruga, de aquella palabra
que aguardabas durante meses.
Porque sabes de la fuente y nada del fuego
dime de la hipocresía que encierra el deseo.
Desnuda como estás, háblame del amor
si es que existe, esa tu belleza hundida
y arrogante. Cuántas veces traicionada,
cuántas rendida con la mentira de unos ojos
preparados para ello. Amor, dime
por qué los abrazos son iguales y nerviosos
como el infinito. Háblame de aquel beso
hondo, pero que a nada sabe.
háblame de la memoria que descubre
tus palabras, olvidándolas por dentro.
Una vez más y desnuda como estás
háblame de la verdad en unos brazos
llenos de desprecio, y cuántas veces
creció la esperanza en tu huida
hacia delante. Háblame del aliento,
que nos quema. Dime si son verdad
Las palabras que sobreviven
al recuerdo y por qué te sientes
Tan despreciable y tan vieja.
El baile de los ciegos

Cuando miro en tus ojos
una bandera engastada en el infinito
una ola sin fuerza en la orilla
y un atardecer gris sin sueños.
Cuando me acerco a tus ojos
peces boca arriba, palabras de odio
a punto de explotar a lo lejos.
Cuando en tus ojos me meto
Siento el disparo de una bala
que nunca sé dónde cae.
No tienen cicatrices tus ojos.
No hay cielo que toquen sus heridas.
Daño y dolor son al mismo tiempo.
Cuando sufro porque no encuentro
un mapa al descubierto
temblando como un ciego que camina
entre las ruinas de un edificio sombrío.
Cuando miro en tus ojos
lo que nadie se atreve a ver en los míos
una ceguera infinita.
Siempre conté hasta diez y nunca apareciste

Fueron noches de granizo desnudo, de temblor
en el humo del deseo. Días de ayuno y lucidez.
Imaginaba el recorrido del llanto en las trampas
de la noche. La quietud en la memoria
de una pesada cárcel que esperaba a lo lejos.
El rencor de saberme preso en otro cuerpo
distinto al tuyo. Liberado en otro gesto,
y defendiéndome en otro perfume.
Pero sé que no fue más que un sueño.
Corría desnudo por la habitación del aire.
y sentía que volaba, mas no era libre.
El grito

Ha sido en la mañana cuando la puerta
sonó con palabras que nos llevaron al miedo.
Ha sido después de dormir muy poco
cuando entraron las voces provistas de armas.
Ha sido todo muy rápido; parecían fantasmas
de sigilosa sombra, toros de sangre y de negro.
Ha sido cuando hablábamos como niños
temerosos de reír en alto.
Ha sido en la encrucijada del amor humano,
cálido y fértil cuando descansa.
Ha sido la mentira piadosa
que posamos en sus manos, el frío
del invierno en unos pies descalzos.
Ha sido el abrazo de un inesperado dolor
cuando callaron los candados de la puerta.
Ha sido como recurrir a la historia
leyéndola desnudos, creyéndolos forzados.
Ha sido la respiración, de tantos años juntos
de tanto amor lastimado. De tanto grito.
A solas con la palabra
A menos que prefieras vivir de rodillas
con las palabras mutiladas. Mudo
con el silencio del otoño en entredicho.
Que descubras el oscuro cielo
de las frases convencionales o la repetición
de los gestos más cómodos,
no podrá rozar el mar tu pecho,
no podrá encontrar el deseo
su lecho y sentir una nueva mirada.
A menos que mantengas el corazón callado
huyendo de las palabras que se rebelan a diario
no podrás volverte loco, ni morir
para resucitar de nuevo.
No podrás enfrentarte a las palabras
que por todas partes te buscan
con denuedo. La voz toma de la mirada
lo que ven los ojos y la angustia
que en verdad nos devuelve al miedo.
Una traición jamás es un beso

Son los poetas los peores amantes.
Sometidos al vaivén de las palabras
no fuerzan ningún músculo porque nunca
aguantaron diez minutos en brazos
de sus amantes. Necesitan las cartas
marcadas del ingrato deseo
y de una hermosa traición si riman los versos.
Los poetas son vagabundos en el oficio de amar,
pobres si se trata de ofrecerse, miserables
ante un salto al vacío.
Si suspiran nace el amor confuso, si callan
es que jamás han dejado de amarte.
Te incluyeron en el silencio de las palabras,
en el miedo de su muerte te quisieron más que a ellas.
Que en el universo de los poetas
jamás una traición se paga con un beso.
Peceras legan la sangre
Maneja la luz esta habitación a su antojo.
Desde que te marchaste con la ciudad a cuestas
negros han sido los amaneceres, fieros
los cuerpos besados, odiadas las resacas,
difíciles los retratos delante del espejo.
Pero la luz continúa acechando la memoria
y la resistencia del corazón.
En el veneno de una piel sentida
los restos de un itinerario perdido
acuden en silencio. ¿Qué olor es el del amor?
¿A qué huele el dolor cuando duerme?
La realidad cicatriza en el momento
cuando sin pretenderlo, recordamos
desde el primero al último de los sueños.
El deseo de llorar

Con el deseo de llorar a oscuras
las lágrimas no hay que recogerlas
con la lengua de una en una.
No hay que secarlas con las manos
Nerviosas cuando caen.
Hay que dejarlas que sigan su rumbo
hasta desangrarse en el inconsciente.
No, las lágrimas del amor
No son lágrimas si saben a uno.
Son agua como un deseo mil veces
perdido al tocarlas con los labios.
Son muerte y silencio compungido
con el temblor del cuerpo un día de lluvia.
Hay que llorarlas con su carga de odio.
Beberlas con el mayor de los desprecios
pero nunca de una en una,
sino con su sabor encerrado en la boca
guardarlas en la palma de la mano.
El sueño último

Un sueño sucumbe dolido
con la memoria de algo que se pierde
irreconocible y lejano.
Es el día último, convencido de que cada palabra
Levanta el susurro que nos protege
del sufrimiento a la vuelta de la esquina.
Se tiene miedo a amar por hacer daño.
En un mundo miserable la mentira no tiene sentido.
Se teme al sufrimiento que se desconoce
y se utilizan las palabras como si fuera verdad
el engaño. Pero sólo los que hemos visto
el último sueño, vivimos por recordar
aquello que se pierde.
La poesía y tú
Mi vida en un instante, parado y silencioso, la poesía es azar
La poesía como una cortina de opio nos devuelve a la vida y nos habla para reírnos con la muerte: soy un campo y la araña recorre la piel entre el sol y la nevada.
La quiero y cómo decirle que la amo si son dos entidades diferentes. Pasa otro tanto con las cosas y los objetos.
Si vieras sus ojos sabrás por qué espero. El último beso fue el más violento. Se acercaba y se reía como si fuera parte de un secreto. Hay personas que son vírgenes por fijarse en todo.
Es terrible el miedo a uno mismo y más terrible estar solo. ¿A cuántas personalidades debo aspirar para dejar de hablar?
Nada ha cambiado, el discurso es el de hace años. Sólo la poesía ha evolucionado, en la poesía las palabras adquieren su verdadero sentido.
Libros de poesía de kepa Murua
Poesía:
Abstemio de honores
Cavando la tierra con tus sueños
Siempre conté diez y nunca apareciste
Un lugar por nosotros
Cardiolemas
Cantos del dios oscuro
No es nada
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La poesía y tú
La poesía si es que existe
Del interés del arte por otras cosas
Otros
Cuando cierre los ojos y Poemas del caminante
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Comentarios sobre Bravísima la poesía de Kepa Murua
Conozco personalmente a Kepa Murua. Estuvo hace como un año en Jaén y me encantó no solo su faceta de escritor de poesía, sino también la de editor.
Muchas gracias por acercarnos a personajes tan interesantes.
Querido amigo, volvemos a coincidir. Yo también conozco a Kepa, es una persona muy sensata e inteligente. Bassarai, es para mí, una fuente donde mana la literatura con mayúsculas... y los poemas de Kepa son muy buenos. Es una persona que te escucha y que sabe darte buenos consejos.
Un beso muy fuerte