La descripción: Se define
habitualmente como <<pintura con palabras>>. Es
una variedad del discurso mediante la cual se atribuye a los
objetos, personas, sentimientos, etc., sus cualidades o
propiedades más significativas. La función comunicativa básica
que aparece en estos textos es la referencial o
representativa, ya que la atención del emisor se centra
en el objeto en sí. Pero pueden aparecer otras, como la
expresiva, si el emisor describe sentimientos
(en un poema, por ejemplo); la conativa, si el
objeto es descrito en un anuncio publicitario; y la función
estética o poética, por encima de la
referencial, en los textos literarios.
Tipos de descripción:
a) Descripción
técnica, cuya finalidad es presentar las
características de un objeto, de ahí su proximidad con
el texto expositivo, cuya finalidad es la explicación de ideas
sobre un tema determinado. En este caso la descripción es
objetiva (léxico denotativo, adjetivos
especificativos), y la información tiende a la
precisión (exhaustividad y minuciosidad a la
hora de presentar los datos, uso de tecnicismos, propios de cada
disciplina) y claridad (estructura lógica de las
ideas).
b) La
descripción literaria, en cambio, se caracteriza
por la subjetividad y la expresividad. Predomina
en ella la función estética porque lo más importante no es la
información que se transmite, sino el efecto que la imagen
descrita causa en el receptor.
Se pueden describir realidades físicas
(seres inanimados, animales, personas, lugares, ambientes…),
realidades
abstractas (sentimientos, creencias, sueños). El
canal y el código varían según la intención y situación
comunicativa. El autor puede utilizar sólo el código
verbal, algún código no verbal (gestos,
signos gráficos, imágenes) o un código mixto,
como suele habitual en la publicidad.
Las fases del proceso descriptivo son la observación
del objeto o realidad, la selección de
rasgos, la decisión de cómo ordenar los
aspectos que se van a describir y finalmente, la
expresión. Se puede realizar una descripción
exhaustiva (típica de los textos técnicos), o
bien, selectiva (que se centra en unos pocos
rasgos de gran expresividad y significación), común a los textos
literarios.
También podemos hacer una descripción
estática donde la realidad aparece inmovilizada,
como si permaneciera fuera del tiempo, pero también podemos optar
por hacer una descripción
dinámica (llamada también
cinematográfica), donde la realidad aparece en
movimiento, los rasgos cambian, se mueve, se transforman a lo
largo de la descripción. En este último caso los verbos son más
frecuentes, pues gracias a ellos se consigue el movimiento.
La descripción puede ser realista, o sea,
fiel a la realidad descrita, idealizada, e
incluso, caricaturesca. Si
es una descripción idealizada se seleccionan los rasgos
positivos; en cambio, en si es caricaturesca se utiliza la
exageración de rasgos para crear una imagen ridícula o
grotesca.
El orden de
los elementos descritos varía: no es lo
mismo la descripción que aparece en el prospecto de un
medicamento –composición, posología, indicaciones,
contraindicaciones, efectos secundarios- que la aparece en el
fragmento de una novela, cuando se describe un paisaje.
En las descripciones
literarias funcionan también ciertas
convenciones de época, de ahí que podamos hablar del modelo de
descripción de la mujer en la Edad Media-. El orden que se adopte
para describir un objeto es importante. Puede adoptarse
un criterio
espacial (de arriba abajo, de izquierda a
derecha, de dentro afuera…), temporal (sobre
todo en las descripciones dinámicas), lógico (de
lo general a lo particular, de lo físico a lo psíquico, de lo
principal a lo secundario). Tengamos en cuenta que quién describe
es quién dirige
la mirada del receptor.
Descripción dentro del relato:
Descripción de personajes:
prosopografía (física), etopeya (psicológica o moral),
retrato (mezcla de ambas). También son frecuentes las
descripciones de paisaje, de un
ambiente determinado, e incluso, la descripción de una
época, que se conoce como cronografía, de un
espacio interior (por ejemplo, una habitación), de un objeto,
etc.
Normalmente las descripciones suponen una digresión,
una
interrupción del hilo narrativo, la detención del
transcurso del tiempo y de las acciones de los personajes.
Aspectos
lingüísticos:
Es característico el uso de formas verbales
imperfectivas, que
inmovilizan la acción, frente a las formas perfectivas, típica de
los pasajes narrativos. Los más habituales son
el presente
intemporal, sobre todo en las descripciones
técnicas y el
pretérito imperfecto de indicativo, tiempo típico
de las descripciones insertadas en los relatos. Son los
sustantivos y los adjetivos las palabras que aportan información
auténticamente descriptiva. Los sustantivos dan nombre a
los objetos de la realidad; los adjetivos sirven para expresar
cualidades y rasgos y proporcionan la visión denotativa o
connotativa que el
autor quiere transmitir. En cuanto a las estructuras
sintácticas predomina la
yuxtaposición y la coordinación. La
yuxtaposición describe el objeto como un todo,
logrando que las impresiones adquieran simultaneidad; la
coordinación implica cierto dinamismo, puesto
que supone que los rasgos de lo descrito se sitúan uno detrás de
otro. Además en una descripción literaria son muy importantes los
recursos
estilísticos que están íntimamente relacionados
con la imagen que pretende el autor. En las descripciones
analíticas o técnicas es muy importante el uso
de la enumeración, puesto
que se hace referencia a las distintas partes que lo componen y
sus rasgos definitorios. Los rasgos se suelen precisar mediante
series de adjetivos especificativos coordinados. En la
descripción literaria, es frecuente que la creación de la imagen
se base en la analogía: el autor caracteriza el
objeto relacionándolo con otras realidades con las que guarda
semejanza. De ahí el uso de las metáforas y
las
comparaciones.
Una función similar cumple la
personificación (en la descripción de animales) y
la animalización o
cosificación, cuando se describen personas y que
están relacionadas en ocasiones con el punto de vista
caricaturesco.
Siempre hallábamos lo mismo: todo solitario, y detrás de una
reja, una mujer idiota y tullida, eran sus ojos muy hermosos,
dóciles y dulces; sus mejillas, pálidas de mal y de clausura; sus
cabellos, muchas veces trenzados para contener el ímpetu de su
abundancia; pero su boca, su boca horrenda como un cáncer, la
boca del alarido de todas las tardes, desgarrada, de una carne de
muladar, mostrando las encías, los quijales, toda la lengua
gorda, revuelta, colgándole y manándole bestialmente… Me miraba
muy triste y sumisa y se le retorcía una mano entre los hierros,
una mano huesuda, deforme, erizada de dedos convulsos; le
temblaban los dedos como se estremecen los gusanos.
Gabriel Miró: El humo dormido.