Bravísima la poesía de Odysseas Elytis
Te presentamos ahora una selección poética de uno de los grandes poetas griegos del siglo XX. Me refiero a Odysseas Elytis, uno de los constituyentes de la conocida generación del 30, coetánea de nuestro 27 y que presenta no pocos puntos de conexión con esta. Ambas generaciones lidiaron por la búsqueda de un universo poético que fusionase tradición y modernidad, en un contexto donde las veleidades del Surrealismo producían un efecto hipnótico, hasta el extremo de llevar la “escritura automática” hasta su propio estrangulamiento. Sin embargo, ni Odysseas ni los poetas del 27 se sirvieron de ese automatismo a ultranza; en ambos casos, la sumersión en esa atmósfera delirante que buscaba imágenes impactantes, no vino acompañada de dislocación o destrucción sintáctica que interfiriese en el sentido intrínseco del poema. El poeta griego, al igual que Lorca, por ejemplo, poeta por el que sintió gran admiración y que influyo en su obra, se sirvieron del Surrealismo, pero nunca dejaron que este movimiento los cegase, hasta el extremo de escribir de forma huera o incomprensible.
Odysseas nació en Creta (1911), aunque pronto su familia se trasladaría a Atenas, donde el poeta realizaría sus estudios y donde comenzaría su carrera de Derecho. Sin embargo, el joven se daría cuenta de que no eran las leyes la profesión por la sentía fervor, sino la escritura literaria y las artes. De hecho, en 1935, aparecen sus primeros poemas en la revista Nea Ghrammata (Nuevas Cartas). Había comenzado su proyección artística. De 1939 es la serie Orientaciones, donde se percibe cierta influencia del surrealismo, al igual que cuando leemos El sol primero (1943). Todos estos poemas nos muestran un paisaje marino, el de las islas del Egeo. Las cosas, los objetos, los personajes se tornan traslúcidos, gracias a esa luminosidad que los reviste de una aureola mística. Sin embargo, nunca se desentiende de la dimensión ética que se pasea ante nosotros, de forma subterránea, hasta que eclosiona, tras su experiencia en el frente. Esta apuesta por la libertad se abre nítida ante nuestros ojos a partir del Canto Heroico y Fúnebre por el Subteniente caído en Albania (1943).
Sería, no obstante, To Áxion Esti, cuando su voz inconfundible se sumerge en la conciencia de la modernidad en busca de respuestas que validasen la confianza en la fe del ser humano y el rechazo de la guerra. El autor interpreta el mundo en primera persona, se sumerge en su dolor y proclama los principios éticos que deberían regir el nuevo orden contemporáneo. Las tres partes de la obra, Génesis, Pasión y Gloria, se conjugan en una glorificación de lo efímero; Ixíón proclama la valentía de lo pequeño, este microcosmos, que es el nuestro despliega sus alas, es omnipresente y con esa fe debemos caminar. En 1979 al poeta se le concedería el Nobel, pues para la Academia sueca, “además del lado físico de los objetos y la habilidad en cada uno de sus detalles, también está la habilidad metafórica para hacernos a su esencia y darles tal claridad, que su significado metafísico también logra mostrarle”. Esa dimensión ética es una constante en su obra. Su fantasía no es un juego gratuito, porque para él la poesía es “como una fuente inocente llena de fuerzas revolucionarias. Es mi misión dirigir estas fuerzas contra un mundo que mi conciencia no puede aceptar, precisamente como es traer ese mundo por las continuas metamorfosis a la gran armonía de mis sueños”.
Sus últimas composiciones son más serias y reflexivas. En María Nefeli, por ejemplo, el autor se adentra en el paisaje urbano que huele a corrupción y desasosiego: <<Lástima lástima mundo/ te gobiernan futuros muertos>>. Finalmente en Diario de un abril invisible (1984), Elegías de Oxópetra (1991) y Al oeste del dolor (1995) se adentra en el tema de la muerte, consciente de que el hombre debe desprenderse de falsos miedos y mentiras para abrazar su Destino. Nos quedamos con esa fuerza incombustible que brotan de sus propias palabras, que apelan al carácter imperecedero del arte:
“Toda gran música, en el fondo, es un menosprecio de la muerte. Lo Uno y lo Absoluto que concibe nuestra mente es lo mucho y lo relativo de los demás, llevados a la claridad de la unidad. La distancia de la ``nada'' a lo ``mínimo'' es mucho más grande que la de lo ``mínimo'' a lo ``mucho''. Grecia es el país dorado de la Poquedad que inutiliza el valor del número; pero también el país negro de lo Desigual, donde ningún destino se corta a la medida dada del inicio. En la vida, que aciertes a algunas codornices significa: las mataste. En el arte: las resucitaste”.
Dignum est
Muchas veces me combatieron desde mi juventud,
más no pudieron conmigo.
SALMO 128
El Génesis

En un principio la luz. Y la luz primera
en que los labios todavía en el barro
prueban las cosas del mundo
Sangre verde y en la tierra bulbos dorados
Bellísima en su sueño se tendió la mar
sin blanquear las gasas de éter
bajo los algarrabos y las grandes erectas palmeras
Allí solo hice frente
al mundo
llorando amargamente
Mi alma buscaba Señuelo y Heraldo
Vi entonces recuerdo
a las tres Mujeres de Negro
levantando las manos hacia Oriente
Dorada su espalda y la nube que dejaban
apagándose poco a poco
por la derecha Y plantas de distinta figura
Era el sol todo rayos que llamaba
con su eje en mi interior. Y
el que yo era en verdad El muchos siglos antes
El todavía verde dentro del fuego. El arraigado en el cielo
Sentí que venía y me inclinaba
sobre mi cuna
igual que memoria hecha presente
tomó la voz de los árboles, de las olas:
<<Misión tuya –dijo- este mundo
escrito en tus entrañas
Lee y esfuérzate
y lucha>>, dijo
<<Cada cual con sus armas>>, dijo
Y los brazos extendió como
un joven primerizo dios que crea a un tiempo sufrimiento y alegría
Primero arrancadas con fuerza
se desclavaron y cayeron de lo alto de las almenas
las siete Hachas
como en la Tormenta
punto cero en que empieza nuevamente
la fragancia del pájaro
pura regresaba la sangre
y los monstruos tomaban forma humana
Qué patente lo Incomprensible
Después llegaron también todos los vientos de mi familia
los muchachos con los carrillos hinchados
y las anchas verdes colas como Sirenas
y otros ancianos, de antiguas familiares
conchados, barbudos
Y la nube partieron en dos Y luego en cuatro
y soplaron los restos, echándolos hacia el Norte
Impuso su ancho pie sobre las aguas arrogante la gran Torre
La línea del horizonte brilló
Visible densa impenetrable
(…)
La marcha hacia el frente
(…) Noche tras noche caminamos sin parar, uno detrás de otro, igual que ciegos. Desprendiendo a duras penas el pie del barro, donde, a veces, nos hundíamos hasta la rodilla. Porque casi siempre lloviznaba fuera, en los caminos, como en nuestra alma. Y en las pocas ocasiones que hacíamos un alto para descansar, no abríamos la boca, solamente, serios y callados, una a una nos repartíamos las pasas, a la luz de una pequeña tea. Y otras veces, si se podía, nos soltábamos la ropa a toda prisa y nos rascábamos con rabia horas enteras hasta hacernos sangre. Que estábamos de piojos hasta el cuello y eso era más insoportable que la fatiga. Finalmente, terminaba por oírse en la oscuridad el silbato, señal de que nos poníamos en marcha otra vez, y avanzábamos como animales para ganar terreno, antes de que amaneciera y nos localizaran los aviones. Pero como Dios no entendía de objetivos y de esas cosas, conforme tenía por costumbre, siempre a la misma hora clareaba el día.
Entonces, escondidos en las vaguadas, reclinábamos la cabeza por el lado pesado, por el que no salen sueños. Y los pájaros estaban irritados con nosotros sencillamente porque no dábamos importancia a sus palabras o quizá también porque afeábamos sin motivo su naturaleza. Éramos campesinos de otra especie, con piquetas y herramientas de otro tipo, malditas sean.
Doce días enteros habíamos pasado allá atrás en los pueblos, contemplando horas el contorno de la cara en el espejo. Y ahora que se había vuelto a acostumbrar nuestros ojos a las viejas facciones que nos eran familiares, a penetrar tímidamente el labio desnudo o las mejillas saciadas de sueño, he aquí que la segunda noche estábamos como cambiados, la tercera todavía más y la última, la cuarta, ya sin duda, no éramos los mismos. Sólo que parecía que avanzábamos revueltos hombres de todas las generaciones y todas las épocas, unos de ahora, otros de tiempos muy antiguos, blancos, de tanta barba. Ceñudos capitanes con la cabeza vendada, y rudos popes, sargentos del 97 o del 12, torvos, zapadores blandiendo el hacha sobre el hombro, apelates, y escuderos cubiertos aún de sangre de búlgaros y turcos. Todos juntos, mudos, gimiendo hombro con hombro, cruzamos crestas y gargantas sin pensar en nada más. Porque así como los hombres cuando les viene una y otra vez la suerte en contra, se acostumbran al Mal y terminan por cambiarle el nombre, lo llaman Destino o Fatalidad, del mismo modo nosotros íbamos directos a lo que llamábamos Calamidad, como quien dice Niebla o Nube. Desprendiendo a duras penas el pie del barro, donde a veces nos hundíamos hasta la rodilla. Porque casi siempre lloviznaba fuera, en los caminos, como en nuestra alma. (…)
Orientaciones
Dé part dans l´affection et le bruit neufs!
RIMBAUD
XVI
( De <<Bonanzas>>)
Si los manzanos florecen
Con un aliento de música entre las hojas
Formas de fruto bañadas en lágrimas planean
Suavemente
Por el agua calla de la pila del sol
Si ataviaremos la tierra
Abrazaremos el día
Ulularemos
En el pecho de la verdadera madre.
XXI
(De << El concierto de los jacintos>>)
Tienes una tierra letal que hojeas incesantemente y no duermes. Tantos cerros dices, tantos mares, tantas flores. Y tu único corazón se hace plural idealizando su quintaesencia. Y dondequiera que te dirijas se abre el espacio, y cualquier palabra que envíes al infinito me abraza. Adivina, esfuérzate, siente:
Del otro lado soy el mismo.
Seis y un remordimiento por el cielo
El sueño de los valientes
Huelen a incienso todavía, y tienen el rostro quemado por la travesía de los Grandes Lugares Oscuros.
Allí donde el golpe los arrojó lo Inamovible
De bruces, en una tierra cuya anémona más chiquita bastaría
Para envenenar el aire del infierno
( Una mano hacia delante, diríase que pugna por agarrar el futuro, la otra bajo la cabeza desolada, vuelta hacia el costado
Como si contemplara por última vez, en los ojos de un caballo destripado, el cúmulo de escombros humeantes)
Allí los soltó el Tiempo. Una de las alas, la más roja, cubrió el mundo, mientras la otra, delicada, se agitaba ya en el espacio,
Sin arrugas ni remordimiento pero a gran profundidad
La antigua sangre inmemorial comenzaba penosamente a amanecer, en medio de la negrura del cielo
Un sol joven, inmaduro aún
Que no alcanzaba a disolver la escarcha de los corderos del trébol vivo, pero anulaba, antes de que brotara una espina siquiera, el oráculo de las tinieblas…
Y desde el principio Valles, Montañas, Árboles, Ríos,
Resplandecía una creación de sentimientos vengados, idéntica pero vuelta del revés, por lo que ellos mismos pudieran pasar ahora, con el Verdugo ejecutado en su pecho,
¡Campesinos del azul infinito!
Ni siquiera al dar las doces en las profundidades, ni siquiera la voz del Polo, cayendo en picado, les hizo volver sus pasos,
Leían ávidamente el mundo con los ojos abiertos para siempre, allí donde de golpe los arrojó lo Inamovible
De bruces, allí se precipitaban los buitres para saborear la arcilla de sus entrañas y su sangre.
María Nefeli
Mas yo os digo que no hagáis frente al malvado
Mateo, 5: 39.
Adivina, esfuérzate, siente: Del otro lado soy el mismo
La apuesta eterna
Porque un día morderás el nuevo limón
y liberarás
de su interior enormes cantidades de sol.
Porque todas las corrientes de los mares
súbitamente iluminadas te enseñarán
a elevar la tempestad al plano ético.
Porque incluso en tu muerte serás de nuevo
como el agua al sol
que se enfría por instinto.
Porque serás iniciada por los pájaros
y una hojarasca de palabras te vestirá
de lengua griega para que parezcas invencible.
Porque una gota culminará
Imperceptiblemente tus párpados
más allá del dolor y tras un largo llanto.
Porque toda la crueldad del mundo se convertirá en piedra
y te sentarás dominadoramente
como un dócil pájaro en tu palma.
Porque tú sola te adaptarás por fin
despacio a la grandeza
del alba y del ocaso.
Diario de un abril invisible
Sábado, 2 M
Mi vida ( un pedacito insignificante de mi vida9 al caer sobre la vida de los demás, deja un agujero.
Uno puede, aplicando allí su ojo, ver eternamente un mar oscuro y una muchacha vestida de blanco volando de izquierda a derecha y perdiéndose en el aire.
El pequeño nautilo
I
( De <<Perfumar lo excelente>>)
Un día la vida que perdí, la volví a encontrar en los ojos de una joven ternera que me miraba con devoción. Comprendí que no había nacido por casualidad. Me puse a remover la tierra de mis días, a darles la vuelta, a buscar. Quería palpar la materia de mis sensaciones. Para adquirir, por los indicios que he encontrado dispersos en este mundo, una inocencia robusta que quite las manchas de sangre – la injusticia- y forzar así a los hombres a que me gusten.
Difícil – pero ¿cómo hacerlo? A veces siento que soy tantos que me pierdo. Quiero hacerme realidad aunque sea en la duración de una edad que sobrepasa a la mía.
Si no hay manera de derribar la falsedad, ni siquiera con el tiempo, entonces he perdido el juego.
De cerca
Como la espiga transforma su sabiduría en pan, así el poeta en su insensatez en amargo mercurio, pero de amor.
Por el camino encuentras a tu Ulises, y eso es un problema. Quiere que duermas con las velas desplegadas y el áncora alzada.
Blancos jirones de nube mostraban
De qué forma sopla en aquel mundo.
Dignum est y otros poemas, Odysseas Elytis
Galaxia Gubenberg, Círuclo de Lectores.

No sé porqué aunque voltees una y otra vez tu vida, las historias se repiten. Sientes que el camino que recorriste no se ha borrado del todo, que ahora es tu hija, la que atraviesa el mismo senderillo de barro, lleno de baches. Y eso te espanta, porque algunos de aquellos actos, tú quisieras fulminarlos y de hecho le pediste a Zeus su tridente, pero lo necesitaba para otros menesteres: prefería usarlo para atrapar más moscas a la miel de sus fornidos brazos, para que le vayas tú, una simple mortal, con tus historias y despropósitos.
Al final ya se sabe que “tanto va el cántaro a la fuente…”, al final lo lograste y entonces te hiciste tan amiga del intruso, que abandonaste las gafas, en el cajón. ¡Ala!... ¡Ahí os quedáis, gafas culo vaso, afeaojos! Y ahí se quedaron las pobres sin chistar. ¡Ya no volvieron a minimizar tu mirada! Pero algo de sangre sí que hay entre tu hija y tú, en algo tenéis que coincidir, que no se diga que no es tu hija. Se ha quitado al intruso de una palmada, lo ha extraído de uno de sus ojos con tanto ímpetu, que lo ha roto, así qué mañana no podrá fardar de ojos transparentes. Y encima te ha mirado de soslayo, como si tú hubieses conjurado el destino, para que se entrometiese tu pasado en su presente. 







Te presentamos este fragmento duro Perteneciente a la novela Raquel de Isabel-Clara Simó. En ella, la protagonista, una estudiante de Barcelonesa de COU, escribe en su diario acerca de la muerte (por cáncer) de Montse, su mejor amiga. Reflesiona en él sobre los sentimientos que le provocan este hecho incomprensible. Evidentemente la joven se siente trastocada, ida y es por eso que no quiere aceptar la ceremonia religiosa. Se rebela, porque siente que, aunque su amiga ya no sufre, es una crueldad su muerte; cuando aún está, ¡en la flor de la vida! Es un texto con que el seguramente te sentirás identificada / o. puesto que ese dolor fluye del corazón, y que no te resultará difícl entender.
Montse ha muerto.
Y entonces sí. Entonces te he llorado. Desde el fondo de mi corazón, Montse.



