Bravísima la poesía de un excelso clásico: Garcilaso
Garcilaso de la Vega
Copla VIII
Nos hallamos ante una composición qu sigue las técnicas y procedimientos de la poesía del XV, sin presentar novedades significativas. Se canta aquí nuevamente la excelencia de la amada. El enajenamiento del poeta es evidente, desposeído de su ser contempla los ojos de la dama, por los que penetra en su alma.

Nadie puede ser dichoso,
señora ni desdichado,
sino que os haya amado.
Porque la gloria de veros
en este punto se quita
que se piensa mereceros;
así que sin conoceros,
nadie puede ser dichoso,
señora ni desdichado,
sino que os haya mirado.
Soneto I
Se parte en este poema de un motivo consagrado por Dante: el camino en el que se detiene el poeta para considerar su estado.Según Rafael Lapesa, está compuesto "en los años que median entre la boda de Isabel Freyre, su amada, y el establecimiento del poeta en Nápoles.
Se trata de uno de sus primeros sonetos donde es evidente el sufrimiento amoroso.
Garcilaso se siente perdido y desgraciado entre sus pretensiones amorosas y la renuncia total. En el primer cuarteto el pasado se esfuma ante el doloroso presente, en el segundo, se duele de que su pasión amorosa no pueda sobrevivirle ( "sé que me acabo y más he yo sentido / ver acabar conmigo mi cuidado"). En los tercetos que concluyen la composición acepta voluntariamente la suerte adversa
("Que pues mi voluntad puede matarme). Es la aceptación de lo inevitable.
Desde un punto de vista estilístico se observa todavía el gusto por jugar con conceptos y palabras, lastre del siglo XV, lo que vemos en los tercetos. Este uso en particular del poliptoton aparece en derivaciones como las siguientes: acabo, acabar, acabaré, acabarme, quisiere, querello, hará hacello.
Estos caracteres señalados- aceptación voluntaria de la suerte, juegos de palabras-, junto con la ausencia de imágenes y la falta de sentimiento, nos indican que estos versos se hallan todavía en la primera etapa del poeta: la de mayor influencia de los cancioneros castellanos del siglo XV. Aún no ha asimilado el nuevo arte que viene de Italia -no ha llegado a Nápoles- y sus recursos estilísticos son muy distintos de los que luego constituirán su estilo más personal y maduro. Por tanto, fíjate bien en esta composición que, posteriormente, deberás comparar con las siguientes.
Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por do me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;
mas cuando del camino esto olvidado,
a tanto mal no sé por do he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.
Yo acabaré que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme
si quisiere, y aún querrá querello,
que pues mi voluntad puede matarme,
la suya que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿ qué hará sino hacello?
Soneto V
Nos hallamos ante uno de los motivos habituales de la poesía renacentista, la imagen o rostro, o sea, el gesto de la amada aparece impreso, escrito en el alma del poeta. Este motivo remite directamente al dolce stil nuovo, que arranca del neoplatonismo. No obstante, Garcilaso personaliza esta hipérbole que equipara el alma de la amada a la Belleza y a Dios, identificando a los amantes. No se trata de sentimientos fríos o de convenciones manidas, sino de verdadero dolor. El poeta confiesa haber nacido para amarla, y no le importa la vida o la muerte, sino su sentimiento. Únicamente el amor da sentido a su vida.
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Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribiste; yo lo leo
tan sólo, que aún de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando yo la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;
cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Soneto X
El poeta expresa la transformación de su vida, el dolor ante la pérdida de la amada que compara con la antigua felicidad perdida, arrebatada por la muerte.
Las prendas de amor es un motivo antiguo ( se remonta a Virgilio). Se ha querido ver en él, el dolor ante la muerte de Isabel Freire, que confirmaría las hipótesis que afirman que Garcisalo estuvo muy enamorado de ella.
¡Oh dulces prendas por mí mal halladas
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!
¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas que en tanto por vos me vía
que me habiades de ser algún día
con tan grave dolor representadas?
Pues en una hora junto me llevaste
todo el bien que por términos me diste,
llevadme junto el mal que me dejaste;
si no, sospecharé que me pusiste
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.
Soneto XIII

Ante el acoso de Apolo la ninfa Dafne, que había sido herida con una flecha de plomo, muestra su desdén transformándose en árbol. La delicada descripción de la metamorfosis es una de las más logradas. También está muy conseguido el sufrimiento del amante, el dios Apolo que llora desconsoladamente a los pies del árbol.
El intento frustrado de conseguir a la ninfa será tratado de forma sarcástica en otros sonetos o composiciones, pero Garcilaso siempre reviste a sus composiciones de suave musicalidad, retrata sentimientos de forma contenida, sin estridencias; de manera que parecen correlatos de su propio dolor, de su propio sufrimiento o tristeza.
A Dafne ya los brazos le creían
y en luengos ramos vueltos se mostraban,
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro oscurecían;
de áspera corteza se cubrían
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacia
este árbol que, con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!
Soneto XXIII
Si en los poetas del siglo XV aparece la amargura ante la fugacidad de la vida y el poder destructor del tiempo, la visión de Garcilaso se remonta al tema del collige virgo rosas de Ausonio. Es una composición extraordinaria. El poeta combina a la perfección la descripción de la amada, la incitación al goce de la juventud y la enunciación del paso del tiempo.
Técnica y estilísticamente el soneto es de gran calidad. Fíjate en la riqueza de adjetivos- ardiente, honesto, blanco-, que, al mismo tiempo que exaltan la belleza de la mujer renacentista y expresan los valores del tiempo, dan un sentido pausado a los versos. Observa en el poema del canon renacentista de la belleza femenina: color de rosa y azucena, cabello rubio, cuello blanco y erguido. Otro aspecto importante es la gradación dinámica de los verbos que terminan el segundo cuarteto; de forma magistral sus significados se van intensificando paulatinamente: El equilibrio idealizado de la belleza femenina se manifiesta en la oposición de adjetivos y verbos del primer cuarteto:
-ardiente -honesto
enciende-refrena
Por último, date cuenta de la perfecta simetría temática que guarda la composición: los dos cuartetos se refieren a la belleza de la juventud; en los dos tercetos el poeta advierte la conveniencia de gozar la primavera, pues el invierno llegará....
Observa además en la gran riqueza sensorial y en la presencia de imágenes-vena de oro, primavera, nieve, cumbre... que en estos versos aparecen con mayor profusión que en los anteriores.
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena.
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el tiempo helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
Oda a la flor de Gnido
Nos hallamos ante una de las composiciones más famosas de Garcilaso, que inmortaliza una de las composiciones más felices del Renacimiento, la lira. Esta composición ya había sido ensayada en Italia por Bernardo Tasso, pero sería Garcilaso el que la consagraría. El poema es un juego galante de los muchos que los poetas dirigieron a las damas: en este caso se trata de interceder por su enamorado amigo Fabio Galeota. Este hecho lo vemos en las veladas alusiones a la identidad del amante y al desdén de la dama: por ejemplo, la mención del amigo "convertido en vïola" y su cautiverio amoroso como forzado o galeote, que aparece en las estrofas sexta y séptima. Este juego ya se desenmascara en el propio título, pues Ghido conjuntamente al barrio de Nápoles donde residía la dama y a uno de los templos consagrados a Venus, la diosa del amor. Nuevamente Garcisalo asimila a la perfección los modelos latinos e italianos.

Si de mi baja lira
tanto pudiese el son que un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento;
y en ásperas montañas
con el süave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese
y al son confusamente los crujiese,
no pienses que cantado
sería de mi, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo y sangre y de sudor teñido;
ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes,
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados;
mas solamente aquella
fuerza de tu beldad seria cantada,
y alguna vez con ella
también seria notada
el asperaza de que está armada:
y como por ti sola,
y por tu gran valor y hermosura
convertido en vïola,
llora su desventura
el miserable amante en tu figura.
Hablo de aquel cativo,
de quien tener se debe más cuidado,
que está muriendo vivo,
al remo condenado,
en la concha de Venus amarrado.
Por ti, como solía,
del áspero caballo no corrige
la furia y gallardía,
ni con freno la rige,
ni con vivas espuelas ya le aflige.

Por ti, con diestra mano
no revuelve la espada presurosa,
y en el dudoso llano
huye la polvorosa
palestra como sierpe ponzoñosa.
Por ti, su blanda musa,
en lugar de la cítara sonante,
tristes querellas usa,
que con llanto abundante
hacen bañar el rostro del amante.
Por ti, el mayor amigo
le es importuno, grave y enojoso;
yo puedo ser testigo,
que ya del peligroso
naufragio fui su puerto y su reposo.
Y agora en tal manera
vence el dolor a la razón perdida,
que ponzoñosa fiera
nunca fue aborrecida
tanto como yo dél, ni tan temida.

No fuiste tú engendrada
ni producida de la dura tierra,
no debe ser notada
que ingratamente yerra
quien todo el error de si destierra.
Hágate temerosa
el caso de Anájarete, y cobarde,
que de ser desdeñosa
se arrepintió muy tarde,
y así su alma con su mármol arde.
Estábase alegrando
del mal ajeno el pecho empedernido,
cuando, abajo mirando,
el cuerpo muerto vido
del miserable amante allí tendido;
y al cuello el lazo atado,
con que desenlazó la cadena
y el corazón cuitado,
y con su breve pena
compro la eterna punición ajena.
Sintió allí convertirse
en piedad amorosa el aspereza.
¡Oh tarde arrepentirse!
¡Oh última terneza!
¿Cómo te sucedió mayor dureza?
Los ojos enclavaron
en el tendido cuerpo que allí vieron;
los huesos se tornaron
más duros y crecieron,
y en sí toda la carne convertieron;
las entrañas heladas
tornaron poco a poco en piedra dura;
por las venas cuitadas
la sangre su figura
iba desconociendo y su natura;
hasta que, finalmente,
en duro mármol vuelta y transformada,
hizo de sí la gente
no tan maravillada
cuanto de aquella ingratitud vengada.
No quieras tú, señora,
de Némesis airada las saetas
probar, por Dios, agora;
baste que tus perfectas
obras y hermosura a los poetas
den inmortal materia,
sin que también en verso lamentable
celebren la miseria
de algún caso notable
que por ti pase triste, miserable.
Las églogas de Garcilaso representan la más perfecta expresión del bucalismo del Renacimiento, que refleja una vez más ese deseo de imitación de la poesía grecolatina y sus grandes poetas. En el caso del marco pastoril, remonta a la poesía de Teócrito y Virgilio.
Por su estructura se ha dicho que esta égloga es la más virgiliana de las composiciones de Garcilaso.
El poeta se sitúa en un escenario pastoril en el que dos pastores, Salicio y Nemoros cantan sus "cuitas amorosas. Salicio se lamenta del desdén de Galatea ( Isabel de Freyre) y Nemoros de la muerte de Elisa
( Isabel). Ambos se refieren al dolor del sujeto lírico, ambos remiten a la tristeza del poeta por el matrimonio y muerte de Isabel Freire. Las estrofas de estos fragmentos son estancias.
En el primer fragmento la Naturaleza acompaña al poeta en su dolor de tal modo que toda ella se humaniza ( las piedras se enternecen, los árboles se inclinan...); hombre y naturaleza parecen unidos. Además la naturaleza es compasiva, mientras que la amada es dura, no muestra merced. Pero la expresión de su sentimiento no es exaltada sino elegante y equilibrada ("Salid sin duelo, lágrimas corriendo), como corresponde al ideal renacentista.
El segundo fragmento corresponde al principio del canto de Nemoroso, y enlaza, por tanto, con las últimas estrofas del de Salicio. Invoca a la Naturaleza estilizada y bella, que es confidente de sus quejas amorosas. Puedes ver claramente esos objetivos que denotan la visión platónica del mundo natural, reflejo de la belleza divina: "Corrientes aguas, puras, cristalinas / verde prado de fresca sombra lleno". Después el autor compara su feliz pasado- "memorias llenas de alegría"- con el doloroso presente- "del grave mal que siento".
Resumiendo, fíjate en:
-La elegante y equilibrada expresión del sentimiento.
-La visión platónica de la Naturaleza.
-Lla profusión de imágenes,
-La mayor utilización de los adjetivos
-Mayor dominio de la musicalidad del verso.
Todos estos puntos compáralos con el texto anterior.
Salicio:
"Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que se inclinan;
las aves que me escuchan, cuando cantan,
con diferente voz se condolecen
Y mi morir cantando me adivinan;
las fieras que reclinan
su cuerpo fatigado
dejan el sosegado
sueño por escuchar mi llanto triste:
tú sola contra mi te endureciste,
los ojos aun siquiera no volviendo
a lo que tú heciste.
Salid sin duelo, lágrimas corriendo".
Nemoroso:
"Corrientes aguas, puras, cristalinas;
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,

O con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría."
(Égloga I)

Égloga III
Llega el poeta en esta composición a su máxima perfección técnica, con un dominio total de los valores sensoriales y de la métrica italiana.
Esta égloga tan perfecta técnicamente ha sido considerada un modelo dentro de la poesía española. Es encomiable la asimilación de los elementos mitológicos, el uso de la octava real y el rico lenguaje descriptivo, que influirán posteriormente en otros poetas como Góngora, que se fija en ella para las descripciones del Polifemo.
Su estructura es perfecta: tras una dedicatoria, el poeta describe un escenario - un lugar bien conocido, el Tajo-; a continuación, aparecen unas ninfas que están tejiendo escenas de los amores más famosos de la mitología: Orfeo y Eurídice, Apolo y Dafne, Venus y Dafne; la última ninfa, Nise, sin embargo, "no quiso entretejer antigua historia" y relata una historia contemporánea, en este caso el amor entre Elisa y Nemoroso, bajo cuyos disfraces se esconden Garcilaso y "supuestamente" Isabel Freire. Al atardecer, irrumpen dos pastores que entonan un canto amebeo o alternado, elemento esencial de la poesía bucólica: Tirreno y Alcino compiten en elogios a sus respectivas amadas, y con el rumor de sus voces, las ninfas vuelven a esconderse en el agua.
Tras haber dedicado la égloga a una noble dama, el poeta se centra en la belleza y en la soledad del campo; pero este campo no es abstracto, sino real: la vega toledana.

Cerca del Tajo, en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura
toda de hiedra revestida y llena,
Que por el tronco va hasta el altura
Y así la teje arriba y encadena
Que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido,
Alegrando la vista y el oído.

Con tanta mansedumbre el cristalino
Tajo, en aquella parte caminaba
Que pudieran los ojos el camino
determinar apenas que llevaba.
Peinando sus cabellos de oro fino
una ninfa, del agua, do moraba
la cabeza sacó, y el prado ameno
Vido de flores y de sombra lleno.
Movióla el sitio umbroso, el manso viento,
el suave olor de aquel florido suelo;
las aves en el fresco apartamiento
Vió descansar del trabajoso
/vuelo.
Secaba entonces el terreno aliento
el sol, subido en la mitad del cielo;
en el silencio sólo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba...





Comentarios sobre Bravísima la poesía de un excelso clásico: Garcilaso
Precioso , tu post ...

¿estas malita? , pase por casa de LERNA...
recuperate pronto.
mil besos y mil abrazos.
te kiero cielo.
para ti.
PRECIOSO
Gracias negraflor, por tu apoyo. Sí, estoy mejor aunque con la rodilla vendada. Vamos que no puedo salir corriendo, ja, ja, ja.
Gracias Lerna, la poesía renacentista es preciosa ¿ no te parece?
ya estás buena'???
Hola Marlen, estoy mejor aunque me acaban de operar del meñisco y tengo que hacer reposo. Vamos, que no puedo ir a ninguna maratón, je,je, je. Tengo las rodillas de mantequilla porque de la otra rodilla también estoy operada. Eso es de todos los caminatones que me he dado estos años de un sitio a otro....Pero bueno...¡Qué se le va a hacer! ¿ Y tú ? ¿cómo estás?