Bravísima la poesía de Horacio

Suele decirse que Horacio es el poeta al que nos asomamos con entusiasmo, cada vez que fijamos la mirada en uno de nuestros clásicos. De hecho, sin su magisterio, sería difícil entender a Fray Luis, el gran renacentista. Pero su magisterio no sólo se observa en ese recorrido asombroso que realizamos al leer a Fray Luis, otros poetas contemporáneos han saciado su sed en la fuente inagotable de su poesía: desde Gil de Biedma o Ángel González hasta Ana Rosetti, Aurora Luque, Juan Antonio González Iglesias, todos y cada uno de ellos se abrochan la camisa poética deslizando la vista por sus Odas, Epodos, Epístolas o Sátiras. Él es sin duda la síntesis de todos los tópicos literarios: el poeta que los ha recreado todos y ante cuyo magisterio nos inclinamos: por su versos se pasea la conciencia del artista, el elogio de la vida retirada, el carpe díem, la aurea mediocritas, el análisis de los sentimientos contradictorios: los celos, la venganza, el amor, la deslealtad, etc. Anclas que se aferran a nuestra piel, y ésta se eriza, porque ese mundo sigue siendo el mismo, al y al cabo el tiempo se metamorfosea pero el alma permanece inalterable, es la misma página que respira, aunque varíe el tiempo, porque los sueños humanos no mutan, siguen siendo los mismos.
Hijo de un esclavo emancipado, Horacio tuvo suerte, el propio Virgilio lo presenta a su protector, que le facilita todo tipo de lujos y le alienta en su tarea literaria. De hecho, la palabra <<mecenas>>, recuerda a este personaje que patrocinó al gran artista, convirtiéndose así en estandarte de las personalidades que asumen la noble tarea de fomentar las artes.
Horacio representa la culminación de la poesía romana, el ejemplo más sólido de la nueva maestría. Escribe Sátiras, Epodos, Odas y Epístolas. Cada una de ellas presenta unas características propias, afines a su género. Las Sátiras son un conjunto de conversaciones que destapan los vicios humanos de una forma comedida. Casi nunca encontramos en estas composiciones una crítica soez, o acerada y cuando emplea el tono sarcástico, se asegura de que se trata de un personaje que ya ha fallecido o que es poco conocido en los cenáculos de la ciudad. Las Epístolas, por su parte, son una lectura personal de los más variados temas, gracias a ellas conocemos sus opiniones sobre la literatura. Constituyen pues un documento impagable para la posteridad. En cuanto a los epodos, estos poemas cortos adoptan un cariz político en su mayoría; no obstante, también indagan en otros temas más íntimos, como el enamoramiento y su casuística. Pero serán las Odas, las composiciones mejor construidas, ellas son, qué duda cabe, la culminación de su obra. En ellas Horacio se atempera, la voz de otros poetas, como Safo o Alceo, se deja sentir, pero él consigue aclimatarla a la nueva poética. Horacio marca pues el nuevo pulso poético y seguramente sin él, la poesía occidental se habría bifurcado por otros senderos.
A Sestio
(Libro I, Oda 4)

Remite el crudo invierno y el viento del oeste
trae a la primavera entre su brisa
y hace que al mar arrastren los navíos.
Ya el ganado no goza en sus establos
ni los prados blanquean con la escarcha
ni al labrador la lumbre le complace.
A los claros de luna empuja Venus
a los coros y Gracias con las Ninfas
que acompasadas mueven sus pies ágiles,
en tanto que Vulcano, infatigable,
se dirige a las fraguas de los Cíclopes.

Hora es ya de ceñir nuestras cabezas
con verde mirto o con aquellas flores
que la esponjada tierra nos ofrece.
Es el momento de ofrendar a Fauno
en los bosques sombríos un carnero
o un cabrito, si es lo que él prefiere.
La blanca muerte con su golpe iguala
las chozas de los pobres con las torres del rico…
Afortunado Sestio,
la corta suma de la vida entera
acota nuestras largas esperanzas;
pronto vendrán los Manes y la noche
hasta ti, a conducirte
a la morada de Plutón estrecha.
No tentarás allí juegos de azares
para tú presidir regios convites
ni admirarás al delicado Lícidas
por quien hoy los muchachos se enardecen
y a quien mañana adorarán las chicas.

No desperdicies tu juventud, Taliarco
(Libro I, Oda 9)
¿Ves cómo está el Soracte de nevado
e inclinadas del peso de la nieve
las ramas de los árboles del bosque?
El río su corriente ha detenido,
sólido por el hielo que lo frena.
Pon en la chimenea, Teliarco, tanta leña
cuanta para aplacar el frío se precise
y sin escatimar sírvete el vino
mejor, al que la cuba que lo cría
da, en justo tiempo, su mejor fragancia.
Deja el resto al cuidado de los dioses;
aplacan ellos sobre el mar los vientos
y enseguida esos aires
cesan de acometer a fresnos viejos
ylos cipreses de sufrir su furia.
Desentiéndete, alegre, del mañana
y sácale partido sustancioso
a la ocasión fugaz de los placeres;
disfruta del amor y de la danza
con la energía que tu edad te otorga,
ya que de la vejez estás aún lejos.

En consonancia y puesto que eres joven,
no faltes al encuentro convenido
en el lugar propicio de la calle,
cuando empieza a entregarse y tomar cuerpo
la incitación intensa de la noche
en la complicidad de sus rumores.
Ella ampara la risa delatora
del secreto lugar donde se oculta
el temblor anhelante de tu amiga,
que no te pone trabas, como muestra
la prenda que a su dedo o de sus brazos
has arrancado sin que resistiera.
Leucónoe: Carpe diem
( Libro I, Oda 11)
No intentes ( es pecado) indagar lo prohibido,
qué fin a ti y a mí nos deparan los dioses
ni consultes, Leucónoe, augures babilonios.
Mejor es disfrutar lo que tenemos
que andar desazonados por si Júpiter
no nos concede más que este invierno presente
que al Tirreno sin fuerzas ha dejado
contra escollos y rocas al batirlo.
Sé precavida pues, y filtra vino:
la vida es breve, olvida la esperanza,
mientras ahora charlamos huye el tiempo
envidioso… ¡Disfruta del momento!
¡Quién sabe si mañana otro tendremos!

A Lidia
( Libro I, Oda 25)
Ya no golpean tanto los muchachos
de arrebatado amor a tu ventana,
ahora cerrada para tu desdicha.
No perturba tu sueño su vehemencia.
Se aviene bien tu puerta a sus umbrales,
antes dispuesta a abrirse a cualquier hora.
Casi ya has olvidado, de no oírla,
La suplicante queja, hacia tu asedio:
¿Cómo serás capaz de dormir, Lidia,
mientras yo me consumo enajenado
a la intemperie, solo, de la noche?
Ya cambiarás las tornas y tú, vieja,
despreciada andarás por calles tristes,
y padeciendo las desatenciones
de la arrogancia de los más procaces,
que ni del saldo desearán tenerte,
bajo el gélido viento de la Tracia
(en un cielo sin luna, y por la noche),
cuando el ardor furioso que a las yeguas
ciega de excitación te reconcoma.
Lamentarás entonces que los jóvenes
viriles y atrevidos hallen gozo
entre la hiedra verde y mirto oscuro
y den al Hebro la hojarasca mustia,
inseparable amigo del invierno.

Elogio de la Aurea Mediocritas
para Licinio Murena
( Libro II, Oda 10)
Mejor vida te espera, Licinio, si renuncias
al riesgo de alta mar, y no te acercas
al litoral, igual de peligroso,
mientras que, precavido, evitas las borrascas.
Quien aspira a la pauta de una modesta vida
evita al mismo tiempo la desgracia
de una desvencijada casa en quiebra
y la envidia a que incitan los palacios.
Cuanto más altos son los pinos, más expuestos
están al viento, las esbeltas torres
son menos permanentes en su altura
y a montes elevados mejor los rayos llegan.
Recela la experiencia de la suerte voluble
y en las adversidades el prudente
no desespera; los inviernos crudos
que Júpiter depara, él mismo los concluye.
Si ahora no te va bien, mejorarán las cosas.
No siempre tiene Apolo tenso en arco en sus manos,
también hace sonar su cítara armoniosa
que despierta en las musas cantos nuevos.
En los momentos bajos muestra un ánimo fuerte
y en los más favorables ten en cuenta
que las velas hinchadas por el viento
conviene replegar en beneficio
del ritmo equilibrado de la nave.
La reconciliación ( Diálogo amebeo)
( Libro III, Oda 9)

Horacio:
Mientras tú me quisiste
y ningún otro joven abrazaba
tu blanco cuello con sus fuertes brazos,
me sentí más feliz que el rey de Persia.
Lidia:
Mientras fue para mí tu amor ardiente
y Lidia, yo, la renombrada Lidia,
no fui pospuesta a Cloe, yo, dichosa,
florecí más dichosa que la región de Ilia.
Horacio:
Ahora es Cloe, la tracia, a quien yo amo,
hábil en ritmos, con la lira experta;
por ella entregaría yo mi vida
si con ella los hados alargaran la suya.
Lidia:
Pues yo, Horacio, por Calais me consumo
por él, hijo de Ornito de Turio,
que corresponde con el mismo fuego;
dos veces yo por él daría la vida
si por ello los hados alargaran la suya.
Horacio
¿ Y si ( es de suponer) vuelvo a quererte
y el amor con su yugo nos reúne,
rechazo a Cloe y te abro a ti mi puerta,
Lidia, tú volverías a mí amarme?
Lidia
Aunque es hermoso Calais, más que un astro,
y tú leve y voluble como el corcho
e irascible también como el Adriático,
vivir, morir, contigo yo querría.
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A la musa Melpómene: mis odas
( Libro III, Oda 30)
He terminado ya mi monumento
más perenne que el bronce ( de palabras),
más alto e inmortal que las pirámides…
Resistirá las lluvias y los vientos,
el sucesivo curso de los años
resistirá, veloces, y yo mientras
no moriré del todo pues mis odas,
la parte más lograda de mí mismo,
vencerán a la muerte destructora.
Cuando con la vestal sube el pontífice,
Ambos callados, hacia el Capitolio…
Yo creceré incesante, siglo a siglo,
Renaceré en la estima venidera.
Yo, de origen humilde, poderoso,
fui el primero, en latín, que ha conseguido
abrir camino a los poemas eolios
donde el Aufido ruge violente
y donde reinó Dauno, un territorio
escaso en agua y pobladores rudos…
Acéptame, Melpómene, este orgullo
que por mi esfuerzo tengo merecido
y ciñe mi cabeza de laureles.
Al joven Ligurino
( Libro IV, Oda 10)
Cruel y poderoso de Venus todavía
ostentas, Ligurino, los encantos;
soberbio abusas de ellos, tan esquivo…
Más, cuando venga el bozo, que no esperas,
a emborrachar la gracia de tu cara
y debas los cabellos, que ahora flotan
sobre tus hombros, dar a la tijera
y se aje tu tez hoy tan hermosa
que hasta a las rosas mismas avergüenza.
Entonces, Ligurino,
será tu rostro un rostro ya marchito.

¿Cuántas veces dirás, cuando te mires
en espejos distintos, cuántas veces,
dirás llorando:
¿ Por qué entonces no amé, mientras yo pude,
o cuando yo amo ahora no regresa,
envidia de la rosa, la belleza que tuve?




Comentarios sobre Bravísima la poesía de Horacio
Gracias Aghata,,
Me pregunto sobre la riqueza de todos estos poetas..
Adorable la forma en que tocan el corazón...
Nanit
AYUDEMOS A RECUPERAR LA BELLEZA PERDIDA.
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El acné si es curable y en solo una semana.
1.- Aplíquese antes de dormir, CREMA DERMOSUPRIL sobre las zonas afectadas, muy poquito. (Fabricado y distribuido por Merck S.A., Carrera 65 No 10-95 en Bogotá, Colombia). Máximo 2 semanas. En Ecuador si hay.
2.- Tome BACTEROL FORTE, 1 cápsula todos los días al levantarse, por 2 semanas. (Fabricado y distribuido en Chile por Laboratorios Recalone S.A., Av. Carrascal 5670 y Santiago). En Ecuador si hay.
Bueno, espero que esto les ayude.
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Mi email: josejloayza@live.com
Confía en mi receta, a mi hija la curó en 1 semana.
Consejos adicionales:
1.- Lávese la cara solo con agua, no use jabón.
2.- No se saque las espinillas, se lastima más. En los dedos hay microbios.
3.- Coma Uvas, Manzanas, Zanahoria, Tomate, póngale AJO a la comida y tome bastante agua o jugo de limón.
4.- Le hace daño la harina, las colas, el azúcar y comer frente al computador.
5.- Cambie sábanas y fundas de almohadas cada 2 días.
6.- Toda cicatriz se cura en 1 semana, primero se forma una caracha que luego se cae. Espere 1 semana para ver resultados. Si tiene cicatrices la crema garamicina ayuda a quitarlas, aplíquese luego del tratamiento.
7.- La piel muy grasosa es excelente para no envejecer, pero es necesario que se lave más veces la cara al día solo con agua para que no parezca demasiado brillosa.
Difúndelo.