Bravísima la poesía de Fernando Pessoa
"Viver não é necessário; o que é necessário é criar"
La poesía de Pessoa se caracteriza por una fuerza inusual que nos obliga a penetrar en el laberinto de feria, por donde se pasean múltiples seres que dialogan entre sí, hasta el punto de que nos cuesta reconocerlo en medio de esa multitud de voces que se bifurcan en el espejo de sus creaciones. Pessoa no estaría completo sin ellos, consigo mismo no se basta. Si su vida se desliza callada por el camino del tedio y el desasosiego; su arte se derrama generosamente, gracias al diálogo que mantiene con todos esos personajes que salen por la noche e iluminan la habitación oscura donde el poeta se alimenta de creaciones que salen compulsivamente, sin que él pueda ni quiera detenerlas en el punto fijo de su persona.
Pessoa prefiere ese drama de personajes al drama de la vida, insulsa y sin alicientes por las que se pasea, como un simple traductor de cartas comerciales. Su vida le importa poco, no tiene casi amigos, no siente el estallido del amor, ni siquiera se inmiscuye en el dolor del mundo. Caeiro, por ejemplo, afirma: “Que haya injusticia es como que haya muerte. Yo nunca daría un paso para alterar/ Aquello que llaman la injusticia del mundo.” Hasta la propia Ophéila Queiróz, con la que mantuvo cierta relación es consciente de esa incapacidad del poeta para las relaciones, ella misma admite que Pessoa es incapaz de definirse en un ser proteico, sin otros.
Los heterónimos trascienden la propia integridad del poeta, hasta el punto de sobrevivirle, como es el caso de Ricardo Reis. Cada uno de ellos tiene una personalidad definida y se le atribuye una fisonomía, una biografía, un programa literario, etc. Pessoa, obsesionado por el ocultismo, llega incluso a realizarles el horóscopo o en su ¿locura? se presenta a reuniones afirmando ser cualquiera de sus heterónimos. También asume las contradicciones y juega con el lector, al trastocar las fechas de nacimiento o muerte de los personajes o desubicar el nacimiento de un personaje, al que se le cambia el lugar de nacimiento. Todos estos juegos nos recuerdan por supuesto los juegos a los que se enfrentan los héroes de ficción al principio de siglo. Nos recuerda al Bernardo Soares de El libro del desasosiego “toda la vida del alma humana es un movimiento en la penumbra. Vivimos en medio de un crepúsculo de la conciencia, nunca seguros de lo que somos o de lo que creemos ser”.
Así resuena el sinsentido de la vida, la ausencia de asideros religiosos, el no saber para qué vivimos. Él mismo afirma no ser nadie: «Siento que soy nadie salvo una sombra...» escribió. Cada heterónimo sería como una proyección a mano alzada de las distintas teorías o proyecciones literarias por las que puede pasar una obra. Ricardo Reis, el más cercano a Pessoa (recordemos que Pessoa es otro de los heterónimos), representa el clasicismo, la naturalidad y la sencillez. En esa obra son patentes algunas corrientes clasicistas como el estoicismo o el epicureísmo. Caeiro, por su parte, es el maestro de todos, incluso de Pessoa, pese a su escueta formación. Los datos biográficos son mínimos porque “La vida de Caeiro no puede narrarse pues no hay más que contar. Sus poemas son lo que hubo en su vida. En todo lo demás no hubo incidentes, ni hay historia”. Se presenta ante Pessoa y se ríe de sus cavilaciones. Para él, que rechaza toda clase de doctrinas o filosofías, no hay nada más sencillo que la vida. Según él mismo afirma: “el único sentido íntimo de las cosas/ es que ellas no tienen ningún sentido íntimo”. En cuanto a Alvaro de Campos, es el poeta que más se distancia de los objetos, para centrarse en el sujeto. Practica cierto vitalismo aunque frustrado, vuelve los ojos al mundo y admira las máquinas; es el adalid de la modernidad. Finalmente Pessoa, es el poeta del vacío o de la nada: el agnóstico, el ocultista, el metafísico.
Claro que no son estos los únicos personajes que conviven en el baúl que la Fundación Gulbenkian entregó a la Biblioteca Nacional de Lisboa en 1979, también conviven otros, como Bernardo Soares, el autor de El libro del desasosiego, Alexander Search, Antonio Mora, Baron de Teive, etc. Todos ellos conforman ese drama de personajes que cambia el rumbo de la literatura portuguesa al convertirse en ese revulsivo que según Pessoa, necesitaba para penetrar de lleno en la modernidad. En ese baúl se encontraron 27.543 documentos. Toda una vida: diarios, horóscopos, trabajos de astrología, correspondencia, poemas, prosas, obras de teatro, traducciones.
Una proyección interesante de toda esa obra es la que realiza Richard Cámara, quien a partir de las cuartetas de Pessoa, ha dado vida a los poemas a través de sus ilustraciones. Afirma que no le ha resultado fácil elegir las cuartetas de entre más de 400 y que siempre desea añadir más a su exposición. Reconoce que cuando descubrió por casualidad las cuartetas, sintió que debía compartirlas con el público. Esa saudade, le arrastro a seguir ese delirio, pese a que no es fácil dibujar las palabras del poeta. Pero no ha sido este el único eslabón artístico con el resto de artes: también la música ha realizado su propio homenaje al poeta de los heterónimos, Tabaquería, por ejemplo, ha sido versionada por Liliana Fernández y Tom Jobim ha versionado “El tajo es más bello que el río que pasa por mi aldea” del maestro Caeiro.
Pessoa, es un poeta único dentro de la trayectoria de Occidente, un poeta dedicado plenamente a su obra, un poeta, que en último aliento de su vida, pidió sus anteojos y en una hoja de papel escribió: “No sé lo que me traerá el mañana”.
Ya en 1930, Pierre Hourcade, el primer extranjero que se acerca a su obra afirma: “ Pessoa ha realizado una cosa extraordinaria: aislarse de la vida, rehusar la gloria para no mutilarse. Este solitario, con la riqueza de tantas vidas en una sola vida, se ha burlado de nosotros. Ha tenido el arte de construir consigo mismo, para sí mismo, un universo tan perfectamente fértil en magia imprevista, en descubrimientos fecundos, que todos los demás somos para él inútiles y casi inoportunos. No le interesa iniciarnos en las maravillosas fantasías de su teatro secreto”.

El guardador de rebaños
Nunca guardé rebaños,
pero es como si los guardara.
Mi alma es como un pastor,
conoce el viento y el sol
y va de la mano de las Estaciones
siguiendo y mirando.
Toda la paz de la Naturaleza sin gente
viene a sentarse a mi lado.
Pero me pongo triste como una puesta de sol
para nuestra imaginación,
cuando refresca en el fondo de la llanura
y se siente que la noche ha entrado
como una mariposa por la ventana.
Pero mi tristeza es sosiego
porque es natural y justa
y es lo que debe haber en el alma
cuando piensa que existe
y las manos cogen flores sin darse cuenta.
Como un ruido de cencerros
más allá de la curva del camino,
mis pensamientos están contentos.
Sólo me apena saber que están contentos,
porque, si no lo supiera,
en vez de estar contentos y tristes,
estarían alegres y contentos.
Pensar es incómodo como andar bajo la lluvia
cuando el viento crece y parece que llueve más.
No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es sólo mi manera de estar solo. (…)
Si pudiera morder la tierra entera
y sentir su sabor,
y si la tierra fuera algo para morder
sería más feliz un instante…
Pero no siempre quiero ser feliz.
Hace falta ser infeliz de vez en cuando
para poder ser natural…
No todo es días de sol,
y la lluvia, cuando escasea, se pide.
Por eso tomo la infelicidad y la felicidad
con naturalidad, como quien no se extraña
de que haya montañas y llanuras
y de que haya rocas y hierba…
Lo que sí hace falta es ser natural y calmo
en la felicidad o en la infelicidad,
sentir como quien mira,
pensar como quien anda,
y cuando se va a morir, acordarse de que el día muere,
y que el poniente es hermoso y hermosa la noche que queda…
Y que si así es, es porque es así. (…)

A veces, en días de luz perfecta y exacta,
en que las cosas tienen toda la realidad que pueden tener,
me pregunto a mí mismo despacio
por qué siquiera atribuyo
belleza a las cosas.
¿ Una flor tiene acaso belleza?
¿ Tiene belleza acaso un fruto?
No: tienen color y forma
y existencia tan sólo.
La belleza es el nombre de algo que no existe
y que doy a las cosas a cambio del agrado que me dan.
No significa nada.
Entonces, ¿por qué digo de las cosas: son bellas?
Sí, incluso hasta mí, que vivo solamente de vivir,
vienen invisibles a encontrarme las mentiras de los hombres
ante las cosas,
ante las cosas que simplemente existen.
¡Qué difícil ser uno mismo y no ver sino lo visible!
Poemas inconjuntos
Hablas de civilización, y de no deber ser,
o de no deber así.
Dices que todos sufren o la mayor parte,
con las cosas humanas puestas de esta manera.
Dices que si fuesen diferentes, sufrirían menos.
dices que si fuesen como tú quieres, sería mejor.
Escucho sin oírte.
¿ Para qué querría oírte?
Oyéndote, terminaría sin saber nada.
Si las cosas fueran diferentes, serían diferentes: eso es todo.
Si las cosas fueran como tú quieres, serían sólo como tú quieres.
¡Ay de ti y de todos los que se pasan la vida
queriendo inventar la máquina de hacer felicidad!(…)
Si, después de que muera, quisieran escribir mi biografía,
no hay nada más sencillo.
Sólo tiene dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte
Entre una y otra cosa, todos los días son míos.
Soy fácil de definir.
Vi como un maldito.
Amé las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiese realizar, porque nunca me
cegué.
Incluso oír no fue nunca para mí sino un complemento de ver.
Comprendí que las cosas son reales y diferentes las unas de las otras;
Comprendí esto con los ojos, nunca con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento sería crearlas todas iguales.
Un día me entró sueño como a cualquier niño.
Cerré los ojos y me dormí.
Aparte de esto, he sido el único poeta de la Naturaleza. (…)
Last Poem
( dictado por el poeta el día de su muerte)
Es quizá el último día de mi vida.
He saludado al sol, levantando la mano derecha,
pero no lo he saludado para decirle adiós.
He hecho una señal de que me gustaba verlo todavía, nada más.
Ricardo Reis

Odas
x
Mejor destino que el de conocerse
no goza quien mente goza. Mejor, sabiendo
ser nada, que ignorando:
nada dentro de nada.
Si no hubiera en mí poder que venza
a las parcas tres y a las moles del futuro,
ya me den los dioses
el poder de saberlo;
y la belleza, increíble por mi sistro,
yo goce eterna y dada, repetida
en mis pasivos ojos,
lagos que la muerte seca.
XVII
No quieras; Lidia, edificar en el espacio
que figuras futuro, o prometerte
mañana. Cúmplete hoy, no esperando.
Tú misma eres tu vida.
No te destines, que no eres futura.
¿ Quién sabe si, entre la copa que vacías
y ella de nuevo llena, la suerte no
te interpone el abismo?
OCHO ODAS PUBLICADAS POR FERNANDO PESSOA EN LA REVISTA <<PRESENÇA>> (1927-1933)
El rastro breve que de las hierbas blandas
yergue el pie concluso, el eco que hueco se cuela,
la sombra que sombrea,
el blanco que la nao deja:
ni mayor no mejor deja el alma a las almas,
el ido a los que se están yendo. El recuerdo olvida.
Muertos, aún morimos.
Lidia, somos, sólo nuestros.
ODAS DE PUBLICACIÓN PÓSTUMA
No tengas nada en las manos
ni un recuerdo en el alma,
que cuando te pongan
en las manos el óbolo último,
al abrirte las manos
nada te caerá.
¿Qué tronos quieres darte
que Átropos no te quite?
¿Qué laureles que no se mustien
en los arbitrios de Minos?
¿Qué horas que no te hagan
de la estatura de la sombra
que serás cuando estés
en la noche y al final del camino?
Coge las flores pero suéltalas,
de las manos apenas las miraste.
Siéntate al sol. Abdica
y sé rey de ti mismo.
No sé si es amor que tienes, o amor que finges,
el que me das. Me lo das. Tanto me basta.
Pues no lo soy por tiempo,
sea joven por error.
Pocos nos dan los Dioses, y lo poco es falso.
Mas, si lo dan, aunque falso, la dádiva
es verdadera. Acepto,
cierro los ojos: es bastante.

Cada día sin gozo no fue tuyo:
fue sólo durar en él. Cuanto vivas
sin gozarlo, no vives.
No pesa que ames, bebas o sonrías,
basta el reflejo del sol ido en el agua
de un charco, si te es grato.
¡Feliz quien por tener en cosas mínimas
su placer puesto, ningún día niega
la natural ventura!
Álvaro de Campos
Viaje

Soñar un sueño es perder otro. Entristecido
contemplo el puente pesado y en calma…
cada sueño es un existir de otro sueño,
¡Oh, alma mía, eterna desterrada en ti misma!
Siento en mi cuerpo más conscientemente
el rodar estremecido del tren. ¿Se para? …
Como con un intento intermitente
de ---- mal rodar, se detiene. En una estación, clara
de realidad y gente y movimiento.
Miro afuera… Ceso… Me estanco en mí.
Resoplar de la máquina… Caricia de viento
pero la ventana se abre… Estoy distraído…
Parar… seguir… parar… Esto es sin fin
¡Oh el horror de la llegada! ¡Horror! ¡Oh nunca
llegar, oh hierro en trémulo seguir!
Al margen del viaje prosigue… Trunca
la realidad, pasa al lado del ir
y por el lado interior de la Hora
huye, usa la eternidad, vive…
Sobrevive el momento ---va!
Suavemente … suavemente, cada vez más suave y tarda
---entra en la gare… Rechina… se detiene… ¡Es ahora!
Todo lo que fui en sueños, el otro-yo que tuve
resbala por mi alma… Negro declive
resbala, se hunde, se evapora para siempre
y de mi conciencia un Yo que nuca obtuve
dentro en mí de mí cae.
Oda triunfal
A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica
tengo fiebre y escribo.
Escribo rechinando los dientes, fiera ante toda esta belleza,
ante toda esta belleza absolutamente desconocida para los antiguos.
¡Oh ruedas, oh engranajes, r-r-r-r-r-r- eterno!
¡Fuerte espasmo retenido de los maquinismos enfurecidos!
¡Enfurecidos fuera y dentro de mí,
por todos mis nervios disecados,
por todas las papilas de todo aquello con que siento!
Tengo los labios secos, ¡oh grandes ruidos modernos!,
por oíros demasiado cerca,
y me arde la cabeza por querer cantaros con un exceso
de expresión de todas mis sensaciones,
con un exceso contemporáneo de vosotras, oh máquinas!

Enfebrecido y mirando los motores como a una Naturaleza tropical
-grandes trópicos humanos de hierro y fuego y fuerza-
Canto, y canto el presente, y también el pasado y el futuro,
porque el presente es todo el pasado y todo el futuro
y hay Platón y Virgilio dentro de las máquinas y de las luces eléctricas
sólo porque hubo antaño y fueron humanos Virgilio y Platón,
y pedazos de Alejandro Magno del siglo tal vez cincuenta,
átomos que han de tener fiebre en el cerebro de Esquilo del siglo
cien,
andan por estas correas de transmisión y por estos émbolos y por
estos volantes,
rugiendo, crujiendo, rumoreando, atronando, ferreando,
haciéndome un exceso de caricias en el cuerpo con sólo una caricia
en el alma.
¡Ah, poder expresarme entero como un motor se expresa!
¡Ser completo como una máquina!
¡Poder ir triunfante por la vida como un automóvil último modelo!
¡Poder, al menos, penetrarme físicamente de todo esto,
rasgarme entero, abrirme completamente, volverme poroso
a todos los perfumes de aceites y colores y carbones
de esta flora estupenda, negra, artificial e insaciable!
(…)
Lisbon Revisited
(1926)
Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al mismo tiempo.
Anhelo con una angustia de hombre de carne
no sé bien qué:
definidamente lo indefinido…
Duermo inquieto y vivo en un soñar inquieto
del que duermo inquieto, a medias soñando.
Me cerraron todas las puertas abstractas y necesarias.
Corrieron cortinas por dentro de todas las hipótesis que
yo podría ver desde la calle.
No hay en el callejón en que me encuentro el número de
la puerta que me dieron.
Desperté a la misma vida que me había adormecido.
Hasta mis ejércitos soñados sufrieron la derrota.
Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.
Hasta la vida sólo deseada me harta, hasta esa vida…
Comprendo a intervalos inconexos;
escribo por lapsos de cansancios;
y un tedio hasta del tedio me arroja a la playa.
No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón;
No sé qué islas del Sur imposible me aguardan náufrago;
o qué palmares de literatura me darán un verso al menos.
No, no sé esto, ni sé otra cosa, ni sé nada de nada…
Y en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo que soñé,
en los campos últimos del alma, donde recuerdo sin causa
( y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),
en caminos y atajos de florestas lejanas
donde supuse mi ser,
huyen desmantelados, últimos restos
de la ilusión final,
mil ejércitos soñados, derrotados sin haberlo sido,
mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.
Otra vez vuelvo a verte,
Ciudad de mi infancia, pavorosamente perdida…
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí…
¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí viví y aquí he vuelto,
y aquí he vuelto a verte, y a volver,
y aquí de nuevo he vuelto a verte?
¿O somos todos los Yos con los que estuve aquí o estuvieron
una serie de cuentas- entes ensartadas en un hilo- memoria,
una serie de sueños de mí por alguien que hay fuera de mi?

Otra vez vuelvo a verte,
con el corazón más lejano, el alma menos mía.
Otra vez vuelvo a verte – Lisboa y Tajo y todo-,
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí, como en todas partes,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma errando por los salones del recuerdo,
con ruido de ratas y maderas que crujen
en el castillo maldito de tener que vivir…
Otra vez vuelvo a verte,
sombra que pasa a través de sombras, y brilla
un instante a una fúnebre luz desconocida,
y entra en la noche como se pierde la estela de un barco
en el agua que dejamos de oír…
Otra vez vuelvo a verte,
pero , ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se ha roto el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,
y en cada fragmento fatídico veo sólo un trozo de mí;
¡un trozo de ti y de mí!...
Fernando Pessoa
Lluvia oblicua
Poemas interseccionistas

V
Afuera va un remolino de sol los caballitos de carrusel…
Árboles, piedras, montes, bailan parados dentro de mí…
Noche absoluta en la feria iluminada, luar en el día de sol ahí
afuera,
y todas las luces de la feria hacen ruido en los muros del huerto…
Grupos de muchachas con cántaros en la cabeza,
que pasan por fuera, llenas de estar bajo el sol,
se cruzan con grandes grupos viscosos de gente que va por la feria,
toda esa gente mezclada con las luches de las casetas, con la noche
y con el luar,
y los dos grupos se encuentran y se entremezclan
hasta formar uno sólo que es dos…
La feria y las luces de la feria y la gente que anda en la feria,
y la noche que coge la feria y la levanta en el aire,
andan por encima de las copas de los árboles llenas de sol,
andan visiblemente por debajo de las peñas que lucen al sol,
surgen del otro lado de los cántaros que las muchachas llevan
en la cabeza,
y todo ese paisaje de primavera es la luna sobre la feria,
y toda la feria con ruidos y luces es el suelo de este día de sol…
De pronto alguien sacude esta hora doble como en un tamiz
y, mezclado, el polvo de las dos realidades cae
sobre mis manos llenas de dibujos de puertos
con grandes naos que se van y no piensan en volver…
Polvo de oro blanco y negro sobre mis dedos…
Mis dedos son los pasos de aquella muchacha que abandona la feria,
Solitaria y contenta como el día de hoy…
Episodios
La momia

¿Por qué las cosas abren alas para que pase?
Tengo miedo de pasar entre ellas, tan paradas conscientes.
Tengo miedo de dejarlas a mi espalda quitándose la Máscara.
Pero siempre hay cosas a mi espalda.
Siento su ausencia de ojos mirándome, y me estremezco.
Sin moverse, las paredes me vibran sentido.
Hablan conmigo sin voz de decirme las sillas.
Los dibujos del mantel de la mesa tienen vida, cada uno es un abismo.
Brilla sonriendo con visibles labios invisibles
la puerta abriéndose conscientemente
sin que la mano sea más que el camino para abrirse.
¿Desde dónde me están mirando?
¿Qué cosas incapaces de mirar me están mirando?
¿Quién todo lo espía?
Las aristas me miran.
Sonríen realmente las paredes lisas.
Sensación de ser tan sólo mi espinazo.
Las espadas.
Esto
(…)
SUEÑO. No sé quién soy en este momento.
Duermo sintiéndome. En la hora calma
mi pensamiento olvida el pensamiento,
no tiene alma mi alma.
Si existo, es un error saberlo. Si despierto
parece un error mío. Siento que no sé.
Nada quiero ni tengo ni recuerdo.
No tengo ser ni ley.
Lapso de conciencia entre ilusiones,
Fantasmas me limitan y contienen,
duerme ignorante de ajenos corazones,
un corazón de nadie.

QUIERO, tendré:
si no aquí,
en otro lugar que aún no sé.
Nada perdí.
Todo seré.
Un corazón de nadie, Fernando Pessoa
Antología poética ( 1913-1935)
Galaxia Gutemberg/ Círculo de Lectores




Comentarios sobre Bravísima la poesía de Fernando Pessoa
"Si pudiera morder la tierra entera ... y sentir so sabor"
Hacia tiempo que no leia nada de Pessoa ... gracias por traerlo de nuevo a mi vida
Besos de buenas noches ... viajera.
BUENISIMOO ESE HOMBRE AHI
VECES QUE QUEREMOS SENTIR MUCHAS COSAS Y PUES SOLO LAS SENTIMOS
Y SABOREAMOS ESCRIBIENDOLAS HASTA SENTIRNOS EN ELLAS TODO MUY BUENO QUE TENGAS BUEN DIA
ZAHOLO
Un beso enorme María, sí... esta poesía es excelente.
Excelente material, agradezco a la persona que ha subido esto. Empiezo a introducirme en la escritura de Pessoa y este texto me ha sido muy útil. Un abrazo.
Excelente material, agradezco a la persona que ha subido esto. Empiezo a introducirme en la escritura de Pessoa y este texto me ha sido muy útil. Un abrazo.
Muy buena la poesía de Pessoa... sigue el trayecto... no te arrepentirás. Pessoa es excepcional. Yo lo estudie en la Facultad, pero sigo leyendo estos poemas una y otra vez. Son geniales, como toda su obra.
Saludos amiga