Bravísima la poesía de Johannes Kühn
Johannes Kühn
Te presentamos ahora algunos de los poemas que conforman la trayectora de Johannes Kühn, un poeta alemán que pese a su reconocimiento tardío, es hoy en día uno de los exponentes más sólidos de la poesía contemporánea. Entre los premios que ha recibido figuran el Premio del Taller Dramático de Salzburgo, el premio del Arte de Sarre, el Premio de Honor de la Fundación Schiller de Weimar, el Premio Horst- Bienek, el Christian Wagner, etc…
Nacido el 3 de Febrero de 1934, en Bergweiler del Sarre, es el primogénito de una familia numerosa de mineros, establecida en una aldea, Hasborn am Schaumberg. Su formación se inicia en el instituto de enseñanza media de los Misionarios de Steyler en St. Wendel. Transcurrido ese periodo, estudia en la escuela de Arte Dramático en Saarbrücken y después asiste como oyente de Literatura y Lingüística en algunas universidades. Finalmente trabaja como peón de la construcción en la empresa de obras públicas de su hermano hasta que logra ganarse la vida como escritor.
Su producción literaria es variada: escribe dramas, obras de un acto, cuentos y dibujos, junto a unos siete mil poemas que parten de un yo que se interroga sobre el miedo, la duda o la resignación. Se trata de un yo revelador, en el que se vislumbra un atisbo de esperanza y confianza que aflora como telón de fondo.
Los poemas están íntimamente relacionados con el entorno o marco que le tocó vivir. Las estaciones u horas del día, la naturaleza, el ambiente del pueblo o del campo interactuan con las viviencias, los pensamientos y los sueños utópicos. Los registros se solapan unos a otros, poemas cortos se codean con otras composiciones más largas; aunque también aparezcan las estrofas yámbics o hexamétricas e incluso el poema sin rima. El tono también se carazteriza por la fusión de distintos niveles: el himno, la ironía u el humor no ocultan esas tonalidades emotivas que se esconden detrás pero que pueden rastrearse sin dificultades: qejas, identificación con los marginados, crítica al mundo que nos abraza en una burbuja que se desembaraza de los sentimientos. Un episodio transcendente que decanta la balanza hacia el territorio artístico, es el descubrimiento de Hölderlin, que lo entusiasma. El poeta llega incluso a copiar composiciones para buscar el ritmo interno subyacente.
Aún así su aficción poética comienza muy pronto, porque siente el anhelo continuo de transcribir lo que buye dentro de él, unos versos cotidianos que van y vienen sin que pueda evitarlo. De hecho el título de su obra primera, atiende a se continuo impulso creativo: Muchas cosas piden música constantemente. Son poemas que exploran la conciencia de ese alma herida y solitaria que es el ser humano. Su segunda obra tardó en salir a la luz, debido a su internamento en diversas clínicas psicosomáticas. Él mismo recuerda esa étapa cuando afirma: “ Me han puesto muros/ en el camino”. No sería pues, hasta pasados quince años que saliese a la luz su segunda obra, Voces del silencio que ahonda en el fluir del tiempo, en algunas terribles vivencias, como la muerte sus seres queridos.
En los años 80, Johannes enmudece, deja de escribir y vive alejado del mundo literario durante diez años. Pero su obra no permanece en la oscuridad, pues sus amigos Benno e Irmgard Rech se encargan de ordenarla y seleccionar un corpus que sale a luz como “ Sabor de sal”, obra que supuso el reconocimiento internacional, la justa alabanza por parte de poetas y críticos. En sus obras nos encontramos ante la voz del exiliado, del expulsado, el pertinaz artista incomprendido, del que se mofan los contertulios. Él, por su parte, permanece en una sombra iluminada, capaz de vislumbrar el mundo que le rodea, con una mirada crítica y sensible. Ese solapamiento le permite percibir la realidad a través de un prisma revelador: los fenomenos de la naturaleza, los trabajos, el quehacer de los hombres y de sí mismo pasan ante sus ojos hasta incardinarse en cada uno de nosotros, los lectores, como si de una realidad primigenia se tratase. El eficaz tratamiento del lenguaje poético acentúa los contrastes: metáforas atrevidas, alegorías, oscilan para mostrar una vez más, la eficacia expresiva del lenguaje inteligente y preciso.
Otra caracterisca a tener en cuenta en su obra es la fuerza de la ironía, la capacidad sugestiva que provoca esa focalización. El poeta es consciente del paso del tiempo, aún así la conciencia de infinitud está presente. Pese a la certeza de una vida que se desliza hacia la muerte, existe un atisbo de esperanza, que se sostiene a través del cauce de la experiencia religiosa; de ahí esa confrontación vista una mirada distanciada, esa mirada de bufón incrédula: donde muerte y vida se fusionan.
Nos hallamos pues ante un yo lírico que atisba las duras relaciones humanas que se desarrollan en un entorno frío, desmedido, cuajado de bruticía, pero del que puede extraerse el consuelo si uno es capaz de atravesarlo sin desintegrarse. En esa taberna, metáfora del mundo, el hombre se sitúa en un extremo y estira del hilo conscientemente para sobrevivir, pese al miedo, la zozobra o la incerteza del destino.

Fantasía

¡Día
que gusta a las gallinas!
El manto azul del cielo arroja
los campos de espigas en un fuego amarillo,
el grano se cuece
sano en dureza
y la harina,
tal que también al molinero hace cambiar
dulcemente su cara de hombre en sonrisa de mujer.
Esto adormila.
Los centavos de la felicidad
están bailando en coro
sobre el pavimento,
brillan
diestros dedos de chavales
lanzados
desde torres.
Los que despiertan de agujeros del camposanto
corren detrás de los metales tintineantes.
Entonces me acuchilla el grito del gallo,
Despertando veo un día de verano
con pogo negocio,
en el corral de las gallinas.

Tratante de ganado en la taberna
Suena el dinero en los bolsillos,
es como un repique en la taberna,
pensativos, los jóvenes
están sentados alrededor.
Del hocico cervecero sale el número
de terneras que ha comprado
y detrás de eso tropieza la gracia
a la muchacha,
eso lo echa rápido
de sí mismo, pues está salpicado
del rojo de la codicia.
¡El vencedor, el tratante fuerte,
sentado, muestra
cómo se hace
y se pone uno rico, muchachos,
que no sois nada! Comienza
-cuando chillan más negros los murciélagos-
la monotonía de grandeza a explayarse
como la cerveza en el cuerpo,
con un gesto indolente reparte
en la mesa rondas pagadas.
El tabernero acariciará el grifo de la cerveza.
Pronto bailan las mesas alrededor.
La noche se ciñe más a lo negro.
El amigo borracho

Entré en una madriguera de frases.
Allí estaba sentado el amigo,
una botella vacía,
dos, tres.
Entré en una madriguera de frases.
Mi amigo borracho la construyó
a gusto.
Y el zorro,
su espíritu,
corrió por las oscuridades de los pasillos,
llegó aquí a un final, allí a un recorrido retorcido,
allí a la abertura al cielo
que era más azul que cuando era real.
El amigo escucha al amigo.
Después vino el sueño, disparó al zorro
que corrió por la madriguera laberíntica
de las frases, lo mató,
simplemente con un tiro silente,
sin batida alguna.
Aburrimiento

¿Quién ha enganchado
el aburrimiento,
caballo solípedo,
al carro de mi vida?
En la cola repiquetean los cascabeles del bufón.
Sordo de ambas orejas,
arena en ambos ojos,
así pisotea chacoloteando solípedamente
en el mismo sitio.
Pero allí
Crecen nieblas del suelo.
Cuando se deshacen, llegan imágenes
pero desaparecen,
fetos muertos, delante de mis ojos, lentamente.
Canto de gallo suena a mi lado, arena movediza.
Canción de amor que solicita, chasquido de chinas.
Llamada de amigo llega a mí, sorda esponja.
¿Quién ha enganchado
el aburrimiento,
caballo solípedo,
al carro de mi vida?
¿Fue un enemigo?
¿Fui yo mismo
en el peor de los sueños?
Tiempo de ver a los que sufren

En la carne
penetra el mordisco del sufrimiento
a mi alrededor. En el roble
arrojo esta carga,
que él proteje al menos
con el techo de fronda
de la injusticia de la lluvia.
Vienen los que sufren
y cuentan.
Durante el hermoso tiempo
De viento, en Burdeos extraviado Hölderlin,
me va diciendo
el negro aliento,
su duelo,
aguijón
que duele en el pecho
no lo arranca el sol bondadoso.
El que yacía en el cuarto,
París vociferaba el placer,
el hombre: Heine, sufría,
me brilla su luna de la tarde
del tiempo ya muerto,
cuando tensa la maldición,
apuntaba a la luz suave
que no ayudó.
Cristo el Señor,
que también sufrió
su cuerpo en ruinas.
De él viene
el repique de Pascua Florida.
Llueve.
Me apoyo en el roble.
El cielo toda mi ventana,
toda la tierra abierta.
Tiempo de ver a los que sufren.
El lobo

¡Lobo soy yo, no de otro modo he nacido!
¡Mejor morder hierba,
mejor con peras,
cuando el día de otoño escupe fuego,
llenarme el cuerpo
apagando el hambre!
¡Dientes en los que las maldiciones de los hombres chocan
nunca me los he metido
en mi hocico sangriento!
A través de los cuentos me horrorizo,
a través de los bosque hace tiempo
con el hambre de carne.
Ya no la llamo.
A gusto me cambio el pellejo en olor de cordero de blanca piel.
Con mi padre ya,
con mi madre ya
estaba condenado
al hambre de lobo.
La lluvia de balas, la tormenta de maldiciones
de los hombres siempre presente.
¡Dejadme aullar al blanco nublado,
allí habita quien a mi carne, a mi salto
dio la ruta!
¡Siempre crece una tempestad en mi oído!

Caminante con abrigo
Variopintas
son las locuras
que vienen a mí,
las queridas hijas de mi vda,
cómo gritan padre,
y bajo la risa
de todos,
me dan su cariño
bajo la lluvia
y yo extiendo el abrigo.
Perro en la tarde

La tarde pone en árbol del duelo
intenso negro. Relámpagos de ventanas
lanza la casa con fresca luna.
Deseos,
mis fuentes de brillo,
murmuran con abundante agua
inundando
colinas.
Un perro se apoya en la rodilla,
ruge en el habre de agudo dolor,
aúlla en círculo.
Fácil es colmar
su deseo: ¡dale huesos
échale leche en el cuenco!
Ser perro.
Reliado en piel,
dejar llover las estrellas,
oír permamentemente el viento alrededor de la casa
como un amigo,
bien conocido por la carrera de los jardines.
Por ningún deseo desgarrado,
perro, reunido en tu piel,
en el sueño. Yo paseo
por los sueños miserablemente.
El enano
E
n la mesa de su yunque,
grande como un asiento de silla, suenan anillos de oro
y coronas. En alcobas oscuras los almacena todos.
Blancanieves vive en otro país.
Ha oído hablar de ella
y piensa en la posibilidad
de enviarle un anillo.
En su cuello de zapo anida un espíritu de la avaricia.
Mide con sus cortos pasos algún año.
Estornuda con su corta nariz alguna hora alegremente.
También le gustan los caprichos de su roja gorra de borla,
que con su borla
balancea como una rosa
en la joroba cuando forja.
Los caminantes de la luz
buscan flores
en la hierba de la montaña. Él bambolea con el martillo
por los estómagos de la montaña, donde se esconden
las verdes piedras preciosas. Él las golpea,
prueba con su lengua
y canta en su lengua de enano.
Zicki, zacki, zuck.
Zucki, zicki, zack.
Yazco en la ladera, le oigo por una grieta.
Ahora sólo me falta una muchacha,
traductora,
que lo reprodujera,
la besaría agradecido.
En mi alegría yo sería un gigante.
El fin de las palabras

El fin de las palabras
está ahí cada tarde,
es igual que la hayas usado,
pero cuando dormido
sigues hablando
se cree
que estarías poseído por Satán.
¿Juras en el sueño
banderas extrajeras,
son sílabas
por las que un caballito mecedor
echa al mundo potros de madera?
Te levantas
y ya no las conoces.
Empleas la primera frase la mañana siguiente
Con: ¡Buenos días!
Después debía de estar claro
que sólo tienes buenas intenciones
con tus palabras.
En un lugar tranquilo
Espero lobos que comen granos de trigo,
leones que se echan en rojas amapolas
y admirándolas son pacíficos.
Entre las groserías del mundo
y que se terminen
tiene que haber un principio.
Es una mañana
en la que el viento se mata en setos
para no molestar la luz del día de fiesta.
De países extranjeros
se anuncian disparos en el aire
Están por la mañana en el aire
y lo están todo el día
y de noche duermen algo los tiradores.
Sobre una colina estoy:
los campos de trigo están maduros y amarillos
y mi espera es infantil.
Los lobos en sus bosques siguen aullando el crimen,
los leones en sus trozos de desierto cazan sus víctimas.
Uno lo sabe.
No se pone uno contento con crímenes
sino con cerveza.
Cien poemas, Johannes Kühn
Ed. Bassarai



